#VTcuentosDeVerdad El gran salto de El Libertador

Hace muchos años, en el lejano territorio de Angostura, nuestro querido Simón Bolívar quiso demostrar que la valentía y la perseverancia pueden estar presentes incluso en momentos de diversión y regocijo.

Era una mañana del año 1817. La tropa descansaba y se divertía con un juego muy particular. Un general de apellido Ibarra apostaba con la soldadesca y otros jefes militares para ver quién podía saltar el cuerpo de un caballo de punta a punta de un solo tiro. Sí, asimismo como se lee. Un reto bastante audaz.

En segundos el general Ibarra brincaría sin ningún inconveniente.

¿Saltar desde el lado de la cola hasta el otro lado de la cabeza del cabello sin caerse?, ¿Quién sería capaz de igualar tal destreza? Entre el bullicio de los soldados y el sonar del aire que campaneaba fuertemente en esos parajes, se acercó nada más y nada menos que el propio Libertador. Todos pararon firme y atemorizados por la presencia del General en Jefe, quedaron en silencio rodeando aquél caballo joven, galante y atlético.

Sin embargo, no se esperaron lo que pasaría en el siguiente acto. El propio Libertador asumiría el reto de saltar esa briosa bestia frente a todos sus soldados y subalternos. ¿Quién se lo podría imaginar?

Obra realizada en 1888 por el pintor venezolano, Arturo Michelena

Entre la mirada atónita de los testigos, Bolívar se preparó para saltar. Dio unos cuantos pasos largos hacía atrás y sin contarlo, corrió rápidamente sobre el caballo y…. pum!!! Cayó de punta en el pescuezo del pobre caballo. Simón, algo adolorido, paró rápidamente.

Un segundo intento llegaría. Nuevamente preparado, dio un brinco más fuerte pero, ¡¡¡cataplum!!! cayó encima del caballo. Mirando a su alrededor, señala que hará un tercer salto.

Los presentes no querían ver. El tiempo se había paralizado, el pobre caballo sudaba del miedo y el propio Bolívar se encontraba decidido a probar su agilidad y destreza.

Tomó un fuerte respiro. Cerró los ojos y de nuevo corrió hacia el caballo y… ¡¡¡zas!!! Finalmente lo logró. Todos aplaudieron y felicitaron a su jefe quien demostró que no solo daba órdenes y dedicaba su tiempo a la guerra, sino que podía compartir, disfrutar y sobre todo, probar que con perseverancia y entusiasmo, todo se puede.

Este cuento ha sido una recreación a partir de la anécdota dicha por Simón Bolívar en 1828 y que fue escrita por el francés Luis Perú de Lacroix en el Diario de Bucaramanga. Una obra de primera mano, que recoge diversos testimonios contados por el propio Libertador sobre su vida personal y militar.

Simón Sánchez/VTactual

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