InicioActualidadLa marca España es el machismo abusador que siempre canta

La marca España es el machismo abusador que siempre canta

El mito se resquebraja, el ídolo tiembla y la ley llama a la puerta. Julio Iglesias, durante décadas sinónimo de seducción, éxito internacional y romance de exportación, aparece ahora en el centro de un huracán mediático que amenaza con reescribir su leyenda desde sus cimientos. No es una canción nueva ni un rumor de pasillo: son acusaciones graves, documentadas y firmadas por dos grandes medios internacionales, que pintan un retrato oscuro del cantante lejos de los focos y los aplausos.

Según una investigación conjunta de elDiario.es y Univisión Noticias, dos exempleadas —una trabajadora del hogar dominicana y una fisioterapeuta venezolana— denuncian presuntas agresiones sexuales, abusos de poder y humillaciones sistemáticas ocurridas en 2021 en las mansiones del artista en República Dominicana y Bahamas. La información, subrayan los medios, se sostiene en tres años de trabajo periodístico, testimonios contrastados y un voluminoso dossier de pruebas.

Del galán eterno al amo del silencio

El relato, siempre en términos de presunta conducta, dibuja un patrón de control y sometimiento. Villas paradisíacas convertidas —según las denunciantes— en espacios de miedo. Prohibiciones para hablar entre empleadas, aislamiento, advertencias explícitas y una consigna que hiela la sangre: “Tu único amigo soy yo”. Así lo recoge el testimonio de la fisioterapeuta identificada como Laura.

La otra mujer, Rebeca, empleada doméstica, llega a bautizar una de las residencias como “la casita del terror”. Sus palabras, reproducidas por los medios, hablan de vejaciones, tocamientos no consentidos y un clima de humillación constante. Siempre, recalcan los periodistas, en forma de denuncias y testimonios, no de sentencias.

Pruebas, documentos y un silencio atronador

No se trata, insisten los investigadores, de un relato huérfano. Las extrabajadoras aportaron contratos, fotografías, audios, mensajes de WhatsApp, registros de llamadas y documentos migratorios que acreditarían su relación laboral con el entorno del cantante. Además, profesionales sanitarios habrían atendido las secuelas psicológicas y físicas de las denunciantes, según la investigación.

Mientras tanto, el silencio. Ni Julio Iglesias ni sus representantes legales han respondido a los reiterados intentos de contacto. Un mutismo que contrasta con la contundencia del paso dado por los medios: “Nos jugamos demandas millonarias; no publicamos nada que no podamos defender”, afirman.

Cuando la justicia entra en escena

La sacudida no se queda en titulares. La Fiscalía de la Audiencia Nacional española ha abierto diligencias de investigación penal tras una denuncia presentada el 5 de enero. El procedimiento es preprocesal y secreto, y no se han detallado los posibles delitos investigados. Pero el movimiento judicial añade gravedad a un caso que ya ha cruzado fronteras.

El mundo editorial también reacciona: una biografía del cantante anuncia edición revisada ante las informaciones sobre presuntos abusos de poder y agresiones sexuales. El icono cultural se convierte, de pronto, en objeto de revisión crítica.

El derrumbe del mito

Nada está juzgado, nada está sentenciado. Pero el relato público ha cambiado. El Don Juan universal, la voz que cantó al amor sin consecuencias, aparece ahora bajo el foco incómodo de su propio poder. La prensa del corazón, que durante décadas celebró romances y excesos, asiste al reverso: cuando la fama deja de ser encanto y se convierte en sospecha.

España mira, América Latina escucha y el mito tiembla. Porque incluso los ídolos —sobre todo los ídolos— ya no cantan solos cuando la verdad, presunta pero documentada, exige ser escuchada.

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