La violencia en Nicaragua tiene dos “relatos” opuestos  

  1. El cruel asesinato del oficial de la Policía Nacional de Nicaragua, Gabriel Vado, de 23 años, puso al descubierto el nivel de perversión, organización y chantaje de los grupos violentos que buscan desestabilizar Nicaragua para derrocar al presidente Daniel Ortega.

La historia del secuestro y asesinato del agente policial –que fue prendido en fuego- fue groseramente invisibilizada por los medios locales e internacionales interesados en difundir solo el relato de represión de las fuerzas armadas contra los grupos que mantienen a la población atemorizada y sin poder vivir la cotidianidad.

Hechos como la participación del sacerdote Harving Padilla –quien dirigió la operación de captura del policía en Masaya- salió a la luz pública por las redes sociales y sin embargo la opinión pública –dirigida por las empresas de comunicación- sigue manteniendo la idea de que se tratan de manifestaciones pacíficas.

“El sacerdote le dice a los terroristas que estén alertas cuando suene la campana de la iglesia. Es decir, confirma la denuncia del pueblo de que los templos son usados como centros de torturas y resguardo de los violentos y sus armas”, escribió la periodista de Telesur, Madelein García en su cuenta en Twitter.

https://twitter.com/madeleintlSUR/status/1019305285264068609

Dar un paso al costado

El senador y expresidente de Uruguay, José Pepe Mujica, habló en el Senado de su país -donde se aprobó una declaración que condena los actos de violencia y represión en Nicaragua- y expresó: «Siento que algo que fue un sueño se desvía, cae en autocracia y entiendo que quienes ayer fueron revolucionarios perdieron el sentido de que en la vida hay momentos en los que hay que decir me voy».

Formato Venezuela

Analistas coinciden que el formato de agitación impulsado en Nicaragua es el mismo utilizado en los años 2014 y 2017 en Venezuela para desestabilizar al gobierno del presidente Nicolás Maduro para derrocarlo y poner en el poder a un sector afín con las políticas de Washington.

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La injerencia de EE.UU también se expone en las redes

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