#VTcrónica El día en que los niños y las niñas volvieron a salir

A las 9:00 en punto de la mañana del domingo, como si se tratara del rebelde desconocido que desafió a los tanques avanzando sobre Tiananmén, o la mujer que se lanzó sobre la alambrada de púas cuando se levantaba el muro de Berlín, una niña de lacitos rosados haciendo juego con su tapaboca, se adentró solitaria rodando sobre su bicicleta como una sediciosa, atravesando la plaza Diego Ibarra, en el corazón de la ciudad, bajo la supervisión distante de su madre que en el otro extremo la observaba filtrarse entre los boquetes de la cuarentena.

Desde las 9:00 am la plaza Diego Ibarra acogió a los ciclistas infantiles

Luego de 42 días y 41 noches, a Gabriela le costaba un poco pedalear. Pero su dificultad, como la de todos los niños y niñas del país que desde marzo mantienen respeto por la orden presidencial de confinamiento total para romper la cadena de contagios del Covid-19, soltaron las amarras y en pocos minutos volvieron a desplegar sus habilidades de elásticos maromeros para invadir los territorios prohibidos de la calle, hasta convertirse nuevamente en sus verdaderos amos.

Como Wilmer y Jefry, dos hermanos que venían pedaleando desde el 23 de Enero y reconquistaron la ciclovía a instancias de sus padres que venían más atrás, tomados de la mano y sorprendidos de la belleza de una Caracas que se tornaba cristalina en la medida en que avanzaba la mañana y desde las torres de El Silencio, permitía divisar con claridad el reloj de La Previsora en Plaza Venezuela, borrado desde hace años por la humareda del caótico tráfico capitalino.

Las alegría volvió a reinar durante el domingo caraqueño

El presidente Maduro anunció su experimento el viernes pasado: luz verde el domingo 26 de abril para que los niños y las niñas hasta los 14 años acompañados de un representante, con tapabocas, guardando el distanciamiento social debido, salieran a estirar sus piernitas y agarraran un poco el sol, cerca de casa hasta las 6 de la tarde.

Una flexibilización temporal y única, con apoyo del poder popular a través de los consejos comunales y los Clap, explicó el mandatario. “Es un regalo que le queremos hacer a los niños y niñas, vamos a ver cómo nos sale, si nos sale bien lo podemos reprogramar para otro día, quizás sábado y domingo de la semana que viene”, afirmó.

“No hay como sentir un beso oloroso a golosina, es como llenar de impulsos el combate por la vida, y es mecer en un columpio, entre el bullicio y las risas, las palabras inventadas en sueños y fantasías cantaba el infaltable Alí Primera, con esa ternura que se había extraviado de los domingos gracias a la pandemia que ha puesto al mundo de cabeza, recluyendo la espontaneidad de los chamos en la domesticidad agobiante de casa.

Fue un ensayo tímido

A decir verdad, fue un ensayo tímido, que no observó, como cualquiera hubiera esperado, un éxodo bíblico de grandes proporciones, con los muchachos usurpando belicosamente las plazas o asaltando en actitud retadora los parques.

Más bien fueron pocos los niños y niñas que se dejaron ver acompañados de sus padres, revelando entumecimiento en sus articulaciones, mientras calentaban espantando palomas en la plaza de La Candelaria, o festivos redescubriendo piedras y juntando las hojas secas que han ido soltando los árboles estremecidos por el escándalo de las chicharras.

El parque Los Caobos y la Plaza Bolívar permanecieron cerrados, como ya había informado el mandatario nacional, para garantizar la seguridad del respeto al distanciamiento social, lo  que no impidió que muchos pequeños se aglomeraran inocentes en torno a las pelotas de fútbol, las peloticas de goma y los frisbees que otra vez devolvieron el bullicio a la Plaza de los Museos o a Parque Carabobo, donde pocos, pero escandalosos carajitos, se dejaron arrastrar en gotera por sus mayores durante el transcurso de un día que terminó siendo casi perfecto, menos para Antonio Carrero, un vendedor de melcocha que a la 1:00 de la tarde solo había despachado cinco de sus paletas.

Ni los policías tenían muy claro el asunto. Al menos los que custodiaban uno de los accesos a la antigua Plaza Mayor de Caracas, con un celo extremo por el ingreso a ese espacio vedado, aunque el mandatario nacional había ordenado una salidita a los consentidos de la casa, que no son casi los mismos si no dialogan en su particular jerga con las ardillas que custodian la estatua ecuestre de El Libertador.

Los artilugios de la felicidad

Patines en línea, patinetas, monopatines, carritos de ruedas, bicicletas y tapabocas con todos los diseños imaginables, desfilaron por la ciudad más diáfana que se recuerde, con vistas inauditas como la plaza Francisco Narváez de La Hoyada, sin basura, ni un solo vendedor ambulante, ni una aglomeración de evangélicos, ni un motín inexplicable.

Estricto guante y tapaboca en Parque Carabobo

El comportamiento de los niños también reveló facetas graciosas, por joviales: los que corrían desenfrenados como escapando de su reclusión; los que no podían dejar de abrazarse, así apenas acabaran de conocerse; los que pactaron amistades infinitas en la pausa del aislamiento; los que intercambiaron paletas en un rápido movimiento de manos que no hubo padre, madre o representante que notara a tiempo.

Para el lunes se espera una jornada parecida, pero con los abuelos y abuelas, mayores de 65 años, a fin de que puedan caminar y tomar sol en las cercanías de sus viviendas de 10:00 de la mañana a 2:00 de la tarde, pensando también en su estado emocional y en la posibilidad de que más temprano que tarde pueda levantarse la cuarentena definitivamente para todos.

Los hijos de la tierra

“En el día 40 -afirmó el presidente en contacto con Venezolana de Televisión- ha valido la pena esta batalla de estos días, y valdrán la pena las batallas de los días que están por venir, para proteger a nuestras familias, en paz, en solidaridad, y en unión profunda y espiritual”.

Una flexibilización temporal con posibilidad de reeditarse el próximo fin de semana

Una experiencia parecida vivió España, al permitir también el domingo la salida de niños y niñas de sus hogares por primera vez en seis semanas, con la diferencia de que allá, a estas alturas, los fallecidos desde el inicio de la pandemia ascienden a 23.190, en tanto que los nuevos casos diagnosticados son 1.729, para sumar un total de 207.637.

Pero, como ya lo dijo el poeta Andrés Eloy Blanco en Los hijos infinitos:

Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro

y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos

se tienen todos los hijos de la tierra,

los millones de hijos con que las tierras lloran,

con que las madres ríen, con que los mundos sueñan…

Marlon Zambrano/VTActual.com

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