Ni las mascotas se salvan del terrorismo de la derecha en Venezuela

Los seres más vulnerables del planeta, los niños y los animales, son blanco fácil de destrucción por parte de los grupos terroristas financiados por los dirigentes de la oposición al gobierno en Venezuela.

Seres que no saben de maldad ni odio, no son opositores ni chavistas, no saben de Marx o de Rockefeller, son simplemente criaturas que nos hacen felices y sacan lo mejor de nosotros en este transitar de la vida. ¿A quién no le invade la ternura cuando tiene a un bebé, o a un cachorrito ingenuo en los brazos?

Pero a los violentos, esos que quizás esconden bajo su conducta las miserias existenciales inacabadas, a esos la vida les estorba tanto como los traumas sicológicos que cargan encima y con los que no pueden lidiar; al menos no de otro modo que no sea expresándolo a través de sus actos vandálicos.

Kity, una gatica rucia, fue víctima del odio opositor el pasado 21 de abril; su pecado fue ser acogida con amor por una chavista que distribuye las bolsas Clap en su comunidad.

Cuenta su madre, Verónica Díaz Hung (quien vive en un sector clase media de Caracas) que su gata fue encontrada con un golpe en la cabeza que le quitó la vida, una acción que ha sido recurrente en la zona donde vive, donde la mayoría son de tendencia opositora.

Kity no disfrutó de sus siete vidas, a ella la primera vez que sufrió un accidente casi mortal, la salvó la Misión Nevado, un programa social creado por Hugo Chávez en defensa de los animales del país, en el cual se atiende de manera gratuita a los animales domésticos, dándole prioridad a los que viven en la calle.

Según narra Verónica en su crónica «A Kity me la salvó Misión Nevado pero me la mató el fascismo», publicada en el portal Ecopopular, ella ha sido víctima de muchos ataques e insultos por pertenecer al CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) de su urbanización.

«Desde que asumí esta responsabilidad no ha cesado la avalancha del odio fascista que profesan algunos opositores. Muchos son vecinos que nunca había conocido, pese a que habito en la misma casa donde nací y crecí, y ahora que sé su nombre porque quieren comprar la bolsa del CLAP, me insultan y no ocultan su odio, por la simple razón de que yo soy “una maldita chavista”, indica Verónica.

Los Clap son una forma de organización popular encargada, junto al Ministerio de Alimentación, de la distribución casa por casa de los productos regulados de primera necesidad, creados para hacerle frente al boicot económico en Venezuela.

Hace unos días ella fue amenazada por una vecina opositora que se mudó de su calle, por esta razón ya no puede recibir bolsas en ese CLAP, dado a que éstas son organizaciones territoriales. A la señora se le informó que se debía censar en la zona en la que ahora vivía para que pueda recibir nuevamente este beneficio del Estado venezolano.

«Ella escribió a través del Whatsapp “no sabes con quien hablas, veremos sorpresas”…Y al día siguiente mi gata apareció asesinada por un golpe con un objeto contundente en su cabeza. Yo no sé si ella tuvo alguna relación con la trágica muerte de Kity, pero fue una coincidencia muy extraña» aseguró Verónica.

Pero Kity no es la única felina víctima de la violencia política de la derecha. El pasado 4 de abril, transeúntes de Caracas resultaron alarmados al ver que entre los objetos quemados por los protestantes estaba en cuerpo calcinado de un gato, según reportó un usuario en Twitter:

 

Durante los actos terroristas del año 2014, conocidas también como «Guarimbas», grupos radicales quemaron al perro de un reconocido director de la Orquesta Sinfónica de Maracaibo (Zulia), Havid Sánchez, quién un día antes había sido agredido fuertemente por opositores que mantenían una guarimba cerca de su casa, tras interceder por una familia que intentaba llevar a su hijo al médico y no podía atravesar una barricada cercana a su casa.

Este fue su testimonio, recogido por la emisora Alba Ciudad 96.3 FM en Caracas el pasado 17 de marzo del 2014:

 

En febrero de ese mismo año, varios colectivos de rescatistas de la Misión Nevado, denunciaron que grupos violentos presuntamente incendiaron perros callejeros con gasolina durante varias manifestaciones de la oposición venezolana.

 

Hoy Kity, y muchos otros seres indefensos como los bebés y recién nacidos del Hospital Materno Infantil Hugo Chávez, son víctimas del odio que un sector político venezolano ha inoculado en sus seguidores, llevándolos a cometer actos que atentan contra toda la racionalidad que, según la ciencia, distingue al Homo Sapiens del resto de los primates en la cadena evolutiva del reino humano: la sapiencia.

«Descansa en paz querida Kity. Tú no eras ni chavista, ni opositora. Tú no debiste ser otra mártir de esta locura que otra vez sacude a Venezuela» finaliza con tristeza Ana Verónica Díaz Hung en su crónica personal.

AMR

 

Artículos relacionados