#VTanálisis Coronavirus: ¿Un arma de las potencias para reducir la población?

Para el año 2050 se espera que el 16 por ciento de la población mundial tenga más de 65 años. Este aumento del 50% con respecto a la estadística demográfica actual, representará un gasto importante para la Unión Europea, que en conjunto invierte alrededor del 12% de su Producto Interno Bruto anual en este sector.

Destinar semejante cantidad de recursos para garantizar la subsistencia de quienes dieron buena parte de sus vidas para impulsar la economía de un país, no le hace mucha gracia a las autoridades de la mayoría de naciones del mundo, quienes constantemente están buscando reformar las leyes de pensiones para incrementar la edad de jubilación de los adultos mayores.

Esa necesidad de apostar a la productividad en detrimento del bienestar social, ha sido expuesta incansablemente por líderes como la exdirectora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, quien en 2012 apostaba por bajar las pensiones porque la longevidad de la población se estaba haciendo cada vez más peligrosa para las economías.

Y es que para algunos, vivir un poco más de lo esperado representa un verdadero problema. Este tipo de planteamientos ya habían sido analizados ampliamente en el siglo XVIII por pensadores como Thomas Malthus, quien señala en su Ensayo sobre el Principio de la Población que debido a que los índices de natalidad se incrementaban geométricamente y la cantidad de alimentos se reproducía aritméticamente, era necesario detener de alguna manera la multiplicación de la especie.

Entre las causas del crecimiento descontrolado de la población, Malthus colocaba a los pobres y su forma de vida. El británico especialista en economía y política, pensaba que quienes nacían en la pobreza no tenían derecho a exigir ni siquiera una porción de alimentos y que estaban de más en el mundo.

“En el gran banquete de la naturaleza no hay cubierto para él. La naturaleza le exige que se vaya, y no tardará en ejecutar ella misma tal orden”, señalaba en su ensayo Malthus, quien además aseguraba que las guerras, pandemias y catástrofes eran necesarias para tributar a ese control social que anhelaba.

Así como para Malthus, el control social y la disminución de la carga que representan los adultos mayores para las economías también es una utopía para las grandes potencias, cuyo deseo es maximizar la productividad de la población.

En su momento, las declaraciones de Lagarde -que dieron a entender que debería acortarse la esperanza de vida de los adultos mayores para ahorrar costes- fueron bastante polémicas y ahora regresan a la palestra con los efectos del Coronavirus cuya tasa de mortalidad es más alta (14.8%) en enfermos de edad avanzada.

Sí se considera que las evidencias señalan que el virus fue creado por EE. UU. y que las autoridades europeas tardaron demasiado en tomar medidas drásticas para detener la curva de contagio de la pandemia en ese continente, podríamos pensar que la exacerbación de la enfermedad pudo ser un plan para reducir –sobre todo en Europa y EE. UU.- la cantidad de adultos mayores que reciben pensiones en esas regiones y que solo se dedican a consumir, de acuerdo con la visión de Lagarde.

La extitular del FMI advirtió en su momento que cualquier medida que se tomara debía ser aplicada con rapidez, porque sus resultados podrían tardar años en dar fruto.

Sin embargo, la reducción controlada de la población –aunque genere estragos en las bolsas de valores momentáneamente- podría otorgar un beneficio duradero a las principales economías del mundo.

Pero las declaraciones de Lagarde quedan en pañales ante el pronunciamiento en 2013 del Vice Primer Ministro japonés, Taro Aso, quien aseguró que el aumento del gasto destinado a pensiones públicas no disminuiría a menos que se les dejara a los adultos mayores “darse prisa y morir”.

Sin duda este razonamiento puede sonar especulativo, pero no tan descabellado si se toma en cuenta el curso de la actual pandemia y cómo ha afectado a quienes más pesan para las economías, entre ellos incluiremos a los pacientes con enfermedades crónicas que también representan un alto costo para los Gobiernos del mundo.

Andreína Ramos Ginés/VTActual.com

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