Manual -dolarizado- para comprar un vehículo en Venezuela

Toyota Corolla básico cuesta en Miami 22 mil dólares pero el mismo modelo en un concesionario nacional es ofrecido en $26 mil (solo se paga en bolívares los gastos de nacionalización y administrativos).

El mercado automotriz en Venezuela –como muchos otros rubros en el país petrolero- está liderado actualmente por la importación. No solo de vehículos listos, sino de piezas y aditivos.

Los potenciales compradores de autos en el país petrolero pueden optar por adquirir uno nuevo de fabricación nacional (en realidad de “ensamblaje” local) en algún concesionario con inventario disponible o uno importado -directamente o a través de empresas para dicho fin-.

La producción nacional ha caído a niveles alarmantes -de 421.899 unidades ensambladas en 2007 a solo 724, diez años después– según La Cámara Automotriz de Venezuela, Cavenez.

Estas unidades 0 kilómetros se pueden adquirir cancelando una parte en bolívares y otra en dólares.

A través de los concesionarios autorizados, en el primer trimestre de 2018, se vendieron 350 unidades de origen doméstico y 1 importado. Comparado con las 665 unidades comercializadas en el mismo período de 2017 la contracción fue de 47,4%.

La comercialización fue liderada por Toyota de Venezuela, seguida de Ford Motors de Venezuela y Chrysler Automobiles (FCA Venezuela).

Toyota posee los dos modelos más comercializados en esa fecha: Hilux y Fortuner. Un par de ensambladoras transitan dos años sin producción: Iveco y MMC Automotriz (que distribuía Mitsubishi y camiones Fuso).

Recordemos que General Motors Venezolana, quien fue líder en producción y ventas por más de 35 años, cerró operaciones en el país, al igual que Fiat.

Ventajas comparativas

Las diferencias entre adquirir un vehículo “nacional” o uno importado son básicamente dos: El tiempo de espera para la recepción y el precio. Por tal razón, la gran mayoría de compradores de carros nuevos prefiere la segunda opción.

La compra de un vehículo nuevo ensamblado en el país podría demorar hasta cinco meses. Por la falta de disponibilidad, los concesionarios ofrecen escasísimas oportunidades y en la mayoría de los casos los automóviles son comprados para ser revendidos.

El llamado “bachaquerismo” (reventa con sobreprecio de productos escasos) que se ha apoderado de la microeconomía venezolana también opera en el sector automotriz.

En cambio, traerlo de afuera puede tardar aproximadamente dos semanas.

Valga destacar que la mayoría no son realmente carros “de paquete” sino unidades que sufrieron algún desperfecto en los concesionarios de origen y no pueden ser vendidos como nuevos.

Los vendedores venezolanos se los compran a las aseguradoras en Estados Unidos (Miami prinicipalmente) y los venden en Venezuela como nuevos.

Sin embargo, la razón principal para decidirse por un vehículo importado en vez de uno nacional es la diferencia de precio.

Por ejemplo, un Toyota Corolla básico cuesta en Miami 22 mil dólares pero el mismo modelo en un concesionario nacional es ofrecido en $26 mil (solo se paga en bolívares los gastos de nacionalización y administrativos).

El porcentaje de diferencia en el precio de un auto nacional o uno importado ronda el 20%. El caso se repite en la gran mayoría de las marcas y modelos aunque en el caso de autos de alta gama el porcentaje aumenta.

Augusto Rincón, agente de aduana, explicó a VTactual que tras la publicación del decreto 625 del año 2014 (que permite la compra de automóviles en dólares) es muy fácil tramitar la licencia de importación y seguir privilegiando la economía de puerto.

El sector automotriz tiene una gran cantidad de conexos, desde el ensamblado hasta los repuestos, pasando por los concesionarios, los fabricantes de autopartes y los mecánicos.

“Para mí, en lo particular es mejor porque vivo de eso, pero para el país no porque la industria automotriz generaba más de 100 mil puestos de trabajos directos e indirectos”, dijo.

Si bien es cierto que el actual censo automotriz que adelanta el gobierno venezolano se espera que impacte positivamente en el parque automotor criollo –estimado en 4 millones 750 mil unidades-, mientras permanezca la hiperinflación y el bloqueo financiero contra el país suramericano, resulta difícil que la industria de ensamblaje y venta de automóviles mejore sustancialmente y vuelva a sus mejores tiempos, cuando ocupó el tercer puesto en Suramérica y el cuarto en América Latina.

Obvio, ante la caída de los precios del petróleo –ya en recuperación- y el asedio económico internacional, el gobierno de Nicolás Maduro prioriza la asignación de divisas subsidiadas para las importaciones estrictamente esenciales: alimentos y medicinas.

Mientras el panorama mejora, solo podrán acceder a vehículos nuevos quienes posean los dólares suficientes para comprarlos, bien sea en el país o en el extranjero.

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