#VTanálisis Latinoamérica: ¿#DonaldTrump tiene un plan?

#DonaldTrump comenzó desde muy temprano encarnando el estereotipo del gringo malintencionado que decide unilateralmente qué hacer con sus dominios, esa inmensa tierra baldía que se extiende al sur del Río Bravo.

A lo largo de la campaña electoral que le dio su primera magistratura, centró el peso de su discurso discriminatorio en la construcción de un largo muro a través de la frontera mexicana, con el propósito de mantener a raya a esa dañina plaga de salvajes que venía arrastrando su barbarie desde Centroamérica.

Fueron los primeros atisbos del “plan”: unas inconexas, cambiantes y siniestras disposiciones aleatorias promovidas por los sectores más radicales de su partido y los lobbies empresariales, que no tienen más mérito que la segregación racial y económica de un vasto territorio al que considera, siguiendo las líneas de la doctrina Monroe, su patio trasero.

Bolívar lo avisó

Desde el comienzo de nuestras historias republicanas, Estados Unidos ha tenido un plan: primero inspiró nuestras luchas independentistas, luego negó apoyo financiero a nuestros ejércitos patriotas.

En seguida y observando las ventajas de los colosales recursos naturales del continente para sus nacientes apetencias imperiales, calculó estratégicamente la necesidad de que las cosas de América fueran solo para los “americanos” (considerando que solo ellos son los americanos), poniendo un freno así a futuras apetencias coloniales de Europa.

Simón Bolívar fue asombrosamente premonitorio: “Cuando yo tiendo la vista sobre la América hallo que está a la cabeza de su gran continente una poderosísima nación muy rica, muy belicosa, y capaz de todo” llegó a afirmar en una carta que dirige a Santander el 30 de enero de 1823.

Escribe el poeta Rafael Pompilio Santeliz: “El que Bolívar insistiera en prescindir de la presencia de Estados Unidos, probablemente era por considerar que el inmenso desarrollo alcanzado por aquel país en lugar de constituir una ayuda o un medio de estímulos, si participaba en la unión, podría representar al contrario un inmenso contrapeso para el libre y autónomo desarrollo de los países nacientes”.

Un plan sin plan

Llámese plan A, B o C, transición, América Crece, Plan Colombia, recortes financieros, etc., la auténtica preocupación del ocupante de la Casa Blanca tiene que ver con los asuntos de seguridad que garanticen la “grandeza” de su nación, por lo que enfila sus dardos hacia dos blancos inscritos en el eje del mal: la migración centroamericana y las naciones libres con gobiernos revolucionarios.

Los medios han filtrado recientemente que Trump está trabajando en una estrategia de seguridad para la región, la cual no entraba en este tipo de iniciativas desde la cruzada de George W. Bush contra el terrorismo desde los atentados al World Trade Center de Nueva York, en 2001.

Se hará pública próximamente y, según el diario español pro derecha ABC, “constará de cinco grandes puntos y uno de ellos está dedicado a la preservación de la democracia en todo el continente, con menciones expresas a Venezuela y Cuba. Su objetivo es lograr un continente americano libre de dictaduras, lo que pasa por provocar cambios en esos dos países y también en Nicaragua”.

La administración Trump en realidad parece desorientada en cuanto a la región, más allá de insistir en generar temor entre sus bases electorales para acaparar votos cautivos, de cara a las venideras elecciones presidenciales.

Relata la internacionalista Arlene Tickner para el diario El Espectador: “ni siquiera tiene asesores para América Latina y sus intereses que son el comercio, migración, drogas y Venezuela, siguen siendo tratados desde el prisma de seguridad”.

Ante la duda de quién o quiénes están entonces detrás de un plan para América Latina, añade: “Como la política hacia América Latina no tiene dolientes cuerdos en el Departamento de Estado, quienes están jalonando esto serían Marco Rubio y Elliot Abrams”.

El analista venezolano Sergio Rodríguez agrega a Mauricio Claver-Carone, asesor cubano-americano del ala de ultra derecha del partido Republicano.

Planes post Coronavirus

Atareado por la urgencia sobrevenida del contagio, como toda la humanidad, es probable que los asuntos de seguridad de estado para Trump pasen por la urgencia sanitaria frente al “virus chino”, como insiste en llamarlo.

Se ha dejado correr por distintas vías, menos la diplomática, la posibilidad de un bloqueo naval sobre las costas venezolanas como uno de los escenarios probables, tal como lo sugirieron hace un años Rubio y Abrams, enemigos jurados de nuestro país.

El otro enfoque, planteado por algunos “coronavirólogos”, es que un contexto post pandemia provoque un nuevo orden mundial que implique la redefinición de las relaciones de Estados Unidos con América Latina, donde se encuentren las necesidades con los recursos de una manera “armónica”.

Se esperan días muy duros en el aspecto sanitario y económico, y parece difícil que algunos gobiernos enfrenten solos las consecuencias del Covid-19. Por ello, es probable que se aplique un nuevo modelo de Plan Marshall que reanime económicamente a la región luego del shock monetario para los modestos mercados locales que desde ya se está anunciando.

Escribe Eugenio D’Medina Lora para el diario El Correo, de Perú: “En consecuencia, se abre para Estados Unidos, y en particular para Donald Trump, la oportunidad de atraer a Latinoamérica hacia su órbita geopolítica, de cara a lo que se le plantea post-coronavirus. Y esa oportunidad toma la forma de un nuevo Plan Marshall que pueda ayudar a reflotar, con la escala de recursos que posee el gigante del norte, las economías latinoamericanas que estaban emergiendo en las dos últimas décadas. En un eventual segundo mandato del neoyorquino, contar con Latinoamérica de su lado en este nuevo orden que se avecina, no es menor. Más aun cuando la región viene siendo coqueteada hace más de una década por el gigante chino para instalar fuertes inversiones por esta parte del mundo”.

Así las cosas, habrá que esperar a que pase la cuarentena.

Marlon Zambrano/VTactual.com

Por número de casos de covid-19 EE.UU. ya es el cuarto país más crítico

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