Menos amenazas y menos sanciones, en la receta Kim-Trump

Los líderes de Estados Unidos y Corea del Norte, Donald Trump y Kim Jong-un, hicieron historia en Singapur, en una cumbre de algo más de tres horas, en la que acordaron cuatro puntos: Trabajar hacia la completa desnuclearización de la península coreana, garantizar la seguridad del país asiático, entregar restos de antiguos prisioneros de guerra y desaparecidos en combate y establecer un “régimen duradero que promocione la paz, la prosperidad y la seguridad».

«Creo que esto es el preludio para una maravillosa paz. No fue fácil llegar hasta aquí porque los viejos prejuicios y prácticas fueron obstáculos en nuestro camino hacia adelante pero los superamos todos», afirmó Kim Jong-un durante la reunión.

Recordemos que esta es la primera cita entre mandatarios en ejercicio de ambos países tras casi 70 décadas de confrontación (a raíz de la Guerra Corea -1950-1953) y 25 años de negociaciones fallidas y tensiones.

«La reunión ha sido realmente fantástica. Hubo muchos avances porque las negociaciones con Kim fueron francas, directas y productivas. Las sanciones se levantarán cuando estemos seguros de que las armas nucleares ya no son efectivas”, dijo Donald Trump durante una rueda de prensa posterior a la cumbre.

Aseguró además, que Jong-un se comprometió a destruir una instalación de pruebas de misiles.

Los ojos del mundo estuvieron sobre estos dos hombres, de recorrido y estilos radicalmente distintos y con más de 30 años de diferencia, que se estrecharon la mano durante varios segundos y se dijeron unas palabras con el semblante serio.

Muchas habas y pocas nueces

Más allá del optimismo típico por la realización de un evento casi impensado hace sólo semanas -cuando intercambiaban insultos y amenazas que generaron temores de una guerra– los analista coinciden en que el comunicado conjunto es un texto escrito en un lenguaje altisonante en sus aspiraciones y mínimo en detalles sobre cómo se logrará la desnuclearización (un cronograma, por ejemplo).

Sin embargo, ambos líderes se fueron satisfechos y con sus objetivos personales cumplidos. Ya no son el “hombre cohete” y el “viejo chocho”, tal y como se insultaron mutuamente.

El mandamás de la Casa Blanca otra vez personaliza al “líder mundial” sacándose de encima la catastrófica imagen que tuvo en la reciente cumbre del G7 en Canadá.

Y Kim Jong-un da un gran paso para ser aceptado como un dirigente legítimo en la “comunidad internacional” y trascender la figura  de excéntrico aislacionista.

Al no mencionarse las sanciones internacionales contra Pionyang, ni la firma de un tratado de paz, los analistas políticos hablan de resultados simbólicos.

Entre los participantes en la cumbre se encontraban, por parte de EE UU, el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton; el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, John Kelly. Junto al líder coreano participaron su hermana, Kim Yo-jong, su hombre de confianza, Kim Yong-chol, el jefe de Gabinete Kim Chang-son, y la jefa de la delegación que se reunió en Panmunjom con representantes estadounidenses, Choe Son-hui.

ER

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