Miércoles Santo: otro chance para un milagro del Nazareno

El Miércoles Santo, cuando la costumbre impulse a cualquier devoto a romper el claustro de la cuarentena para intentar cumplir con la liturgia eclesiástica, solo la soledad de las calles lo convencerá de un hecho que no reconoce en su experiencia vital: no hay Semana Santa, o por lo menos, no como la conocía.

No es sencillo: la tradición que por 324 años ha marcado con tinta indeleble la fe de los venezolanos, más aún en la semana cenital sobre la que se cimentan los dogmas de la fe cristiana, ha sufrido muy pocas excepciones a lo largo de su historia, relacionadas solo con acontecimientos de absoluta conmoción pública como la Guerra de Independencia o la Guerra Federal.

Este miércoles, al contrario de lo que recuerdan nuestros padres y abuelos, los promeseros que deseen seguir al Nazareno de San Pablo, una de las advocaciones más adoradas del país, que incluso ha llegado a reunir a 2 millones de devotos fascinados por su poder divino, no podrán ni acercarse a la basílica menor de Santa Teresa, donde descansa en resguardo, porque el acceso estará vedado para la feligresía.

Esta estampa, multitudinaria, no se vió este Miércoles Santo

Aunque tras un encuentro entre autoridades del gobierno nacional y la Arquidiócesis de Caracas, se decidió suspender completamente cualquier recorrido en procesión, a último minuto se permitió pasear la imagen por las calles del centro y oeste de la ciudad en el famoso “papamóvil” que transportó a Juan Pablo II en sus visitas apostólicas al país, custodiado por una reducida escolta de vehículos y de funcionarios policiales en moto. Está visto que los caminos del señor son misteriosos.

Partió puntual a las 9 de la mañana, recorrió la avenida Sucre y llegó a Catia, para luego regresar a la parroquia Altagracia, quizás con la esperanza última de tropezar con otro limonero, de los pocos que quizás sobrevivan en ese convulso cuadrilátero de concreto de la urbe, y reeditar el famoso milagro que obró sobre la peste del vómito negro en 1696, y Andrés Eloy Blanco inmortalizó en su caraqueñísimo poema:

… Un aguacero de plegarias

asordó la Puerta Mayor

y el Nazareno de San Pablo

salió otra vez en procesión.

En el azul del empedrado

regaba flores el fervor;

banderolas en las paredes,

candilejas en el balcón,

el canelón y el miriñaque

el garrasí y el quitasol;

un predominio de morado

de incienso y de genuflexión.

—¡Oh, Señor, Dios de los Ejércitos.

La peste aléjanos, Señor…!

En la esquina de Miracielos

hubo una breve oscilación;

los portadores de las andas

se detuvieron; Monseñor

el Arzobispo, alzó los ojos

hacia la Cruz; la Cruz de Dios,

al pasar bajo el limonero,

entre sus gajos se enredó.

Sobre la frente del Mesías

hubo un rebote de verdor

y entre sus rizos tembló el oro

amarillo de la sazón.

 De lo profundo del cortejo

partió la flecha de una voz:

—¡Milagro…! ¡Es bálsamo, cristianos,

el limonero del Señor…!

 Y veinte manos arrancaban

la cosecha de curación

que en la esquina de Miracielos

de los cielos enviaba Dios.

Y se curaron los pestosos

bebiendo el ácido licor

con agua clara de Catuche,

entre oración y oración.

La jerarquía eclesiástica, calada por los arrebatos de la modernidad, le avisó a los fieles que podrán seguir la santa misa a través de las redes sociales: @ArquiCaracas en Twitter, @cardenalbaltazarporras en Instagram, y en el canal Vale TV.

También notificó, por su cuenta Twitter, que se diseñará una estrategia para conmemorar la ceremonia tradicional completa luego de la cuarentena.

