Gastronauta 131: SALVA

Gastronauta 131: SALVA

Por Indira Carpio Olivo

¿Qué cosa debo salvar? ¿Qué cosa sino a mí? Debo salvarla a ella. ¿Dónde se origina el deseo de salvar? ¿Qué cosa se me antoja posible? ¿De qué no me libra mi propio cuerpo? He nacido para tirar piedras, mi propio cuerpo. Los pinos rasguñan la malla metálica en la cocina, sus agujas insisten, insatisfechas. Abro de par en par la boca de aire y entonces me asfixian las cosas que debo salvar. He nacido con la insatisfacción. Las raíces de mi casa son el techo de otra casa que transpira, una casa vieja, de adobe, donde nació mi abuela. Siempre quise salvar a mi abuela. Pero fue ella quien nació para salvarme. Es navidad. Y he roto el piso de mi casa para ver hacia adentro. Ahí estamos ella y yo, cantando. Es imposible que no cantemos, sentadas frente al pesebre. La ayudé a construirlo. Cuando pequeña armaba y desarmaba estructuras simples y complejas, con casi cualquier material. Mi abuela me observaba, y entonces me pedía que la ayudara. Había que tapar al niño Jesús hasta el 25, a las 12 de la madrugada. Más que la mesa, el regalo, la ropa que me cosía la vecina, quedaba pendiente de descubrir la encomienda de mi abuela, quitar de encima el helecho seco y recibir la navidad. Entonces, elevaba deseos, deseos egoístas y uno clemente. El Belén de mi abuela era vistoso, por grande y específico. Contenían no sólo tres cuevas, también dos puentes, tres pozos, diez casas, un pueblo, ocho pastores, dos gallineros, por lo menos un río, las luces, una estrella de aluminio, todo bajo el amparo de una gran estructura metálica que cuando no era Belén, servía de guarida para una Virgen de Coromoto, tamaño real. Mi abuela recibió al extranjero y dio calor, aun en la amargura y la pobreza. El hueco por donde nos miro se ha abierto y cerrado según se apretujan algunas preguntas: ¿Cuándo dejé de creer en Dios? ¿Cuándo empecé a creer? ¿En qué cree una mujer cuando está sola? ¿Qué cosa debo salvar? ¿Qué cosa sino a mí? Debo salvarla a ella. Algo me pide que levante la cara y reconozca la magnanimidad que habita el espacio en el que mi abuela y yo podemos volver a vernos. Entonces, me permito dudar y algo se desanuda. Qué estoy robándole a mis hijas. Se cierra el círculo. La voz de Cecilia Todd rompe la sábana negra que hace de cielo. Su voz abre las vocales: “eres blanco lirio, tú eres azucena, que con tus aromas el ambiente llenas”. Centellea una luciérnaga por cada ojo.
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Recientemente hemos asistido al musical dancístico Y brillaban las estrellas, un montaje de Miguel Issa, junto a las bailarinas y los bailarines de la Fundación Compañía Nacional de Danza y su grupo musical que dirige Óscar Lista, con la participación de Cecilia Todd, Elena Gil, Loreley Pérez, Ismael Querales, Luisana Pérez, Ariana Pérez, Daniel Gil. Diré que logró hacerme dudar, volver a creer en aquella niña que levantaba en las manos sus deseos, desear que mis hijas tuviesen entre las suyas, sus manos, el sabor el color el sonido de mejores tiempos, de los tiempos en los que mi abuela izaba la esperanza en la más tremebunda pestilencia. Dime, abuela ¿cómo se hace eso?, ¿cómo me salvo?
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El espectáculo se estará presentando los días 15 y 16 de diciembre en la Sala Anna Julia Rojas, de la Universidad Nacional Experimental de las Artes, a las 3:00 PM. La entrada tiene un costo de 500 soberanos.

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