#VTentrevista Ronny Velásquez: “Los pueblos originarios se enfrentan a la muerte como a la vida misma”

En el mundo actual la actitud social ante la muerte es de rechazo y ocultación, convirtiéndose así en un acto sanitario controlado por los hospitales y por las funerarias. Se aspira a que sea un proceso rápido e inconsciente. De ahí, el debate sobre la eutanasia y su legalización.

Buscando puntos de vista alternativos, VTactual conversó en exclusiva con Ronny Velásquez, antropólogo, historiador y doctor en ciencias sociales, sobre la concepción que nuestros pueblos originarios tienen de la muerte y cómo enfrentan este proceso natural e inevitable.

Ronny Velásquez tiene varios libros publicados sobre Chamanismo, Mito, Religión y Estética Aborigen, entre otros temas

– En líneas generales ¿Cuál es la visión que nuestros pueblos originarios tienen de la muerte y en qué se puede diferenciar de la que fue impuesta por los colonizadores europeos?

Para los criollos, mestizos o descendientes de la cultura hispánica la muerte es la separación de la vida y aceptar el paso hacia otra subsistencia de resurrección, con el ofrecimiento conformista del retorno de Cristo, concepto y doctrina que ha dominado a gran parte de la población del mundo de hoy.

Para los indígenas en general – y aun mezclando concepciones religiosas cristianas con sus rituales propios – la muerte es iniciar el camino para convertirse en un protector propio y eficaz  de  su familia y del pueblo al cual pertenece, en esos otros mundos sin barreras en los que ahora vivirá de manera eterna.

– ¿A qué se debe la importancia que los pueblos indígenas le dan a las almas de los ancestros?

Sus ancestros para ellos fueron sabios, dioses, semidioses y héroes culturales. Y son los que aún pueden explicar las formas de vida armónica entre el ser humano y la naturaleza a través de los relatos y cantos chamánicos. Estos se comunican con los chamanes y en una gran cantidad de casos usan vocabularios secretos que son simbólicos y de poder.

Por ejemplo, en algunos pueblos como los Pesh de Honduras, sus ancestros llamados Patatahuá, son los que hicieron grandes obras en piedra. Estructuras arquitectónicas con enormes piedras que ellos actualmente no se explican cómo las tallaron. Allí intervienen sus chamanes y explican que eran ayudados por la fuerza de sus Dioses antiguos, –  entre ellos – el Rayo, el Trueno, y gigantes como Takaskró. El pueblo conserva estos relatos como parte de su cultura antigua, su historia oral.

Actualmente, Ronny Velásquez es profesor de la Maestría en Ciencias Sociales, Estudios Urbanos y Migraciones de la Facultad Latinoamericana Ciencias Sociales, UNAH e Investigador de IHCIETI-IHAH, Honduras.

– En estas culturas ¿el proceso de la muerte representa un trauma o dolor?

No, es un paso a otro nivel de existencia. En el día del velorio, en su llanto lastimero por su partida, le hacen encargos y recomendaciones para el pueblo que los despide. Cada quien hace sus peticiones de manera pública, pero personalizada de acuerdo al nexo que tuvo con el muerto.

Sin embargo, existen dos pueblos en este continente que poseen cantos para orientar los caminos de las almas de sus muertos, son los Wayúu en la península de la Guajira y los Kunas de Panamá.

En los Kunas el canto describe toda la ruta que el alma debe recorrer por los diversos mundos: los ríos que hay que cruzar, los animales con los cuales hay que conversar y hacer acuerdos, y los pedacitos de “cañas” o carrizos, pintados y con plumas, van indicando simbólicamente todos los laberintos encontrados en el viaje de la muerte definitiva.

El canto de los Wayúu – aunque difiere del de los Kuna ya que no pertenecen ni al mismo tronco lingüístico, ni las condiciones del medio ecológico son las mismas – el sentido es el mismo: es la orientación para el viaje insondable, difícil y definitivo. Ambos tienen la capacidad de hacer ascender a las almas por los diversos cielos, o a través del mar y por lo profundo de la tierra.

– ¿Los pueblos originarios preparan a las personas para enfrentarse a la muerte? De ser así ¿De qué manera lo hacen?

Solo con palabras chamánicas, canto y ejecución de maracas u otros implementos necesarios. Se hace la comparación de cómo se vive en este universo y de cómo se debe vivir en ese otro mundo desconocido pero imaginado. Entre estos pueblos están los Mískitos de Honduras, los Shuaras del Ecuador, los Warao y Wayúu de Venezuela. Ya sabemos que los Mayas, Aztecas o Nahuas, Mochicas e infinidad de culturas arqueológicas de este y de otros continentes, todas tuvieron rituales sobre la vida y la muerte.

– En la cultura occidental, en especial en los últimos años, se evita hablar de la vejez y la muerte. Esta última, sobre todo, es un tema tabú ¿A qué cree que se deba?    

Simplemente es temor a la muerte. Somos por lo general, egoístas. Hay un viejo proverbio que dice: “Que curioso es el ser humano, nacer no pide, vivir no sabe y morir no quiere” En cambio, los auténticos pueblos indígenas se preparan para morir.

En ellos no hay ocultación sobre la realidad de la muerte. Así se enfrentan a la muerte como a la vida misma. La muerte es fuente de vida en el entendimiento de que es necesario morir para poder dar vida otra vez. Para tales efectos cada cultura posee sus simbolismos y rituales que son respetados, defendidos y ocultados ante los ojos extraños que pudieran censurarlos.

Estos rituales dan resultados tanto a nivel personal como comunitario.  En la cosmovisión andina hay infinidad de rituales referidos a la muerte en el que los muertos no están separados del mundo de los vivos. Con este entendimiento, el hecho de morir no rompe los vínculos diarios con comunidad. El difunto, para su concepción, sigue siendo parte de su comunidad y hasta se le pide consejos y orientaciones según su dedicación en vida.

– La sociedad occidental contemporánea aspira a una muerte sin dolor ni traumas ¿Eso es importante para las culturas originarias?

No. No lo es. Los indígenas esperan normalmente su muerte natural. Sólo que ahora muchos hacendados, madereros, mineros y extractores de diversos productos de sus espacios – bien cuidados por medio de sus rituales – los mandan a asesinar en diversos países de América entre ellos: Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile y  Brasil.

 

– A su juicio ¿Cuál es la actitud que nuestra sociedad debería tener ante la muerte?

Que la vean de manera natural. Nadie será eterno. Ninguno de los elementos que pueblan la tierra será eterno. La muerte es la realidad absoluta de lo que fue positivo, real y vivo. Lo que es eterno hasta ahora es el tiempo. Porque hasta los sentimientos terminan con la muerte del que se va. El sentimiento y la eternidad quedan entre los vivos. Y todo lo que ha sido real en esta vida puede vivir en el recuerdo de los que aún vivimos. Esta es una cadena que no se rompe, por eso hablamos de eternidad.

«Ojala fuéramos más conscientes para vivir dignamente, en paz y en armonía con la naturaleza. Hay que seguir valorando a los pueblos indígenas auténticos que aún quedan para volvernos más humanos».

Enza García Margarit/VTactual.com

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