#VTalPasado 1933: La perforación del OG-1 y el inicio de una ciudad petrolera

Venezuela es un país de tradición petrolera y su sociedad ha estado sujeta a los cambios y transformaciones que esa propia dinámica ha definido dentro la vida nacional, estableciéndose, a partir de las primeras décadas del siglo XX, como uno de los elementos característicos de los procesos sociales, políticos, económicos y culturales del venezolano.

Es así como en el imaginario nacional, las acciones colectivas han estado permeadas por patrones y rasgos instaurados por la llamada cultura del petróleo. Una categoría que explica, en este contexto, como las transnacionales petroleras asentadas durante la primera mitad del siglo XX venezolano, incidieron en el comportamiento cotidiano de la población venezolana.

El mapa nacional en manos de las transnacionales

Durante el periodo de gobierno de Juan Vicente Gómez (1908-1935), Venezuela fue escenario de un proceso creciente de despojo de su soberanía tras la mirada complaciente y permisiva de un Estado que, bajo la figura de la concesión, entregó grandes lotes de terreno a las trasnacionales petroleras para su exploración, explotación y producción.

Retrato realizado por el pintor venezolano Antonio Herrera Toro. El periodo de gobierno de Juan Vicente Gómez cumplió un rol de subordinación y entrega frente al capital foráneo de las empresas petroleras

Así veremos como la industria petrolera, impuesta desde el capital extranjero, tendrá un auge considerable durante este periodo y especialmente a partir de 1920. Compañías estadounidenses y europeas llegaron al país para disputarse el mapa nacional a su conveniencia.

Inicialmente había sido la región zuliana la más deseada por las compañías extranjeras pero, poco a poco, fueron volcando su mirada al oriente venezolano, donde encontrarían un nuevo espacio para instaurar su estructura de poder y generar nuevas riquezas a expensas del pueblo venezolano.

En este contexto, un 23 de febrero de 1933 se elevaría la primera ciudad petrolera en el oriente venezolano, momento en el cual se inició la perforación de un pozo petrolero que rápidamente traería grandes cambios a un poblado que sin resistencia se sumergió en una nueva realidad.

La OG-1: Oficina Número 1

Desde 1918, la compañía estadounidense Gulf Oil Company se había asentado en la región oriental de la Mesa de Guanipa, en el actual estado Anzoátegui, pero sería en diciembre de 1932, cuando se realizan todos los preparativos para dar paso a los procesos de exploración del territorio.

Un grupo de geólogos y expertos extranjeros establecieron entonces, un campamento llamado Oficina, nombre que tomarían de la pequeña oficina de telégrafos que se encontraba en el mismo lugar. Así, se fue conformando con todo rigor una zona petrolera que rápidamente fue tomando peso al ser instalados los mecanismos, maquinarias y estructuras necesarias para hacer funcionar el campo petrolero.

Pozos petroleros del Lago de Maracaibo a principios del siglo XX. Entre 1911 y 1916 se hicieron las primeras visitas exploratorias para hallar petróleo en el territorio nacional. Lo que impulsó el establecimiento de los primeros pozos petroleros y la realización de nuevas exploraciones en otras partes del territorio en los años siguientes

Al llegar el mes de febrero de 1933, y específicamente el día 23, bajo la mirada sorprendida de los lugareños y los migrantes que habían llegado al campamento, especialmente de la isla de Margarita, se inicia el proceso controlado de activación de la torre de perforación de un pozo que pronto sería llamado OG-1.

La OG-1 sería el primer pozo de exploración que arranca actividades en el oriente venezolano, y de ahí se impulsaría el conocido nombre de Oficina Número 1. Este evento marcaría un hito transcendental en el proceso de desarrollo económico, social y cultural del estado Anzoátegui, pues a partir de este día se toma el inicio fundacional de El Tigre como una ciudad petrolera.

La ciudad petróleo

La fusión de elementos locales con componentes extranjeros, y la realidad migratoria que impuso el boom petrolero en la Venezuela del siglo XX, conllevaría a la conformación de un nuevo espacio con características propias, pero siempre sometida y tutelada por una dinámica general instruida por el capital extranjero.

Este espacio denominado ciudad petróleo, categoría acuñada por el antropólogo venezolano Rodolfo Quintero en su estudio sobre la cultura del petróleo, implicó, en este caso, la transformación de un pequeño caserío a una ciudad que creció vertiginosamente y de forma drástica convirtiéndose en un futuro cercano, en una zona petrolera de importancia para el país.

Para Quintero, la ciudad petróleo: “…que aparece alrededor del campo petrolero por iniciativa de los extranjeros, sufre un desdoblamiento urbano inicial que se proyecta en su evolución. Siempre crece abiertamente intervenida por los colonizadores. Son centros satélites de los campos petroleros: algunas dependen totalmente de ellos, otras viven influidas por ellos…”

La ciudad petrolera de El Tigre, al igual que otras ciudades nacidas bajo los términos de la industria petrolera durante la época gomecista, fue tomando cuerpo a medida que la compañía transnacional tuvo mayor incidencia en la región y si bien, el llamado reventón que trajo prosperidad al lugar se daría 4 años después, en julio de 1937, lo que marcó definitivamente el imaginario cultural de dicha población, fueron las vueltas de aquella perforadora que se activó aquél 23 de febrero de 1933.

El pozo se mantuvo activo hasta 1953 y en 1973 fue declarado como sitio histórico de la región. Su contexto ha sido inspiración para el escritor venezolano Miguel Otero Silva, quien basado en los hechos de esta ciudad, escribió la novela Oficina N° 1. En una de sus líneas dejaría plasmado una imagen que muestra la verdadera realidad de aquél tiempo: “Para la compañía eran iguales la noche y el día, la sequía y la lluvia, la calma y el viento, porque el trabajo de perforación no debía detenerse un instante”.

Simón Sanchéz/VTActual.com

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