Lo que la televisión y otros medios nunca sospecharon de Internet

Desde los tiempos de Gutenberg y la creación de la imprenta, no ha existido un invento más revolucionario para la comunicación humana que el internet. Suena a lugar común pero es necesario decirlo en un momento en que, en gran parte del mundo, la comunicación digital se hace cada vez más cotidiana. ¿A cuántos no les costaría una vida y media existir en un mundo sin Facebook, WhatsApp, Google, Youtube, entre muchas otras herramientas, canales y aplicaciones digitales?

El internet ha transformado todo en el sector de las comunicaciones, desde la forma en que se consumen los contenidos informativos y de entretenimiento, así como su producción y concepción. Incluso las audiencias han cambiado por esta tecnología: Baby Boomers, Generación X, Millenials, Centennials; todas tienen sus propias maneras de obtener y consumir contenidos.

Atrás quedaron los tiempos en que los productores creaban programas y seriados pensando únicamente en sus intereses y en los ratings, siempre cuestionados. La interacción en los medios de comunicación es la norma hoy en día, no solo a través de mensajes a través de plataformas digitales como Twitter o Facebook, sino a través del estudio de los hábitos de consumo de las audiencias. Esto es imposible para la televisión, la radio e incluso la prensa tradicional, ya que no disponen de ese canal bidireccional que sí tienen las plataformas del 2.0 y 3.0.

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La interconexión del mundo es a tal nivel que han surgido nuevas enfermedades como la nomofobia o el phubbing.

De hecho, uno de los grandes negocios actuales es la Big Data, es decir, todo aquello que hacen los usuarios en la red, recopilados a través de las grandes empresas del internet como Google, Facebook y Microsoft. No en vano, Francis Bacon acuñó la frase “La información es poder”. Pero el asunto va más allá de solo tener los datos, también es saberlos interpretar y saber hacia dónde apuntar. En eso, Netflix ha sido una de las que mejor lo ha hecho.

El gran giro de la televisión

Netflix es el mejor ejemplo de cuánto ha cambiado la televisión debido al estudio de los hábitos de consumo que arrojan los datos que se recogen a través del internet, como lo han indicado sus principales responsables. Ya no se trata de emitir programación para audiencias heterogéneas como en la TV del siglo XX, la de los Baby Boomers, sino de crear programación para público segmentado y muy específico.

El éxito de Netflix sobre HBO

Esta empresa con sede en California no se ha equivocado en su apuesta; sus números en crecimiento lo demuestran: Nada más entre enero y marzo de 2018 obtuvieron más de 7 millones de suscriptores, alcanzando un total de 125 millones. La plataforma, dedicada a la distribución de series y películas en streaming, estudia a sus audiencias y crea contenidos para público muy concreto, buscando atraer a la mayor cantidad de espectadores posibles.

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Los medios de comunicación han cambiado sus esquemas de producción, distribución y publicidad de acuerdo a lo que interpretan de la big data.

Otras compañías como HBO, Amazon Prime Video, Hulu y otras, apuntan hacia el mismo lugar. Esto ha cambiado el negocio del cine y la televisión. Ya no se requiere ir a una sala de cine para ver una película ni un televisor para ver una serie; de hecho, dependiendo de qué tan joven sea la audiencia (no es algo determinante) los contenidos probablemente sean vistos en una Tablet, una laptop o incluso en un teléfono móvil, lo que además, ha generado un consumo de contenidos mucho más vertiginoso y veloz, ya que se pueden visualizar en cualquier lugar, al momento que se desee.

No solo cambió lo audiovisual

Es común referirse a las grandes transformaciones de la industria audiovisual, pero ¿y qué pasa con la radio y los periódicos? Éstas también han mutado; desaparecieron las limitaciones del alcance de las ondas hertzianas, al igual que las franjas horarias. Hoy en día los usuarios deciden cuándo escuchar sus programas radiales y su música, sin fronteras geográficas ni limitaciones de programación. El podcast también ha revolucionario la radio por internet. Apareció por allá en 2003-2004 y no ha parado de popularizarse. El podcast es portable y socializable. Incluso, con la posibilidad de suscribirse a alguna plataforma o aplicación (generalmente gratuitas), ni siquiera hace falta darle al botón de descarga, sino que se bajan automáticamente. Su popularidad ha roto esquemas, sobre todo en EEUU: hoy en día incluso existen películas para escuchar, que recuerdan a las antiguas radionovelas.

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Con unas cuantas aplicaciones, una persona puede tener un exitoso canal mediático y con el tiempo competir con las grandes empresas.

Situación similar ocurre con los textos impresos. Muchos aprendices fatalistas de Nostradamus pronosticaron la muerte de los periódicos y los formatos impresos con la aparición de internet. Algunos quedaron en el camino pero muchos otros se transformaron y aprovecharon las posibilidades digitales y ahora pueden llegar a tener alcance mundial. Tampoco es estrictamente necesario acudir a una librería; desde Google puedes buscar un libro y comprarlo, bajarlo en digital y llevarlo en tu celular o Tablet, sin ocupar espacio físico. En otras palabras, la tv, la radio, la prensa y los libros evolucionaron, siguen allí presentes.

El internet también ha ampliado las posibilidades para aquellos que no forman parte de los grandes monopolios, a diferencia de antaño. Los monopolios siguen existiendo pero tienen mucha competencia, porque incluso personas con poco presupuesto pueden en muy poco tiempo empezar a trasmitir su programa de tv o radio a través de plataformas digitales como Facebook Live o YouTube. ¿Sigue siendo un lugar común decir que la internet es la revolución comunicacional más grande después de la imprenta?

JA

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