Gastronauta 128: POESÍA NIÑA

Poesía Niña

Por Indira Carpio Olivo

Esta semana traté de hacer lo que he hecho con mis hijas, con treinta niños más. Pero yo no soy la madre de cada niña que fue al taller de poesía, ni tenemos cinco ni tres años juntas. Estuvimos solo 30 minutos en la Feria Internacional del Libro de Venezuela.

¿Quién puede enseñar poesía? ¿Acaso no son los niños poetas en sí? Es difícil mantener la atención de pequeños de diversas edades, con distintos intereses, cautivos de la palabra. Sin embargo, aun siendo difícil, valió la pena.

La palabra de Nathaly, con cuatro años, era flor, y flor para ella es “lo que se puede oler”. Maria José, con cinco años, había olvidado su nombre y quiso llamarse Luisa. En principio esa fue su palabra: “Luisa”, hasta que recordó su nombre y entonces la alumbró un sol amarillo en medio de la hoja, “eso que me da calor”. Juan Pablo, con diez años definía la paz como “ser libre en esta guerra”. Matilde, de seis años, creía que su palabra, “amor”, era “tibia como un pequeño fuego”. Para Adriana, de doce años, “a las mariposas solo las pudo haber hecho dios”. Y Albani asegura que la “felicidad es un sentimientos sin límites”. Tiene seis años. En la sala no existió Maria José hasta que ella misma se nombró. Las palabras empiezan con el nombre y es en él y con él que conocemos la poesía. Cobra cuerpo la palabra primera.

Yo no sé enseñar poesía, primero porque no sé ser poeta. ¿Cómo se es poeta? Después, ¿cómo se enseña a ser algo que no se sabe ser? Si acaso creo que he podido convencer a mis hijas de que la palabra importa, que llamar a las cosas por sus nombres, conocer los nombres de las cosas, importa.

Debemos reunirnos con la poesía niña, sí, pero sobre todo hay reunirse con las madres y los padres, no para que les enseñen a sus hijas a hacer poesía, sino para convencerlos de escuchar lo que tienen que decir sus hijas, que en muchas ocasiones es poesía. La palabra primera es poesía. No se trata de idealizar la infancia, pero al estar en la construcción del mundo, son los niños pintores de la palabra, definen en imágenes las palabras que le rodean. Las cosas van siendo en la medida que pueden pintarlas. Decía el poeta español León Daudí que los poetas son “hombres (y agrego que las poetas, mujeres) que han conservado sus ojos de niño (de niña)”.

La adultez se aleja del juego, como la cabeza de los pies. El filósofo holandés Johan Huizinga, dice que la poesía nace en el juego, y permanece en él, “como en su casa”: “Si se considera que lo serio es aquello que se expresa de manera consecuente en las palabras de la vida alerta, entonces la poesía nunca será algo serio. Se halla más allá de lo serio, en aquel recinto, más antiguo, donde habitan el niño, el animal, el salvaje y el vidente, en el campo del sueño, del encanto, de la embriaguez y de la risa. Para comprender la poesía hay que ser capaz de aniñarse el alma, de investirse el alma del niño como una camisa mágica y de preferir su sabiduría a la del adulto. Nada hay que esté tan cerca del puro concepto de juego como esa esencia primitiva de la poesía”.

La poesía no necesita de la razón para ser comprendida. Pero los niños y las niñas aportan razón y corazón a la palabra poética. La simpleza con que definen al mundo es poética en sí misma. Es inteligente. Agraciada. Pero si no hay ojos, ni oídos, tampoco piel para la palabra niña, entonces la gracia se abre paso. Al decir de Simon Weil “La gracia llena los espacios vacíos, pero solo puede entrar donde hay un vacío para recibirla, y es la gracia misma la que hace este vacío. La imaginación está trabajando continuamente llenando todas las fisuras a través de las cuales podría pasar la gracia”. Y, la imaginación es la bandera de la evolución.

¿Quién le pregunta a la niña y se detiene a escuchar la respuesta? ¿Cuando la niña pregunta, tiene ella respuesta? Las definiciones del mundo para los niños bien pueden constituir un juego. “Una hipoteca es un estante para guardar hipos”, dijo una convencida Paola de apenas cinco años, a su madre. ¿Y, si jugamos a ser niñas de nuevo, nosotras las niñas a las que el tiempo estiró, no estaríamos siendo poetas?

¿Qué es un adulto? ¿Qué es la patria? ¿Qué significa la palabra escuela? ¿Poesía? ¿Hombre? ¿Mujer? ¿Amor? ¿Odio? ¿Paz? ¿Guerra? ¿Agua? ¿Río? ¿Playa? ¿Vida? ¿Muerte? Dígannos ¿quiénes somos, quiénes podemos ser?

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Parte del cadáver exquisito, producto del taller de Poesía niña, del domingo 11/11 en la Filven 2018, con niñas y niños de diversas edades:

Me comí un gusano / quién me podrá ayudar
¡Un doctor que cuida a los demás!
Una flor nos cuida también
A mí me gustó cuando me lo comí
Dentro del gusano había una manzana
Ha sido un accidente
me comí un accidente
Ese accidente dice miau
No vi el gusano en el agua
¡Los gusanos se respetan!
Quien se come un gusano es un irresponsable
La familia del gusano come bajo sol
La mariposa me comerá
La mariposas fueron gusanos
Me comí la cabeza y me convertí en mariposa

(…)

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