#VTenLaJugada Irresponsabilidad, fútbol y negocio tras la crisis del coronavirus en Italia

Tras casi un mes de una cuarentena medianamente generalizada, en la búsqueda de detener el esparcimiento del coronavirus por el mundo, cuesta ver que apenas hace unas semanas muchas autoridades no prestaban atención a lo que era inminente. Bueno, todavía persisten los Bolsonaros y Trumps que minimizan las implicaciones de la pandemia, priorizando el negocio, la tan mentada “economía”, por encima de la vida de, por lo menos, cientos de miles.

Parecen no verse en el espejo de Italia, uno de los países más golpeados por el COVID-19. Pero, ¿qué pasó en Italia? ¿Cómo se pasó de la “normalidad” a un estado de guerra en los hospitales? ¿Fue de la noche a la mañana que las autoridades italianas se vieron forzadas a apilar cadáveres como sacos en camiones militares? No. Todo comenzó con una minimización y un negocio que “proteger”: el fútbol.

Más que un paciente cero, en Italia se habla de un “partido cero” como el punto en que el virus se comenzó a extender masivamente en territorio italiano. Particularmente, de ese evento nacieron las penas de la región de Lombardía, la máxima afectada por el COVID-19 en el país europeo.

Era 19 de febrero. Para entonces, ya estaba claro que la enfermedad había salido de China, estaba en Europa y era cuestión de días para que comenzara su escalada en territorio europeo. Pero también era la fecha dispuesta para el partido de ida por los octavos de final de la Champions entre el Atalanta italiano y el Valencia CF, conjunto español. Entonces, había que efectuar el partido, ¿cierto?

Según estimaciones de la prensa, cerca de 46.000 aficionados, entre los fanáticos del Atalanta y el Valencia, acudieron al estadio San Siro, en Milán, para ver el encuentro. Es decir, miles de personas viajaron de Valencia a Italia; otras miles se movilizaron desde Bérgamo, ciudad del Atalanta, hasta Milán. No solo en el estadio, sino que bares y otros locales milaneses, se llenaron de aficionados esa noche. Luego, esas miles de personas retornaron a sus lugares de origen.

Jugadores del Atalanta celebran un gol durante el partido contra el Valencia, con más de 45.000 fanáticos en las gradas. Foto: Getty Images.

Contagios, lamentos y consecuencias irreversibles

Apenas dos días después, ya moría la primera persona en Italia por COVID-19. Es decir, el virus ya estaba causando estragos en territorio italiano. Y el partido de la Champions no hizo sino empeorar la situación. Especialmente para Bérgamo, de donde procedían unas 40.000 de las personas que fueron al estadio. Desde Valencia, se estiman unos 2.500 aficionados presentes en Milán.

Se desconoce la cantidad de infectados presentes aquella noche en el estadio, pero es claro que reunir a unas 50.000 personas en las calles, en el marco de un partido internacional de fútbol, no es de las mejores ideas ante una situación como esta. Y la región lombarda es una muestra de las consecuencias. Al momento en que redacto, solo en esta zona del país van unos 9.000 fallecidos, un altísimo porcentaje de los poco más de 70.000 que se contabilizan en todo el mundo como víctimas mortales del coronavirus.

Todo porque prevaleció el negocio y las autoridades se tomaron a juego algo muy serio. “Está claro que fue un momento de fuerte difusión del virus”, dijo tiempo después el alcalde de la ciudad de Bérgamo, Giorgio Gori.

Adicionalmente, Gori llegó a considerar que “si el virus ya circulaba, los 40.000 aficionados que estaban en el estadio de San Siro en Milán se contagiaron”. No de gratis, la situación en la región le ganó a Lombardía el mote de “la Wuhan de Italia”. Es decir, el epicentro europeo de la pandemia.

Pero el lamento no basta para mitigar las consecuencias. El daño está hecho, gracias a lo que, Fabiano di Marco, jefe de Neumología del hospital de Bérgamo, denominó como una “bomba biológica”.

“Un tercio de la población de Bérgamo se concentró en San Siro y aquello se convirtió en una fiesta. No es casualidad que aquella zona se haya convertido en la más afectada ni que los valencianos que estuvieron en Italia se convirtieran, a su regreso a España, en transmisores de la enfermedad”, dijo el representante italiano de la Organización Mundial de la Salud, Walter Ricciardi, a una televisora local.

En efecto, no sólo los aficionados que volvieron a Bérgamo tras el partido comenzaron a esparcir el virus en la región. Los valencianos también hicieron su parte. De hecho, cerca de un 40% de la plantilla del primer equipo de Valencia terminó dando positivo al COVID-19 poco después.

Cementerio en Bérgamo. Foto: AFP.

Ojalá la historia terminara ahí. Pero las ansias de mantener en pie el negocio que representa el fútbol, incluso sin aficionados, llevaron a los organizadores a efectuar el partido de vuelta entre ambos equipos, tres semanas después de la ida. Aunque se jugó a puertas cerradas, fue un riesgo innecesario. El mismo riesgo que en Japón estaban dispuestos a tomar, con su insistencia en realizar los Juegos Olímpicos. La realidad se ha terminado imponiendo, afortunadamente.

Ahora, ya casi de forma generalizada, los “eventos” se están dando en línea. Conciertos, charlas, hasta un torneo con jugadores de la NBA jugando al popular videojuego NBA 2K20. ¿Era tan difícil hacerlo a tiempo? 9.000 lombardos fallecidos pagan por esa irresponsabilidad. Esperemos que las cifras no sigan aumentando, sumando al fútbol más sangre de la que está dispuesto a reconocer.

Juan Ibarra/VTActual.com

#VTenLaJugada Nueva fecha para los Juegos Olímpicos, bajas de sueldo y nuevos casos de coronavirus

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