#VTanálisis Un impeachment para eternizar la impunidad

Si algo sorprende de #DonaldTrump, a estas alturas, es que a lo interno del país más poderoso del mundo alcanza cotas históricas de popularidad. Efectivamente, el Mandatario norteamericano, inmerso en una sacudida política que amenaza con removerlo del cargo (aunque es el escenario menos probable), cuenta con un respaldo del 49 por ciento, lo que constituye un hito contradictoriamente esperanzador para el gobernante, de cara a las elecciones del próximo 3 de noviembre.

¿Extraño? No. Hay muchas respuestas posibles, y una de ellas es que el beligerante magnate del ramo de la construcción devenido en presidente, viene aplicando un conjunto de estrategias que podrían explicar tal impacto en su reputación: replegó la economía y sus intereses a lo interno; explota la valoración por lo propio con ribetes nacionalistas e incluso xenófobos, y lidera su propia política comunicacional como un paisano más, acercándose de manera pasmosa a sus simpatizantes, con una eficiencia superior a la de un político “profesional”.

Impeachment contra #DonaldTrump avanza a toda marcha
Foto: Cortesía

Sospechoso habitual

Todo ello, sin embargo, no fue obstáculo para que La Cámara de Representantes diera luz verde a enjuiciarlo el 31 de octubre del año pasado por abuso de poder y obstrucción al Congreso, remitiendo la responsabilidad de destituirlo -o no- a manos de la Cámara del Senado, de mayoría republicana, en medio del inicio de la campaña interna de los partidos para escoger a sus aspirantes a la primera silla de la Casa Blanca.

Pero no es tan fácil: se requiere una mayoría de dos tercios (67 votos) del Senado, de 100 escaños, para condenar y destituir al gobernante. Pero hay 45 demócratas, 53 republicanos y 2 independientes, por lo que se espera que siga en su cargo.

Al polémico #DonaldTrump le tienen el ojo puesto -y no es que no se lo merezca- desde un principio. Iniciando su mandato, en 2017, entró en una vorágine que lo puso al borde del juicio parlamentario a causa de su alianza con los servicios secretos rusos para espiar y sabotear a sus oponentes, durante la campaña presidencial de 2016. La moción fracasó desde la Cámara de Representantes.

Se le señaló, en 2019, de estar implicado en turbias negociaciones con el gobierno ruso para la construcción de la Torre Trump en Moscú, usando ilícitamente su alta investidura para favorecer sus intereses financieros, y obstruyendo las indagaciones del Congreso para desentrañar la verdad.

Se dijo que limitaba (vía coacción) a sus colaboradores para informar debidamente de sus negocios. Este intento también se topó con la gran muralla de la balanza partidista dentro del parlamento.

El caso Ucrania fue el que finalmente logró superar la alcabala de las parcelas políticas e ingresar al Congreso, luego de que la poderosa Nancy Pelosi, presidente de la Cámara de Representantes, admitiera las denuncias formuladas por un informante junto a documentos desclasificados, acusando a #DonaldTrump de intentar forzar a su par eslavo Volodímir Zelenski, a investigar al ex vicepresidente y precandidato presidencial demócrata Joe Biden y su hijo, por unas oscuras actividades empresariales, favoreciendo de este modo su camino a la reelección.

Demócratas brindaron sus alegatos en juicio contra #DonaldTrump
En el juicio contra Trump, Schiff ofreció los alegatos de la parte acusadora, el partido demócrata / Foto: Cortesía

La censura en acción

Quizás sería menos esperpéntico este episodio de la política interna norteamericana, si no incluyera la prohibición expresa por la Casa Blanca de publicar el libro The Room Where it Happened (La habitación donde sucedió) del exasesor de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton (viejo aliado de la oposición venezolana), donde ventila infidencias muy reveladoras que corroboran la acusación de abuso de poder en contra del mandatario.

El Consejo Nacional de Seguridad (NSC) argumentó que tras revisar el texto (por asunto de seguridad de estado) encontró una cantidad significativa de información clasificada, catalogada como top secret, que podría comprometer la seguridad del país.

Los demócratas (ni cortos ni perezosos) presionan para que el Senado cite al exasesor como testigo en el juicio, tras divulgarse algunos episodios del borrador de su libro, como la afirmación de que el Presidente le dijo a Bolton en agosto pasado que quería seguir bloqueando la entrega de 391 millones de dólares de ayuda militar a Ucrania hasta que las autoridades de Kiev se comprometieran a investigar a Hunter y Joe Biden.

A la tercera ¿Va la vencida?

Es un hecho singular el que un gobernante de la primera potencia del planeta sea sometido a juicio político (por razones de “seguridad” no pueda ser enjuiciado como criminal en los tribunales), pero no es la primera vez.

Sucedió antes con Andrew Johnson (gobernó de 1865 a 1869) y con Bill Clinton (dos períodos, de 1993 a 2001).

El primero fue procesado por la Cámara de Representantes en 1868 tras destituir a Edwin Stanton, su Ministro de Guerra, quien no estaba de acuerdo con sus políticas. El segundo, fue señalado por seducir a su joven pasante, Mónica Lewinsky, y obligarla a mentir.

Los dos se salvaron. El primero, porque los dos tercios en el Senado no se alcanzaron por un único voto. El segundo, entre otras cosas, porque su nivel de popularidad alcanzaba la increíble cota de 72%.

La de Richard Nixon, presidente hasta dejar el cargo en 1974, es otra historia: renunció tras hacerse público el escandaloso caso de Watergate (espionaje contra sus contrincantes políticos) mientras ostentaba bajísimos niveles de popularidad en medio de la guerra de Vietnam.

En esta oportunidad, si la intención es hacerle entender a #DonaldTrump que no puede hacer lo que le venga en gana, es posible que no le llegue el mensaje.

Según la mayoría de los analistas, incluso podría ser peor: al no cuajar su destitución, como prevén todos los indicios, podría envalentonarse aún más y continuar su desquiciada carrera de abusos de poder, mezclando sus intereses personales con los empresariales; sus vicios nacionalistas con el ajedrez de la geopolítica mundial, vulnerando con patente de corso el derecho internacional y actuando a sus anchas como dueño y señor de un mundo que le queda chiquito y del cual se siente el sheriff.

En el improbable caso de que #DonaldTrump fuera declarado culpable, sería destituido y el vicepresidente Mike Pence tomaría juramento como presidente.

Marlon Zambrano/ VTActual.com

Un acobardado #DonaldTrump pide frenar el impeachment en su contra

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