Artistas devenidos en “influencers”: una historia con aires de tango

“Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida. Y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un calefón”, Enrique Sánchez Discépolo: “Cambalache”.

De esta manera magistral, Enrique Sánchez Discépolo nos relata en su tango Cambalache cómo la modernidad se ha convertido en un local de “compra-venta” en cuya “vidriera irrespetuosa” todo está mezclado: maquiavelos, estafados,  filántropos, predadores, héroes y mercenarios.

El arte y la política siempre han ido de la mano, de hecho la creación artística es un evento político en sí mismo. Así vemos cómo en el siglo XX en el seno de la Izquierda surge el Realismo Social para denunciar las contradicciones del capitalismo y la Derecha le responde con el fomento del “arte abstracto” y la falacia del “arte por el arte”.

Como seres políticos que somos, es natural que los artistas tengan sus inclinaciones y militancia. Dalí era de derecha y estaba vinculado con la dictadura Franquista en España. Eso no le quita su valor como artista. Pablo Picasso fue militante comunista y, como tal, prohibió que el emblemático “Guernica” pisara suelo español mientras Franco estuviera en el Poder. Sin embargo, nunca invocó una invasión militar soviética para liberar a España de ese yugo.

El Guernica está inspirado en el bombardeo que la aviación alemana – en apoyo a los fascistas españoles – efectuó el 26 de abril de 1937 en la población  española del mismo nombre. Considerado uno de los cuadros más importantes de Picasso, es una denuncia sobre los horrores de la guerra.

Antes de la Guerra Fría los artistas asumían militancias políticas que podían plasmar o no en sus creaciones. Ese panorama cambia cuando, al finalizar la II Guerra Mundial, la Fundación Ford – brazo ideológico de la CIA – comienza a reclutar artistas e intelectuales con prebendas y jugosos incentivos monetarios para que atacaran los gobiernos de izquierda e instalaran en el imaginario colectivo el ideal del “Sueño Americano”.

“Vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos”

La caída del Telón de Acero y el proclamado “Fín de la Historia” lejos de erradicar esta práctica la perfeccionó con el surgimiento de ONG’s, Fundaciones y mecenazgos como, por ejemplo, el del matrimonio Estefan en EE.UU., que “abdujo” artistas con contenidos sociales – como Juanes y Shakira – para vaciarlos de cualquier ideología incómoda. De esta manera, dejaron al primero con un “difunto dentro de la camisa negra” y a la segunda “tonta, ciega, sorda y muda”. Eso sí, ambos rubios, publicitariamente bellos y millonarios.

Los colombianos Shakira y Juanes

La corrupción y falta de empatía del establecimiento político en las «democracias occidentales» trajo consigo una importante despolitización de las masas que comenzaron a ver en las estrellas de la farándula el liderazgo deseado. Así vemos como actores y regaettoneros devienen en “influencers políticos” que «iluminan» a la población con su sabiduría.

“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador…” Caso Venezuela

Con el advenimiento de la Revolución Bolivariana comenzó una guerra cultural. Poco a poco la Derecha inició un cerco mediático y laboral a los artistas sospechosos de ser afines al chavismo. El lanzamiento de un disco o la promoción de un concierto eran la excusa perfecta para buscar declaraciones en contra del Gobierno de Chávez. Si el artista evitaba el “tema” o mostraba simpatías con el Comandante era mediáticamente “crucificado” y “vetado”.

El actor Fernando Carrillo manifestó públicamente su apoyo a la Revolución Bolivariana. Eso le costó perder contratos de trabajo en México, país donde tenía una exitosa carrera.

El “escurridizo” Gustavo Dudamel

Con la Revolución Bolivariana Gustavo Dudamel disfrutó de las mieles de ser un “ídolo” dentro y fuera de nuestras fronteras. Supo “escurrirse” cada vez que intentaban sacarle algún pronunciamiento político a favor o en contra de Chávez. La Derecha nacional le “perdonó a duras penas” que dirigiera el Himno Nacional en el inicio de las transmisiones de TVES. Estaba muy bien valorado a nivel internacional y EEUU lo tenía en la mira como una “inversión” a favor de sus intereses.

Hoy reside en Los Ángeles y dirige la Orquesta Filarmónica de esa ciudad. En 2017 emitió un comunicado apoyando a las guarimbas y deslegitimando la elección de la Asamblea Nacional Constituyente. En 2019 le otorgaron una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Actualmente preside la Fundación Filantrópica Gustavo Dudamel cuya misión es “ampliar el acceso a la música y las artes” y que cuenta con la Fundación Ford entre sus socios cooperantes.

www.fundaciondudamel.org

Patricia Velásquez: la “cara bonita” de las invasiones militares

Promocionada como la “belleza indígena” que triunfó en Hollywood y cuyo espíritu altruista es canalizado a través de su Fundación Wayuú Tayá, Patricia Velásquez es una entusiasta colaboradora de las fallidas acciones militares y paramilitares contra su país de origen. Las fotos junto al mercenario Jordan Goudreau – Operación Gedeón – en el Venezuela Live Aid son más que elocuentes.

La página web de su fundación no muestra quiénes son sus cooperantes, algo que denota una cierta falta de transparencia. No obstante, es pública y notoria su vinculación con Luis Almagro y la Organización de Estados Americanos, que la designaron como Embajadora de Buena Voluntad por los Derechos de los Pueblos Indígenas. Hagamos un “repaso” de las últimas acciones de sus «patrocinantes» de la OEA: apoyo a las guarimbas (2017), «legitimación» internacional del gobierno imaginario de Guaidó,  y la “activación” del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), contra Venezuela.

Edgar Ramírez: la “Vaca Sagrada” que rompió el silencio

Ubicar a Edgar Ramírez en una posición ideológica era casi tan difícil como encasillarlo en un papel. Por un lado reivindicaba a los guerrilleros cubanos interpretando a Ciro Redondo en la película “Ché” de Steven Soderbergh y por el otro “satanizaba” a Ilich Ramírez Sánchez en “Carlos”. Así mantuvo satisfechos a Tirios y Troyanos. Cuando era interpelado por la prensa sobre política venezolana supo – al igual que Gustavo Dudamel – ser escurridizo… hasta que llegó Guaidó.

Para aquel entonces, Ramírez se lucía como el protagonista de la serie «El asesinato de Gianni Versace» de HBO, y su carrera sigue en ascenso. No nos extrañe que próximamente cree una fundación con su nombre para consolidar su imagen de “Embajador de Buena Voluntad” conferida por UNICEF. Por cierto ¿Qué pensará de los niños venezolanos que han muerto por falta de medicamentos debido a las sanciones de los EE.UU.?

El fin justifica los medios y Sánchez Discépolo entona: “Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón”.

Enza García Margarit/VTactual.com

Maduro: Mercenario confirmó que #DonaldTrump contrató a Silvercorp para atacar a Venezuela

Artículos relacionados