Nueva tragedia se cobra la vida de migrantes en frontera de EE. UU.

En abril, Óscar Alvarado, un migrante hondureño, y su hijo Jael de nueve años murieron ahogados en el río Bravo entre la frontera estadounidense con México, ante la mirada cómplice del mundo que sigue guardando silencio frente a las atrocidades y políticas que EE. UU ejecuta y que obligan a ciudadanos de decenas de países a emigrar.

Menos de seis meses después, el mundo vuelve a recibir la noticia de otra familia desmembrada que pierde a una madre y un hermano en el mismo río, nuevamente víctimas de la situación que por años ha ocasionado miles de muertes en ese territorio inhóspito y que no ha sido condenada por la Organización de Naciones Unidas.

Se trata Idalia Herrera, de 27 años quien iba acompañada de su hijo de dos años de edad cuando intentaba ingresar a territorio estadounidense para reunirse con su familia. Ambos eran originarios de la comunidad de El Limón, en Nacaome Valle (Honduras).

El deceso ocurrió el pasado 11 de septiembre en horas de la mañana y se produjo luego de que la mujer pasara meses en un albergue en México esperando una audiencia con el Servicio de Migración de EE. UU. para poder ingresar legalmente a esa nación.

Idalia y su pequeño, de nombre Iker, fueron arrastrados por las corrientes del río Bravo, sin que nadie pudiera rescatarlos. Autoridades de EE.UU. se movilizaron para recuperar los cuerpos de ambos. Desde el 2018 unos 35 migrantes han fallecido en el mismo sector.

ARG

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