#VTanálisis Sabotaje y bloqueo colapsan servicios públicos en Venezuela

Todo parece indicar que existe una estrecha relación entre las restricciones impuestas por Estados Unidos a la economía venezolana, y el acelerado deterioro de los principales servicios públicos, con la idea de impactar directamente sobre la población en su relación básica con la cotidianidad.

Se ha definido que el objetivo de esta guerra multidimensional y multiforme, recrudecida con la primera orden ejecutiva de EEUU en 2015, es que el pueblo “tire la toalla y abandone el combate” como ha señalado insistentemente el primer mandatario nacional. El bloqueo de EEUU sobre Venezuela, técnicamente, consiste en expulsar al país de los mercados financieros internacionales, lo cual impide que pueda renovar o adquirir nuevos títulos de deuda pública en los mercados de valores mundiales. También implica sanciones internacionales (impuestas por EEUU y la Unión Europea) que bloquean la economía del país y limitan el movimiento de los funcionarios del gobierno venezolano.

Tiene graves incidencias en el movimiento de recursos financieros en el exterior para generar pagos en divisa extranjera, lo que ha golpeado inclusive a particulares que reservaban sus ahorros en dólares en instituciones bancarias de afuera, donde le mantienen “secuestrado” su dinero debido a esta medida.

De ahí la aplicación del Programa de Recuperación Económica, Crecimiento y Prosperidad en medio de terribles dificultades, a la par del Plan de la Patria 2025, en ejecución, acompañado de la Agenda Económica Bolivariana y sus 16 motores productivos para garantizar el ensanchamiento de la capacidad de la economía real productiva del país y confrontar las embestidas externas, e internas.

Culpables visibles

Las opiniones más serias ponen también en la balanza el sabotaje de sectores políticos interesados en generar el caos y propiciar un estallido social, e incluso altísimos niveles de ineficiencia entre los operadores institucionales de dichos servicios, como lo declaró el presidente Nicolás Maduro durante la presentación de su memoria y cuenta 2020: “Queridos hermanos, si queremos definir las claves que conducirán nuestro accionar durante este año 2020, tenemos que encontrarnos con la necesidad de transformaciones profundas, insisto, de transformaciones profundas, de renovación permanente en nuestras prácticas y en nuestros métodos, de cambios a fondo que nos acerquen más aún a la vida de nuestro pueblo, del pueblo de a pie, de sus necesidades y esperanzas; es necesario tomar con fuerza una guerra contra todo lo mal hecho, contra la corrupción, contra el burocratismo bostezante y elitista…”.

La batida ha sido descomunal contra los servicios básicos que presta el Estado, muchos de ellos subsidiados prácticamente en un 100%: telefonía, agua, gas, transporte, gasolina y electricidad. Son los efectos innegables de la guerra no convencional, y de la falta de inversión en un parque industrial que nos permitiera generar independencia tecnológica y así sustituir definitivamente las importaciones.

Pero también hay que entender, que un país tan dependiente de las importaciones como Venezuela no puede activar su aparato productivo sin divisas.

Por ejemplo, la adquisición de repuestos para la refacción del sistema Metro de Caracas o para la distribución de piezas y autopartes a fin de renovar la flota del transporte público, es materia imposible en el actual estado de cosas. La recuperación de piezas eléctricas para rescatar los sistemas de bombeo de agua potable averiados por el recurrente saboteo al sistema eléctrico nacional, especialmente durante el año 2019, también suena lejano.

En la mayoría de los casos, se trata de tecnología importada gracias al flujo financiero que nos facilitó por años la economía rentista, y que hoy se encuentra contenida por las sanciones. Recientemente la Fundación Centro Nacional de Desarrollo e Investigación en Telecomunicaciones, Cendit, organismo dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología, echó mano de su personal obrero y tecnológico para recibir cientos de incubadoras y otros equipos médicos fuera de servicio, y así recuperarlos en lo que ellos han denominado la gran “cayapa heroica” que ha recorrido buena parte de la geografía nacional, rescatando aparatos que de lo contrario, permanecerían como desechos pues la empresa extranjera que se los vendió al país no puede (por efectos del bloqueo) ofrecer las piezas de repuesto a Venezuela.

