#VTanálisis Nayib Bukele: el maestro de la distracción en la era 2.0

Mientras unos utilizan la Big Data para conocer a su público objetivo y diseñar campañas que atrapen la atención de estos sujetos en redes sociales, otros simplemente hacen uso de estas aplicaciones para distraer a la gente con contenido llamativo, mientras concretan su verdadero propósito.

Esa -sin duda- fue la estrategia empleada por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien a pesar del cariz innovador que intentó imprimirle a sus propuestas, terminó siendo un político más del montón que a nueve meses de ganar la primera magistratura ya ha incumplido varias de sus promesas electorales.

En un país de 11 millones de habitantes, de los cuales 33.6 por ciento asegura utilizar Facebook en contraposición del 2.1 por ciento que maneja Twitter, Bukele supo difundir su mensaje. Y es que aunque la mayoría de los ciudadanos no lo sigue en la red social desde la cual él “gobierna”, su actividad en ese mundo es la que marca la agenda del país.

Su participación en las redes sociales fue determinante para su triunfo, al menos eso es lo que indican buena parte de los votantes que reaccionaron a la intensa campaña realizada por Bukele a través de Twitter. Esta estrategia poco convencional convenció a un electorado cansado del bipartidismo, pese a que se basó en la desinformación y las noticias falsas.

Precisamente, esa característica de la campaña de Bukele fue ampliamente criticada por líderes de otras agrupaciones quienes catalogan como una falta de respeto la forma en la que el actual Primer Mandatario maneja los asuntos de Estado.

Hace apenas algunas horas ordenó que los detenidos de todas las cárceles del país fueran incomunicados y sometidos a un encierro total las 24 horas del día, hasta nuevo aviso, por la desaparición de un soldado que justo hoy en la mañana fue encontrado muerto.

Como esa medida ha anunciado muchas otras, entre ellas despidos de funcionarios públicos relacionados con el gobierno del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) que van en contra de una de sus promesas de no perseguir a ningún ciudadano por su tendencia política.

Así, Bukele ha tomado Twitter como el elemento de distracción de su show: mientras millones están a la espera de su próximo tuit, él se coloca a los pies de EE. UU. al que considera como un “padre” y emprende polémicas reformas en El Salvador que no han podido disminuir el elevado índice de criminalidad por el que es conocido el país centroamericano.

Lo que se hace en redes tiene su eco en la realidad

Nayib Bukele, contra todo pronóstico y sin tener ideología ni un partido fuerte en el cual apoyarse, ganó con el 53% de los votos: más que lo obtenido por sus dos oponentes juntos, algo extraño en ese país.

La intensa campaña impulsada por el joven político en redes sociales había dado resultado. Según las estadísticas la mayoría de quienes lo apoyaron fueron adultos jóvenes entre los 30 y 40 años. Son los mismos que, de acuerdo con una investigación realizada por una encuestadora salvadoreña, creen que la información difundida por el político en plataformas como Twitter son confiables.

Este mismo segmento de la población afirma seguir haciendo uso de medios de comunicación tradicionales, sin embargo, Bukele ignoró por completo estas plataformas durante su campaña y centró toda su atención en su cuenta Twitter, desde la cual se comunica constantemente con su tren ministerial.

Aunque el Presidente salvadoreño se autodefina como “el más cool” y quiera romper paradigmas en lo virtual, su gestión está muy lejos de convertirse en un ejemplo. Que los índices de pobreza extrema y las estadísticas de asesinatos cometidos continúen estando elevados a casi un año de su toma de posesión, demuestra que la polémica no es suficiente para administrar un país.

Tampoco es suficiente para tapar el silencio de Bukele sobre temas tan trascendentales como el acuerdo migratorio firmado con México y EE. UU., que tanto afectará a la población migrante. Otros temas, como las ejecuciones extrajudiciales y la impunidad, también son tarea pendiente para el joven de 37 años que prometió cambiar a El Salvador.

Andreína Ramos Ginés/ VTActual.com

#VTanálisis Big Data y la deshumanización de los ciudadanos

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