#VTanálisis Plaza Altamira se reedita en barrio de Salamanca de Madrid

El barrio de Salamanca en Madrid, un paraíso perfectamente edificado para gente perfecta en la zona más costosa de la capital española. Su origen data de la segunda mitad del siglo XIX, cuando José de Salamanca y Mayol, Marqués de Salamanca, se hartó de que la aristocracia y la más alta burguesía madrileña, conviviera con el perraje. En el Ensanche de la ciudad se construyó este distrito lleno de glamour, lujo, confort y distinción. Pero hace unos días la banalidad elevada a la máxima potencia detuvo sus excesos para seguir el ejemplo que Caracas dio; más bien el que dio la Plaza Francia de Altamira en esa ciudad del tercer mundo.

Las protestas iniciadas en el exclusivo barrio de Salamanca contra el gobierno de Pedro Sánchez, no resultan la primera vez que las clases más acomodadas levantan su voz para hacerse cómplice de la salida irregular de un gobierno democrático. La historia nos trae ejemplos como Vitacura o Providencia, dos de los barrios más lujosos de Santiago de Chile que impulsaron el desenlace fatal del gobierno de Salvador Allende. En la Venezuela de Hugo Chávez, fue Chacao, el municipio más caro del país petrolero, el escenario para el golpe de Estado, alzamientos militares y las guarimbas.

Lo de Salamanca en Madrid tiene un parecido casi al calco de los dos ejemplos citados, solo que, en una acción de profunda imprudencia, las protestas se realizan en plena cuarentena por la pandemia del Covid-19, violando todas las normas de distanciamiento físico.

¿Y es que los ricos no tienen derecho a protestar?

Con esa pregunta muchos de los manifestantes de aquí y allá, esconden sus verdaderas intenciones. Ni los «cuicos» de Chile, los «sifrinos» de Venezuela o los «pijos» de España, han pasado trabajo, quedado sin hogar, sin propiedades o lujos durante gobiernos progresistas. Las protestas de estos sectores radican en la pérdida de privilegios, o mejor dicho, el otorgamiento de derechos sociales negados a los sectores que no los tenían. Para estas clases el asunto de la igualdad tiene sus límites.

Tras las protestas de la más exclusiva burguesía de Madrid, han saltado a las redes incontables críticas y mofas sobre la opulencia de los manifestantes, los lujos y las excentricidades propias de este sector social que, como es de suponer, no representa el espíritu de las mayorías. Pero las experiencias relatadas anteriormente, hacen que no se deba desestimar este movimiento nada espontáneo, ya que es un sector acostumbrado históricamente a salirse con la suya.

Sifrinos en el barrio de Salamanca

Sifrino es una palabra que se usa en Venezuela para definir a las personas de las clases más acomodadas, sus equivalentes en España son llamados pijos y ambos se han unido en estas manifestaciones contra el gobierno español en plena pandemia. Es un hecho público, dado que a estas personas les encanta divulgar su vida privada, que muchos venezolanos de alto poder adquisitivo viven hoy en el barrio de Salamanca, uno de ellos es el exalcalde y prófugo de la justicia Antonio Ledezma.

Las casualidades en cuestiones políticas, son muy raras. La presencia de líderes de la oposición violenta venezolana en las manifestaciones del barrio de Salamanca, disminuyen la posibilidad del azar.

Las pintorescas protestas que otrora organizara este sector en la Plaza Francia de Altamira, en Caracas, tienen un tinte organizativo tan similar que es difícil creer en casualidades. Vestir perritos con la bandera, la simbología utilizada, el grito de «fuera» y «libertad» y la arrogancia con la que se desafía a la autoridad, son algunas de las similitudes compartidas.

No hay que olvidar la alianza que el Partido Popular, Vox y Ciudadanos, toldas de ultraderecha en España, tienen con sus pares Acción Democrática, Primero Justicia y Voluntad Popular en Venezuela. Todos ellos, con distinta fuerza y métodos reman hacia el mismo lado y coordinan acciones de estrategias política en ambos extremos del Atlántico.

El privilegio de violar la cuarentena

Las protestas en el barrio de Salamanca hicieron su trabajo: captaron la atención de los medios de comunicación. A partir de entonces las manifestaciones se han extendido hacia otros sectores de la capital española, incluso a otras ciudades del país. Sí, como el Coronavirus.

Estas manifestaciones se oponen también a las medidas de protección contra la pandemia en uno de los países con más víctimas fatales de Covid-19. Además de ello no cuentan con convocatorias oficiales, ni con los permisos para llevarse a cabo, por lo que su realización resulta aún más peligrosa al no contar con la protección adecuada.

De momento no hay violencia en este tipo de actividades, pero al contar con el asesoramiento de líderes políticos de la extrema derecha venezolana, las protestas podrían salirse de control, tal como ocurrió en la nación suramericana.

Randolph Borges/VTactual.com

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