#VainaVerdeVT El engaño de la Minería Oceánica y cómo daña al ambiente

La minería oceánica nació como una mentira. Un intento brillante – no se puede negar – de EE. UU. para apoderarse de la tecnología de un submarino soviético que se encontraba hundido a más de 2.000 kilómetros de Hawai.

Era 1974 y en la imaginación de la gente común, la exploración del océano era algo así como una utopía. Llegaron entonces estos supuestos científicos norteamericanos – que en realidad eran miembros de una agencia de inteligencia del gobierno – con un plan casi infalible que convenció a toda la opinión pública y los llevó a decenas de universidades a dictar cátedras de un tema sobre el que en realidad no conocían.

Por la búsqueda de aquella nave K-129, que yacía a cinco kilómetros de profundidad en el océano pacífico, nació la curiosidad de grandes empresas que buscaban tener participación en un campo que no había sido explorado hasta el momento y podía producir enormes beneficios.

El complot liderado por la CIA y que contó con la participación del excéntrico millonario Howard Hughes, se denominó Proyecto Azorian y se escondió tras la fachada de una expedición que sólo buscaba nódulos de manganeso en el lecho marino.

En ese entonces la búsqueda era apenas una idea del gobierno estadounidense para robar un submarino. Hoy es una realidad que pone en peligro los fondos marinos y toda la vida contenida en ellos.

La mayoría de las exploraciones con miras a la explotación minera, se realizan en aguas internacionales.

Dónde, cómo y por qué

Aunque hasta el momento ninguna de las empresas dedicadas a explorar el suelo marino ha comenzado a minarlo, hay decenas de expediciones en países como China, Rusia, Corea del Sur, Alemania y Reino Unido preparando el terreno para iniciar este ambicioso proyecto que podría solucionar la demanda de metales preciosos de empresas asociadas al sector tecnológico y automovilístico.

En los países antes mencionados, la Organización de Naciones Unidas a través de la Autoridad Internacional del Suelo Marino (ISA, por sus siglas en inglés) ha localizado varias áreas de exploración, de las cuales 29 han sido aprobadas por el organismo.

Cada licencia de exploración entregada a los países en donde se encuentran ubicados estos bloques tiene una duración de 15 años.

De acuerdo con la ISA, la minería oceánica es la respuesta a la contaminación de aguas, la alteración de ríos y la destrucción de aldeas que son consecuencia de la explotación minera terrestre. Sin embargo, estudios realizados por organismos como la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal), advierten sobre los riesgos de impulsar este tipo de prácticas para la vida en la tierra.

En un informe publicado por este organismo se sugiere que “la intensidad y magnitud de los impactos ambientales producidos en la exploración minera de fondos marinos dependerán en gran medida de los sistemas y subsistemas mineros que se utilicen, como por ejemplo: técnicas y métodos para el desplazamiento por el sitio minero, sistemas de recolección y levantamiento de los nódulos del piso oceánico, técnicas de separación del sedimento de los nódulos, trituración, transporte de nódulos a superficie y operaciones a bordo en la plataforma y/o barco minero, así como de concentración del material minero y disposición de los desechos producidos por esta práctica”.

Según se expresa en ese documento,  las pruebas realizadas por investigadores arrojaron que la actividad minera oceánica afectaría el fondo marino, la columna de agua (fondo y superficie) y el sitio minero. Las indagaciones advierten que muchos de los efectos son inevitables. Por otra parte, destaca que las pruebas realizadas en las diferentes investigaciones son escasas y tuvieron poco tiempo de duración, en comparación con lo prolongada que sería la actividad de una empresa minera que trabajaría al menos 300 días por año.

 

La importancia del lecho marino

Después de que la CIA despertara por error el interés de las empresas en la minería oceánica, muchos fueron los estudios realizados al fondo marino. En esas investigaciones se determinó la importancia de ese espacio para la vida y el análisis de la misma.

Los investigadores Whose, Kandler. y Wheel, en su ensayo de 1990 denominado “Hacia un sistema natural de organismos: propuesta para el dominio de Archaea, bacterias y eucariotas”; revelaron que en el lecho marino existe un sistema propio de los ecosistemas abisales que se conoce como ventana hidrotérmica. En esta área  – que se ubica entre 1800 y 4000 metros de profundidad – se han hallado especies que los científicos han reconocido como descendientes de la célula inicial de vida en la tierra.

A la par de este hallazgo, también se determinó que el tipo de vida existente en las ventanas hidrotérmicas tiene mucho que ver con la gran cantidad de minerales que se hayan en el lecho marino. Asimismo, los científicos explican que a partir de los microorganismos e invertebrados descubiertos – que son incontables – se pueden crear nuevos productos para la protección de la salud humana, animal y vegetal.

Si la mano del hombre llegara a concretar sin supervisión y un adecuado control la explotación del lecho marino, ¿Cuáles serían las consecuencias reales de tal actividad? Es una respuesta que muchos deseamos conocer pero que ninguna de las empresas que lideran la búsqueda de metales como litio, zinc y cobre desean contestar.

Andreína Ramos Ginés/ VTActual.com

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