La polémica historia de la Policía Política en Venezuela (Parte I)

Si algo caracteriza a las policías políticas de cualquier país, es que se han dedicado a cuidar los intereses de los gobernantes de turno y en Venezuela no ha sido diferente. Así vemos como durante la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935) se crea “La Sagrada”, un cuerpo de policía que perseguía a quienes se oponían al régimen.

Posteriormente, durante el Gobierno de López Contreras (1935-1941), se transformó en la Seguridad Nacional, tristemente célebre debido a las torturas y violaciones a los Derechos Humanos durante la Dictadura de Pérez Jiménez (1952-1958). Con la Democracia Representativa en la década del 60, cambió su nombre a DIGEPOL y reforzó el marcado carácter anticomunista que ya traía desde los tiempos de López Contreras.

Rómulo Betancourt, el padre de la DIGEPOL

Los militantes de izquierda eran considerados enemigos internos de la nación y debían ser “neutralizados” para evitar que el efecto de la recién triunfante Revolución Cubana y su proyección se extendieran en nuestra tierra. Con la DIGEPOL nació la figura del “desaparecido”.

El hedor de los cadáveres esparcidos por la geografía venezolana hizo que el 19 de marzo de 1969, el entonces Presidente de la República Rafael Caldera, creara la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) con la idea  de hacer borrón y cuenta nueva.

Con el primer mandato de Caldera (1969-1974)  y la supuesta “pacificación” que trajo consigo surgió la percepción de que la persecución y exterminio de los movimientos de izquierda había desaparecido. Sin embargo, se trataba de un espejismo, ya que la tendencia anti izquierdista continuaba.

En las filas de la Disip estaba el agente de la CIA, Luis Posada Carriles (Comisario Basilio), quien además de entrenar a sus funcionarios con la doctrina y metodología de la Escuela de las Américas, fungió como “informante” junto con otros agentes infiltrados para ese cuerpo de inteligencia estadounidense.

El cubano anticastrista Luis Posada Carriles operó en Venezuela en los años de la naciente DISIP. Dejó escuela en tortura y malos tratos.

Uno de los discípulos más aventajados de Posada Carriles sería Henry López Sisco (Comisario Giovanni), hijo de un cuadro destacado de la DIGEPOL y formado en la Escuela de las Américas con cursos en el Mossad israelí y el M15 británico, entre otros.

Este personaje ha sido responsable del secuestro, torturas y asesinato del fundador de la Liga Socialista, Jorge Rodríguez, de las Masacres de Cantaura, (1982), Yumare (1986) y El Amparo (1988). Al igual que su mentor, desarrolló un particular “afecto” por el C4 al involucrarse en el escándalo de los “sobres bomba” en 1993.

Henry López Sisco, en su paso por la DISIP, aplicó los conocimientos adquiridos en la Escuela de las Américas y el Mossad Israelí.

La “máquina de fabricar culpables”

En la década del 70 este cuerpo de inteligencia secuestró y torturó a  miembros de la Liga Socialista ante la necesidad “fabricar culpables” para calmar al gobierno norteamericano por el secuestro del Vicepresidente de la Owens Illinois en Venezuela Frank William Niehous en 1976. Ese evento le costó la vida al dirigente político de izquierda Jorge Rodríguez, padre.

Las masacres de Cantaura y Yumare fueron “trampas” montadas por infiltrados de ese cuerpo de policía en las que ejecutaron a militantes de Bandera Roja (Cantaura) y Punto Cero (Yumare). Fueron emboscadas y ejecuciones que “maquillaron” como combates.

El caso más escandaloso fue el de la Masacre de El Amparo, ya que después de asesinar a 14 pescadores que estaban haciendo un sancocho en el Caño La Colorada del estado Apure, los vistieron de guerrilleros para acusarlos de “guerrilla colombiana”.

El cóctel explosivo de los 90

A principio de la década del 90 se llevó a cabo una serie de atentados dirigidos a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que estudiaban la apertura de un antejuicio de mérito contra el ex Presidente Jaime Lusinchi por uno de los escándalos de corrupción más sonados de su mandato: el caso de los “Jeeps de Ciliberto”.

Las pesquisas dirigieron las sospechas hacia Maximiliano Monsalve Planchart, ex Comisario de la Disip, debido a que uno de los sobres contenía sus huellas dactilares. Este personaje trabajó bajo las órdenes de Orlando García, un cubano del clan de Posada Carriles, ex Jefe de Seguridad de Carlos Andrés Pérez. Durante el gobierno de Lusinchi ingresó al grupo Especial de Comandos de la DISIP liderado por Henry López Sisco involucrándose en la Masacre de El Amparo (1988).

El caso de los sobres bombas estremeció a la sociedad venezolana en la década de los ´90.

Las investigaciones arrojaron que López Sisco había servido de intermediario entre Lusinchi y Planchart para la ejecución de los atentados. En aquel entonces, López Sisco vivía en Miami y el escándalo de los “Sobres Bomba” fue de tal magnitud, que el FBI, al saber que este personaje estaba siendo investigado por casos de terrorismo, lo conminó a regresar a Venezuela para las investigaciones.

Tras el juicio, el ex comisario Henry López Sisco quedaría recluido en la Zona 2 de la Policía Metropolitana y a Planchart en el Cuartel San Carlos. Pese a la condena de 24 años Henry López Sisco volvió a la calle y estuvo entre las personas que protagonizaron los actos violentos contra la embajada de Cuba en abril de 2002. Sobre Maximiliano Monsalve Planchart no se conocen mayores datos.

Enza García Margarit

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