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Cómo se cocina el Premio Nobel de la Paz en 5 pasos para 4 platos

Lo primero el entrante: desde su creación en 1901, el Premio Nobel de la Paz ha sido símbolo de reconocimiento mundial a quienes contribuyen a la resolución pacífica de conflictos, la defensa de los derechos humanos o la promoción de la diplomacia. Sin embargo, a lo largo de su historia, este galardón ha sido objeto de controversias y cuestionamientos ético-políticos, pues sus decisiones reflejan, en muchos casos, alineamientos ideológicos, presiones internacionales y estrategias de poder blando (“soft power”) más que logros verificables de paz.

Este artículo analiza el trasfondo teórico de esas críticas y revisa los casos más representativos de dudosa aceptación política o moral, incluyendo los premios a Henry Kissinger (1973), Yasser Arafat (1994), Barack Obama (2009) y María Corina Machado (2025), entre otros.


2. Marco teórico y conceptual

2.1. Naturaleza política del Comité Nobel

A diferencia de los demás Premios Nobel, que son otorgados por instituciones científicas suecas, el Premio Nobel de la Paz lo decide un comité nombrado por el Parlamento noruego (Stortinget).
Esta peculiaridad hace que su composición refleje la política interna y los valores diplomáticos de Noruega, una nación tradicionalmente vinculada a la mediación internacional y a la proyección de una identidad pacifista y democrática.

Aunque el comité se presenta como independiente, su estructura política de origen ha generado cuestionamientos sobre su imparcialidad ideológica, pues sus miembros suelen ser ex parlamentarios o figuras con trayectorias partidistas, lo que inevitablemente introduce sesgos ideológicos occidentales en la selección de laureados.

2.2. El Nobel como instrumento de “soft power”

El concepto de “soft power”, desarrollado por Joseph Nye (1990), describe la capacidad de un Estado o institución para influir en otros a través de la atracción, los valores y la diplomacia, más que mediante la coerción.
El Nobel de la Paz, en este sentido, ha funcionado históricamente como una herramienta de proyección moral de Occidente, promoviendo una visión liberal-democrática de la paz, la libertad y los derechos humanos.

Esta función simbólica explica por qué el premio suele recaer en figuras alineadas con la narrativa global de Occidente —incluso cuando sus méritos pacifistas son discutibles—, y por qué se percibe como un mecanismo de legitimación política en contextos internacionales conflictivos.

2.3. La paz como concepto ideológico

El filósofo Johan Galtung, pionero en los estudios de paz, distingue entre “paz negativa” (ausencia de violencia directa) y “paz positiva” (presencia de justicia social y cooperación).
Muchos premios Nobel han privilegiado la primera —es decir, negociaciones diplomáticas o ceses de conflicto— sin atender las condiciones estructurales que perpetúan la violencia o la desigualdad.
Esto ha llevado a que algunos reconocimientos sean considerados prematuros, simbólicos o políticamente interesados, al premiar intenciones o discursos, más que transformaciones reales.


3. Casos emblemáticos de controversia política

3.1. Henry Kissinger y Le Duc Tho (1973)

El premio por los Acuerdos de Paz de Vietnam fue uno de los más polémicos.
Kissinger, entonces secretario de Estado de EE.UU., era responsable de decisiones militares con alto costo humanitario. Le Duc Tho rechazó el galardón, argumentando que la paz aún no se había alcanzado.
Varios miembros del Comité Nobel renunciaron en protesta, marcando un precedente histórico de desacuerdo interno.
El caso es considerado un ejemplo clásico de premio otorgado por conveniencia geopolítica, buscando legitimar la política exterior estadounidense durante la Guerra Fría.

3.2. Yasser Arafat, Yitzhak Rabin y Shimon Peres (1994)

Premiados por los Acuerdos de Oslo, los tres líderes simbolizaron un intento de reconciliación entre Israel y Palestina.
Sin embargo, el premio fue criticado por ser prematuro, pues el conflicto se recrudeció años después.
La figura de Arafat, con antecedentes en acciones armadas, generó divisiones éticas: ¿puede un líder con pasado violento ser premiado por la paz?
El caso reflejó cómo el Nobel puede funcionar más como declaración política que como reconocimiento a logros sostenidos.

3.3. Barack Obama (2009)

El Nobel concedido al presidente estadounidense recién electo fue quizá el ejemplo más evidente de premio simbólico y prospectivo.
El comité justificó su decisión por “sus esfuerzos extraordinarios para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”.
Sin embargo, Obama apenas llevaba nueve meses en el cargo y no había implementado aún políticas concretas de pacificación.
Las críticas subrayaron la contradicción entre el discurso pacifista y la continuidad de acciones militares estadounidenses, como el uso de drones o la permanencia en Afganistán.
Incluso el propio Obama reconoció públicamente que no merecía el galardón en ese momento.

3.4. La Unión Europea (2012)

Premiada por su contribución a la paz en el continente, la decisión fue interpretada como una declaración de unidad política en plena crisis económica europea.
Sus críticos la vieron como una estrategia para reforzar la identidad de la UE más que como un reconocimiento humanitario.
El caso evidenció el uso del Nobel como herramienta de cohesión ideológica y legitimación institucional.

3.5. María Corina Machado (2025)

El más reciente y discutido de los casos. La líder opositora venezolana recibió el Nobel “por su defensa de los derechos democráticos y su compromiso con una transición pacífica en Venezuela”.
No obstante, el contexto del premio fue altamente politizado:

  • Machado había sido inhabilitada electoralmente por el régimen de Nicolás Maduro.
  • Su figura es respaldada por potencias occidentales y criticada por sectores que la acusan de representar intereses foráneos y estrategias de cambio de régimen.
  • Algunos analistas consideran que el premio reproduce una narrativa de polarización, utilizando el Nobel como instrumento de presión diplomática más que como símbolo de reconciliación nacional.

El caso Machado representa la continuidad del patrón histórico: el Nobel como acto de posicionamiento político, más que como consenso ético sobre la paz.


4. Discusión y conclusiones

El análisis de estos casos permite afirmar que el Premio Nobel de la Paz es simultáneamente un reconocimiento moral y un artefacto político.
Su autoridad simbólica deriva de su vínculo con valores universales, pero su práctica se ve condicionada por intereses estratégicos, mediáticos y diplomáticos.

El comité, al actuar dentro de una estructura institucional occidental, favorece narrativas liberales de la paz y los derechos humanos, dejando de lado enfoques alternativos del Sur Global o de tradiciones no alineadas.
En consecuencia, el premio se convierte en un espacio de disputa simbólica donde la moral, la ideología y la política se entrelazan.

Casos como los de Obama y María Corina Machado reafirman esta tensión: ambos representan figuras políticamente valiosas para el statu quo internacional, más que logros concretos de pacificación o justicia social.

Así, el Nobel de la Paz sigue siendo una paradoja viva:

“El galardón más prestigioso del mundo por la paz, otorgado por razones que rara vez son completamente pacíficas.”

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