Venezuela tuvo su propio Barry Seal en los años 80’s

El entonces general de la Guardia Nacional venezolana Ramón Guillén Dávila fungía en la década de 1980 como agente de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) para la distribución de drogas al país norteamericano usando como flujo la propia Venezuela.

Para la fecha, Guillén Dávila era jefe de la unidad antidrogas del cuerpo castrense, por lo que contaba con una posición privilegiada dentro de la misma para cumplir con los objetivos trazados desde Washington.

La CIA tenía en Guillén Dávila a su «hombre de mayor confianza» dentro de la nación suramericana, según reseñó el Miami Herald en una nota de la época, aunque ese idilio tocaría fondo por disputas internas entre la propia CIA y la Administración para el Control de Drogas​ (DEA).

Aunque de manera oficial el general participaba en operaciones para la erradicación del tráfico de sustancias junto con ambos organismos norteamericanos, en 1993 el jefe de la DEA, Robert C. Bonner declaró en una entrevista televisiva que el trabajo del venezolano había permitido a la CIA el contrabando de unas 22 toneladas de cocaína con destino a EEUU.

El New York Times reseñó a finales de la década de los 80’s al respecto que los entonces agentes de Inteligencia en Caracas se reunieron con la agregada de la DEA y, aunque esta no accedió a colaborar con ellos, se hizo la vista gorda y evitó denunciar el tráfico de estupefacientes que controlaba la CIA.

Años más tarde de este escándalo, en 2007, el mismo Guillén fue apresado en Venezuela pro su participación en un plan de magnicidio contra el presidente Hugo Chávez, en el cual estaba incluido su propio hijo, Tomás Guillén, quien era capitán activo de la GN.

Días antes, el propio Chávez denunciaba que agentes de la CIA y militares golpistas venezolanos habrían retomado planes para acabar con su vida y, de manera colateral, con la Revolución Bolivariana que él mismo encabezaba.

Con información de Misión Verdad.

JI

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