Así las cosas, señaló el presidente Maduro al hacer entrega de su memoria y cuenta ante la Asamblea: “En el orden de la agresión brutal que les he descrito y que genera una afectación tremenda a nuestros ingresos, ¿es o no es una extraordinaria proeza? Pregunto al mundo, pregunto al mundo ¿es o no es una extraordinaria proeza que la inversión social integral del presupuesto, haya aumentado al 76 por ciento para este año 2020?”.

Los servicios que más duelen

La Organización de Naciones Unidas no reconoce sanciones: «las sanciones económicas mundiales y los embargos comerciales integrales aparecen hoy en día como medidas coercitivas obsoletas» indica en el artículo 41 de su carta fundacional. Agrega que «la experiencia muestra que las sanciones pueden tener consecuencias muy negativas para los civiles, especialmente para los grupos vulnerables».

Está probado que los efectos de las sanciones son prácticamente inútiles frente a la estabilidad política del país receptor. Cuba, por ejemplo, ha mantenido su línea de pensamiento 60 años después de la aplicación del embargo comercial, económico y financiero de Estados Unidos en octubre de 1960. Fidel siguió, luego Raúl y hoy Miguel Díaz-Canel.

Entre las consecuencias para nuestro país, la Unidad de Debates Económicos del CELAG calculaba, en un estudio que iba de 2013 a 2017, pérdidas por el orden de 350.000 millones de dólares en producción de bienes y servicios. El deterioro y las pérdidas acumuladas, no cabe dudas, golpean sustancialmente el escenario de los servicios públicos en 2020, adicional a una permanente campaña mediática que alimenta la percepción generalizada de que el país está al borde del precipicio.

El agua: prácticamente gratuito en toda Venezuela, mantiene una intermitencia agobiante con planes de abastecimiento que dejan a las grandes ciudades recibiendo el vital líquido por escasas horas en determinados días. Son restricciones que por tratarse de un recurso natural esencial para los seres humanos, generan muchísimo malestar.

 


La electricidad: ese prodigio de la modernidad, es otro servicio casi regalado que ha recibido una escalada brutal durante los dos últimos años, agudizándose con los grandes apagones nacionales de marzo del año pasado y cuyas consecuencias son casi devastadoras sobre otros servicios como el agua.

Transporte público y Metro: la crisis económica, el bloqueo y el saboteo han encontrado en estos servicios un caldo de cultivo para el estallido social, el cual parece ser la estocada final que pretenden los sectores de oposición (y el propio gobierno de Estados Unidos) a fin de dar al traste con el gobierno del presidente Nicolás Maduro, al estilo del llamado “caracazo” de 1989. En franco deterioro, no parece reversible la recuperación de ambos servicios.

Servicios como los de telefonía móvil y fija, que prestan las estatales Cantv y Movilnet, muestran un agotamiento acelerado tanto en lo que respecta al servicio telefónico en sí como en la conectividad a Internet, siendo angustiante para quienes requieren de su uso por asuntos fundamentales como el trabajo on line (la solución para mucho personal calificado desempleado) o para acometer básicas operaciones bancarias como pagar servicios, y lo demás.

Finalmente, la corrupción “roja rojita”, como la ha descrito en varias oportunidades el mandatario nacional, parece el último recurso que se ha probado para implotar la administración de los servicios públicos en Venezuela, gracias al consecuente descaro con que algunos operadores hacen gala de una total falta de sensibilidad frente a problemas básicos del pueblo que de recibir respuesta efectiva a tiempo, podría elevar su calidad de vida y disfrutar medianamente de las ventajas de lo que el comandante Chávez llamó el buen vivir.

Marlon Zambrano/VTactual.com

Metro de Caracas: un sistema «mata votos» en la capital venezolana

Artículos relacionados