Perfil psicológico de un pueblo bajo asedio

Por Jessica Sosa

Que la dominación silenciosa, esa que viene con la guerra psicológica que aplican los imperios contra los pueblos libres, ya ocurrió en Venezuela. Expertos han podido demostrar las más recientes operaciones psicológicas contra los habitantes del país caribeño.

¿Cuáles han sido los efectos que han tenido los ataques a la psique colectiva del pueblo venezolano? Para esto, el equipo de VTactual.com contactó a dos psicólogos, Ovidia Suárez y Fernando Giuliani, quienes han sido estudiosos de estos temas.

Resulta curioso que a pesar de 20 años de ataque sostenido a través de la industria cultural y más recientemente, a través de las redes sociales y los llamados fakenews, los venezolanos continúan con su vida. Los objetivos que persigue este tipo de asedio, que son la guerra civil y el cambio de gobierno, no han sido alcanzados, pero es interesante poner sobre la mesa las razones de este fracaso.

Ataque diferenciado

Según ambos especialistas, es importante resaltar que la guerra psicológica ha sido segmentada, es decir, hay un tipo de mensajes para la población chavista y otro para el sector de la oposición, los dos grandes bloques que la conforman. Ambos expertos, creen que es imposible que exista una población que no se incline por alguna de las dos tendencias en la actual sociedad polarizada y son justamente estas, los blancos de los ataques.

«Los objetivos de la guerra psicológica a la luz de la guerra no convencional, son generar altos niveles de incertidumbre, estados de ánimo, sentimientos y pensamientos relacionados con el miedo, la impotencia, e ira en términos generales, luego esto se bifurca», sostiene Giuliani, quien identifica claramente lo que se busca con cada segmento de la población.

Respecto a la oposición, refiere que los mensajes están orientados a posicionar en los imaginarios colectivos que en Venezuela hay una dictadura y que allí radica el principio y el fin de cada uno de los problemas que existen.

Añade que esto, genera posturas rígidas, se suele sostener que no hay salida y las únicas salidas son violentas, «se encierran en sí mismos y no hay visiones alternativas, te tienes que sentir mal, por eso vemos expresiones que parecen tan exageradas que cuesta creerlo, cuando la gente no se permite estar bien o conectarse con algo positivo, por ejemplo, cuando dicen que durante el Carnaval no salió nadie, cuando las playas estaban llenas de gente, porque no admiten que efectivamente puede haber otra realidad o sentirse con otro estado de ánimo distinto a la amargura, a la impotencia».

Otro elemento a considerar, es que ante la permanente fijación de fechas para salidas inmediatas, que ha sido siempre la oferta de la dirigencia opositora, para sus seguidores es imposible canalizar a través de mecanismos políticos, eso ha propiciado «altísimos niveles de desesperanza, mucha rabia y en buena parte de ellos un gran resentimiento, todo dirigido hacia el gobierno y la chavismo».

Entretanto, el chavismo también está en la mira de la guerra psicológica, «el gran objetivo para este segmento de la población es desmoralizar en su proyecto en su dirigencia el sueño político, a medida que se desmoralice y pierda la esperanza  de que es posible una sociedad incluyente, igualitaria, genera desde el punto de vista psicológico un desánimo importantísimo y altísimos niveles de frustración», afirma Giuliani.

Sin embargo, agrega que el chavismo mantiene la credibilidad en su dirigencia y un pensamiento más flexible, aclara que a pesar de vivir también las dificultades que existen actualmente en el país en todos los ámbitos de la vida, su actitud frente a eso es distinta.

Para Ovidia Suárez, esto se debe a que existe una conciencia del momento histórico que atraviesa el país y de las capacidades individuales y colectivas que se tienen para resolver los conflictos y la gente encuentra «cómo hacer torta de arroz o cómo hacer una torta con solo dos ingredientes, cómo sustituir las proteínas, la gente se reúne e intercambia sus nuevos mecanismos, la gente se da una mano«.


Resiliencia

«Cenamos esas noches sin luz. Los carajitos jugaron a echarse cuentos sin luz, le bajamos la fiebre a nuestra niña en la oscuridad. Nos bañamos sin luz. En la oscuridad, amamantamos al menor, se guió por el olor de la teta de su mamá, no necesitó luz. Resistimos sin luz. Sin luz, nos fuimos durmiendo, ese sueño del que está alerta, con las botas puestas, pues. Sin luz, nos despertó el cuerpo caliente de la niña; sin luz le pusimos sus trapitos y sin luz fue bajando la fiebre. En la oscuridad se hizo más firme nuestra resolución terca, intransigente, caribe, de resistir.» Julia Méndez. Barrio Bolívar, La Pastora.

