Transporte público en Venezuela: crónica de un viacrucis

Desde la aparición de petróleo en Venezuela, la situación del parque automotor en la nación caribeña dista mucho de parecerse a la de sus vecinos en toda la región. Desde entonces, los venezolanos han disfrutado de uno de los precios más bajos del combustible a escala mundial, lo cual ha favorecido enormemente a la circulación de vehículos automotores sin muchas restricciones administrativas y económicas.

Mientras Venezuela paga 0,03 $ por galón de gasolina, sus vecinos colombianos pagan 3,02 dólares; Brasil 4,05; Ecuador 2,98; Argentina 3,43 y Uruguay 6,45 dólares por galón. Esa condición favorece a que la circulación de vehículos en Venezuela, sobre todo de carga y de transporte de personas, tenga un movimiento frenético y se presta para la conformación de empresas dedicadas a tal fin, dado lo accesible del combustible en esa nación.

El Estado venezolano subsidia el combustible de las unidades de transporte colectivo

La proliferación de estas empresas devino en lo que el mismo gobierno ha llamado “mafias del transporte”, quienes han conformado sociedades mercantiles que han ocupado los espacios que las alcaldías, gobernaciones o entes Estatales, han dejado vacíos para que ellas operen. A diferencia de la mayoría de los países, en Venezuela el transporte colectivo es privado y eventualmente chantajean con paralizaciones, bloqueos de vías o desmejoras del servicio, cuando quieren subir los precios de las tarifas. Pese a ello, el Estado subvenciona a estos concesionarios con el acceso económico a cauchos, repuestos, lubricantes y otros gastos operativos.

Golpeados por la crisis

El bloqueo financiero impuesto a Venezuela por Estados Unidos y sus aliados, perjudica sensiblemente al sector transporte en el país. La nación petrolera, pese a sus cuantiosas riquezas importa casi todos los accesorios necesarios  para sostener a su parque automotor. Desde hace meses, el venezolano ha visto desaparecer paulatinamente las unidades de transporte colectivo de las calles, ello debido al difícil acceso a repuestos, cauchos y autopartes que no se consiguen en el país y que deben pagarse en dólares a través de negociaciones informales.

Otro fenómeno que golpea aún más a los ciudadanos que utilizan este tipo de transporte, es la migración de las unidades de las rutas concesionarias a la “piratería”, es decir, los vehículos dejan de prestar el servicio de manera formal y cubren otras rutas de manera arbitraria, cobrando la tarifa que mejor le convenga y que suben de manera unilateral. Todo ello ocurre bajo el manto de la impunidad y la nula acción de las autoridades, que en meses pasados acordaron con el sector cobrar unas tarifas que nadie respeta.

Lasgas filas de personas aguardan por el escaso transporte que presta servicio a zonas periféricas de la ciudad

Muchos dueños de transportes colectivos han decidido conducir sus propias unidades y prescindir de terceros, ya que no se arriesgan a que la imprudencia y la falta de cuidados de choferes contratados, produzcan gastos que no pueden cubrir rápidamente para seguir manteniendo sus unidades operativas. José Martínez, propietario de un autobús de pasajeros que trabaja en el este de Caracas, relata que gasta menos manejando él mismo su unidad. “Con lo que hay que gastar en cambio de aceite y pagando un empleado, mejor manejo yo mismo y me evito más gastos”, sentenció.

Conocidas popularmente como «perreras», estas unidades particulares prestan el servicio que las rutas concesionarias abandonaron

Los paisajes de las principales ciudades del país, se parecen cada vez más a lo que antes era común en los pueblos y caseríos. Decenas de camionetas pick-up o pequeños camiones particulares circulan las calles llevando gente de pie y cobrando el monto que se les ocurre en el momento. Muchos ciudadanos recorren las distancias más cortas a pie y se confunden en las calles con los que buscan repuestos de vehículos, que cada vez escasean más ante el recrudecimiento del bloqueo económico.

El transporte de carga colapsa

Pese a las cuantiosas riquezas que tiene Venezuela, sus gobiernos no han invertido en algo que resulta obvio para casi todos los países del mundo: un sistema ferroviario de transporte. En años recientes el presidente Hugo Chávez formuló la propuesta de consolidar el Sistema Ferroviario Nacional, que recorrería de norte a sur y de este a oeste el territorio de ese país. La idea era conectar los puntos más equidistantes y abaratar los costos de transporte que suelen colocar un incremento significativo a los productos mercadeables.

Parte de la estructura inconclusa del Sistema Ferroviario Nacional. Un sueño de Hugo Chávez que no se materializó

El sueño no se materializó y hoy sólo se asoman estructuras abandonadas de las obras iniciales que se construyeron entre los centrales estados Aragua y Carabobo, dos de los ejes industriales más importantes del país. A cambio, toda una red de camiones y gandolas, cada vez más destartalados, recorre las vías terrestres venezolanas disparando los precios de todos los productos que consume el pueblo venezolano.

El transporte de carga hace milagros para seguir operativo

La señora Miledys Marcano, administradora de una distribuidora de calzado que opera en el centro del país, dice que para continuar despachando sus productos han tenido que subcontratar a empresas de transporte más grandes. “Nuestra flota de camiones, que contaba con cinco unidades, está totalmente paralizada por falta de repuestos. Unos no se consiguen, otros están carísimos, como es el caso de los cauchos”. Afirma la señora Marcano, que resulta mucho más económico contratar los servicios de otras empresas que viven de llevar encomiendas, eso sí, encareciendo sensiblemente el precio de los productos que vende.

RB

¿A qué se deben las colas en las estaciones de gasolina en Venezuela?

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