Cuando el Neoliberalismo viaja sobre cuatro ruedas

Ana sentía que era su día de suerte y estaba feliz. Aquella mañana le habían regalado un par de pases para un espectáculo que ansiaba ver pero que su modesto presupuesto no podía costear. A la salida de la obra, atravesó apurada el lobby del teatro sin detenerse a saludar a los conocidos que vio a los lejos. Ya eran más de las 8 de la noche y – después de cierta hora – no se consigue transporte colectivo para llegar a su casa.

Ella no vive en una «ciudad dormitorio». Reside en una parroquia en el suroeste de la capital bastante céntrica ; pero que no goza de servicio de Metro ni de Metrobús. Como a un cuarto para las 9, Ana recorrió a prisa la cuadra que va desde la estación de metro de Capitolio y su parada de autobuses. Ahí comenzaría el verdadero drama de la noche.

Había cerca de 12 personas haciendo cola en la parada. Las unidades vacías iban y venían por la avenida con las luces apagadas. Cada cierto tiempo se detenía alguna camioneta pick up o una carcacha carcomida y oxidada que fungía de carrito por puesto. Ofrecían dejarlas “botadas” cerca de su casa cobrando tarifas entre 5.000 y 10.000 bs por pasajero. Gracias a este tipo de “servicio” era que la cola no crecía mucho en la parada debido a los «desesperados» que se subían en ellas.

Los vehículos «por puesto» son una de las pocas opciones que les quedan a los usuarios quienes agarra la noche fuera de sus casas.

Después de más de 45 minutos esperando una buseta las “llagas por puesto” comenzaron a parecerles unas verdaderas limusinas. Pero ni Ana ni su acompañante tenían efectivo suficiente para pagarlas. Tras una hora de espera consiguieron un taxi que les cobró a través de la plataforma de pago telefónico 50.000 bs por una carrera de 10 minutos de duración. Así, de un tirón, se les fue la tercera parte de un salário mínimo.

Es que en nuestras ciudades no hace falta plantarse en una plaza para establecer una especie de gobierno paralelo. Eso lo saben muy bien los gremios del transporte superficial en Venezuela.

Un servicio privado, anárquico y autoritario

A diferencia de los sistemas de transporte superficial urbano en casi todos los países del mundo, en Venezuela se encuentra en manos de particulares desde hace décadas. Y ni siquiera se trata de “empresas” sino de personas que tienen de una a varias pequeñas unidades – llamadas busetas – y las ponen a circular. Dichos particulares están agremiados y se cartelizan para imponer sus intereses pecuniarios por encima del bien común y de las leyes.

En estas unidades los pasajeros son objeto de especulación y maltrato por parte de los colectores en medio del hacinamiento en el que se desplazan

En teoría, el Ministerio del Poder Popular para el Transporte Terrestre y las diferentes alcaldías del país regulan el servicio. Sin embargo estos entes se “pelotean” entre sí su responsabilidad dejándo el “campo abierto” para que los gremios del transporte violen las leyes e impongan las suyas a los usuarios.

Adiós a la gratuidad del pasaje a la Tercera Edad y del Medio Pasaje Estudiantil

Durante el Gobierno del Comandante Chávez se estableció la gratuidad del pasaje a las personas de la Tercera Edad. A partir del 2016 los transportistas comenzaron a cobrarles la mitad. En el 2019 tienen que cancelar el pasaje completo so pena de ser insultados y bajados a empujones de la unidad por parte de los “ayudantes” de los choferes.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela promulga la «progresión» de los derechos adquiridos. Eso no ha ocurrido con el de la gratuidad del pasaje a la Tercera Edad, que en la actualidad «duerme el sueño de los justos».

El medio pasaje estudiantil ha sido un beneficio adquirido con «sangre, sudor y lágrimas» por parte de nuestros jóvenes desde los tiempos de la IV República. El mismo siempre ha gozado del rechazo de los choferes que – históricamente – han alegado que los gobiernos de turno no honran el subsidio que les corresponde. Este beneficio también fue eliminado de facto.

Desaparición de las rutas tradicionales y el fomento de la piratería

En los últimos dos años se fueron eliminando unilateralmente las rutas troncales. Para cubrir la demanda de los usuarios, los choferes establecieron “rutas piratas” que trasladan a los pasajeros a su lugar de destino cobrando hasta 10 veces más del pasaje mínimo.

Igualmente, los pasajeros deben “pedirle a todos los santos” que no llueva, pues si eso ocurre, “recogen” las busetas para destinarlas a rutas piratas y cobrarles a precios exorbitantes “el favor” de llevarlos. A quienes se quejan les dicen que si no tienen dinero que agarren el Metro o que caminen.

El precio del pasaje: la gran incógnita

Hasta hace dos años el precio del pasaje mínimo era establecido en común acuerdo entre las autoridades y los gremios. Actualmente el mismo es fijado según el capricho de los segundos que lo publican en las ventanas de las unidades y que también es difundido por los principales periódicos y canales de televisión privados del país. De esta forma, en lo que a transporte colectivo superficial se refiere, la Gaceta Oficial es letra muerta.

¿Y los usuarios qué?

La mayoría de ellos – hartos de los maltratos por parte de los choferes y de la inacción de las autoridades competentes – se someten pasivamente a la voluntad de unos gremios que les imponen a discreción tarifas, horarios y fechas en el calendario.

Enza García Margarit

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