Pompeo: Un halcón al frente de la diplomacia de EEUU

El gobierno de Donald Trump se ha caracterizado por poner en práctica una política exterior poco amigable con el resto del mundo. Comunes son los desencuentros que el magnate presidente ha tenido con sus aliados y más aún, con sus adversarios, que, en la gran mayoría de los casos, son sencillamente países que se niegan a seguir las órdenes de Washington. La designación de Mike Pompeo al frente del Departamento de Estado parece que tal caracterización solo se agravará.

El nuevo Secretario de Estado de Estados Unidos, -jefe de la diplomacia gringa- es el habitual halcón estadounidense que no escatima recursos para defender los intereses de la élite que gobierna dicho país. Su formación, su trayectoria política y sus declaraciones así lo confirman. No se trata de un fanfarrón como Trump; por donde ha pasado Pompeo, se ha destacado.

Este político de carrera, de 54 años de edad, empezó su formación en la prestigiosa Academia Militar de West Point, siendo el primero de su clase en 1986. Nunca llegó a entrar en combate. Posteriormente, se licenció en Derecho en la Universidad de Harvard e inició su carrera política como congresista por Kansas en 2011. Durante su paso por el Congreso estadounidense, formó parte de los comités de Inteligencia, Comercio y Energía de la Cámara de Representantes.

Pompeo
Pompeo es conocido por sus posturas agresivas contra sus adversarios.

Es miembro del partido Republicano y del ultraconservador Tea Party, caracterizado por sus posiciones retrógradas y ultranacionalistas, que se identifican con la visión del Destino Manifiesto. También es dueño de la empresa Thayer Aerospace, que fabrica piezas para aviones, y de una firma que suministra insumos a yacimientos petrolíferos.

A lo largo de su carrera nunca ha ocultado su hostilidad hacia los “enemigos” de Washington y siempre ha pujado por acciones agresivas y hostiles contra quienes no resguarden los intereses de su gobierno.

“Para ser exitosa, la CIA debe ser agresiva, implacable, tenaz”, afirmó luego de convertirse en director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), por designación de Trump a principios de 2017.

De hecho, esta nominación causó controversia debido a que en 2014 había defendido el waterboarding o simulación de ahogamiento por parte de la CIA, ya que no “contravenían” las leyes estadounidenses ni la Constitución. Además, afirmó que quienes cometían esta práctica no eran torturadores, sino “patriotas”. En aquel entonces, también respaldó mantener abierta la ilegal Cárcel de Guantánamo, el lugar donde precisamente se cometían a diario estas acciones que violan los derechos humanos.

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Para Pompeo, Edward Snowden (izq.) y Julian Assange (der.) son criminales de guerra, que deben sufrir la pena más dura.

También respaldó el programa de recolección masiva de datos personales por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) e incluso, abogó fortalecerlo, violando claramente las propias leyes estadounidenses, que tanto «defiende». Además, pidió la pena capital contra Edward Snowden por revelar este y otros programas de la inteligencia gringa.

Pompeo también sufre de una clara islamofobia. Tras el atentado de Boston en 2013, este halcón responsabilizó a los líderes religiosos musulmanes del acto terrorista.

«Cuando los ataques terroristas más devastadores en Estados Unidos en los últimos 20 años vienen en su mayoría de personas de una sola fe, y se llevan a cabo en el nombre de esa fe, una responsabilidad especial recae sobre aquellos que son los líderes de esa fe», expresó Pompeo. Cabría preguntarle si el Papa y otros líderes religiosos del cristianismo tienen responsabilidad en las invasiones, guerras y otras atrocidades cometidas por Occidente en todo el mundo, especialmente en Medio Oriente.

Esta islamofobia se ve reflejada en su postura anti Irán. Es bien conocido su rechazo al pacto nuclear con Irán, suscrito por EEUU durante la administración Obama, junto a Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania, tanto así que aboga por un ataque militar contra las instalaciones nucleares iraníes, además de una mayor cantidad de sanciones. Estos son los medios ideales, afirma Pompeo, para “hacer frente” al país persa.

No muy diferente es su postura contra Venezuela, Afganistán y Corea del Norte; en el caso de este último, más sanciones y una fuerte presión política contra Pyonyang es la fórmula que pregona Pompeo, incluso cuando el líder norcoreano, Kim Jong-un, ha mostrado una clara receptividad a la desnuclearización de la península.

En resumen, queda claro que una persona con claras tendencias a la confrontación, la guerra, la violación de leyes y derechos con tal de defender sus intereses, será quien encabece la diplomacia de un país que busca, a como dé lugar, mantener su hegemonía en el mundo.

JA

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