Tomado del portal Misión Verdad «Diez minicrónicas de resistencia en medio del apagón»

Para Suárez, el punto de partida es el concepto de salud mental desarrollado por el venezolano José Luis Betancourt, que la define como la capacidad para sufrir y gozar en estado de libertad interior, en adecuada proporción al motivo del sufrimiento o de goce. La psicóloga refiere que según esta concepción, los individuos deben responder  a lo que está sucediendo en el medio ambiente, proporcionalmente a lo que eso le genera».

En ese contexto, frente al ataque sistemático desde el punto de vista psicológico, la reacción del pueblo venezolano no ha sido como se esperaba desde los laboratorios que fabrican este tipo de asedios, «creo que hay una gran parte de la población venezolana, que ha asumido el proceso de la salud mental de una manera mucho más equilibrada, donde la acción frente a los sucesos ha sido bastante positiva para la construcción de una sociedad equilibrada. Eso significa que la sociedad venezolana ha logrado, frente a algunas dificultades en relación con la adquisición de alimentos, fallas de transporte, acceso a los medicamentos, hemos tenido unas emociones coherentes en función de resolver la situación, hemos inventado, nuevas recetas, acciones personales o colectivas en función de resolver la situación del transporte, atender las enfermedades, etcétera», explica.

El apagón ocurrido el pasado 7 de marzo en Venezuela, producto de un sabotaje cibernético al cerebro del sistema eléctrico nacional generado desde el exterior, según han denunciado sus autoridades, reveló las fortalezas por las que los venezolanos no sucumben, ni ante las peores circunstancias. De hecho, Ovidia Suárez narra que en medio de la oscurana le dio la cola a una vecina, «tenía tiempo que no la veía y le pregunté cómo le estaba yendo, me dijo: no tenemos luz ni agua ni señal, pero pa’ lante, todo bien” .

Suárez admite que a pesar de que esos momentos salen a relucir algunas miserias, no obstante resalta que «lo que vas a encontrar es la solidaridad y  las bondades del venezolano para con el otro. En medio de la oscurana, sacamos  los juegos de mesa, salimos a jugar con los muchachos, con los vecinos y eso es positivísimo porque estamos reunidos, compartiendo, apoyando la cotidianidad y en ese sentido, de alguna forma se estimula la empatía que permite la solidaridad, compasión», dice y reitera que la calidad humana que existe entre los venezolanos es algo de lo que «deberíamos sentirnos muy orgullosos».

La psicóloga reseña que así es la cultura del venezolano, «somos  justamente eso históricamente y hay como más conciencia de ello cada día más. Nuestro ejército salió a libertar otras naciones no a destruirlas y eso es una lección. Tenemos pueblos originarios que no tenían imperios como los aztecas o los mayas, los nuestros eran pueblos originarios cooperativos, libres, venimos de pueblos que no conquistaban para someter, ni tenían que ver con la dominación hacia el otro sino con el respeto hacia el otro, venimos con una cultura de solidaridad y respeto que la mantenemos, a pesar de todo los esfuerzos que se hayan hecho para romper lo  que somos».

El arma secreta

En medio de todo, los venezolanos, o la mayoría de los venezolanos, parecen tener un arma secreta ante la adversidad y es su permanente buen humor. «El carácter lúdico, eso que el venezolano de todo hace un chiste es impresionante, es inagotable, pareciera increíble que en medio  de situaciones tan difìcles y a veces an dramáticas, aparece el chiste y ¿què hace eso? Funciona como una válvula de escape, no para escapar de la realidad, sino para aliviar la situación», reflexiona Giuliani.

Como ejemplo, cita la autojuramentación de un diputado venezolano como presidente del país, con apoyo de Estados Unidos, «es gravísimo lo que hizo (Juan) Guaidó y nadie pierde de vista lo grave que es, pero la retahíla de cosas con que la gente se burló, gente que se empezó a autoproclamar de distintas cosas, eso condimenta la situación con un sentido lúdico y permite poner distancia con el elemento dramático».

A esto, Suárez agrega que el venezolano en general está conectado con la alegría, «con la esperanza y eso en fin, te conecta con la vida. El humor es una herramienta de la alegría. El venezolano es jocoso, fiestero, hasta de los peroes momentos saca una diversión y eso tiene que ver con que somos principalmente amorosos, es una de nuestras mejores herramientas para sobrellevar todolo que nos ha pasado».

Finalmente, Giuliani advierte que la cultura venezolana rechaza la conflictividad y la violencia, » la idiosincrasia del venezolano tiene que ver con lo afectivo, lo lúdico, son sujetos que se vinculan de inmediato, hacen amigos enseguida. Eso ha actuado, aunque no de manera explìcita, como un dique de contención , no es tan fácil penetrar una cultura como ésta».

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