El Nazareno me dijo…     

A la hija de don Luis Infante la ingresaron al hospital J. M. de los Ríos sin demasiadas esperanzas. Con apenas seis meses de nacida y principio de meningitis, lo más probable es que la pequeña terminara con lesiones neurológicas irreversibles, o incluso la muerte.

Cuenta don Luis que se fue a la iglesia de Santa Teresa, que estaba cerrada, y se arrodilló frente a la puerta principal, y le imploró a Dios, a José Gregorio Hernández, a la Santísima Trinidad y claro, al Nazareno, un milagro frente a la gravedad de su muchacha.

A los tres días de una angustia inenarrable, el médico lo llamó aparte: “dígame la verdad, si es que me quiere contestar -le dijo- ¿a qué santo le pidió usted?”. A la respuesta de don Luis, le informó: “Ah, con razón. A esa niña ya la voy a dar de alta. Ya se la puede llevar a su casa”.

El Nazareno de San Pablo vive también su cuarentena

Desde entonces -1972- cumple promesa trajeado de Nazareno (con la característica túnica morada), mientras su hija, hoy una docente más sana que ninguna, ve a su padre de 70 años transitar la vida y los misterios de lo inmaterial, con una vitalidad envidiable.

En Los Teques fundó la Sociedad del Santo Sepulcro y del Nazareno de la parroquia El Carmen, y desde la capital del estado Miranda ha emprendido largas travesías de fe trajeado hasta San Cristóbal y La Grita (Táchira), e incluso Medellín (en la hermana Colombia), donde ha sido capaz de bautizar niños y niñas y curar el mal de ojo, gracias a los poderes consagrados de su inmensa convicción.

“Para Dios no hay nada cerrado. Desde mi altarcito sencillito, me vestiré aunque sea en mi casa, le oraré al Nazareno, le pediré, y agradeceré por tantos dones”.

es el Nazareno

que te da consejos buenos

haz bien, no mires a quién

dale la mano al caído y si acaso

bien malo ha sido dale la mano también…

Cantaba el sonero mayor, Ismael Rivera.

La fe va por dentro

Andrés, el hijo de Zoraida Arguinzone, fue desahuciado hace 20 años por presentar aneurisma coronaria izquierda y derecha, siendo apenas un bebé. Hoy es un tarajallo de casi dos metros de alto que rapea, escribe, compone, hace videoclips y estudia Audiovisuales y Dirección en la Universidad Nacional de las Artes (Unearte).

Fue un dolor de madre y un trauma familiar que encontró en la devoción consuelo, gracias a la oración y a una promesa que tiene el sino de la perpetuidad: llevar al niño vestido de Nazareno cuando y donde fuera.

Está conmovida, y se le quiebra la voz cuando lo cuenta, por no poder trasladarse este miércoles de Mecedores a Santa Teresa, como ha hecho durante casi dos décadas, a retribuir el prodigio de la salud de su chamo.

“Mi homenaje este miércoles será colocar una crucesita de palma bendita en la puerta de casa con su imagen. Le pondré su velita, rezaré, y escucharé la misa por radio o televisión. Y seguiré con mi fe, porque como se lo digo a cualquiera, no hay prueba más palpable del milagro que mi hijo. Es que en verdad, la fe mueve montañas, y cuando haces las cosas con amor y devoción, todo es grandioso”.

El «papamóvil» logró, parcialmente, el reencuentro de la imagen y sus seguidores

Será un culto remoto, con actos de religiosidad doméstica y saludos desde los balcones, que convocará igualmente el fervor de los creyentes que en Venezuela se cuentan por millones y han hecho de  Jesús y sus arcanos, entidades más cercanas al sentir del pueblo.

En tiempos del coronavirus, y vistos los gestos admirables de entereza de venezolanos y venezolanas resistiendo las pruebas más duras, no es descabellado pensar que una vez más, por obra y gracia de lo real maravilloso, rebrote el verdor del limonero y se curen los “pestosos”.

Marlon Zambrano/VTactual.com

Artículos relacionados