#VTalpasado La Masacre de las Bananeras: una noche trágica para la clase obrera

La violencia como fenómeno social ha sido un elemento característico de la historia contemporánea de Colombia. Durante gran parte del siglo XX ha sido el pueblo colombiano quien ha sufrido duramente los embates que dejan consigo los continuos conflictos que tienen como raíz de origen, los proyectos políticos de las clases de poder.

En 1928 ocurrió un lamentable episodio que demuestra como los grupos dominantes, aliados a factores foráneos, determinan el accionar de la vida de una región en detrimento de los intereses de los menos favorecidos.

Eran los últmos años del período conocido en la historiografía colombiana como Hegemonía Conservadora. Gobernaba el presidente Miguel Abadía Méndez quien se caracterizó por tener una política de persecusión hacia la clase sindical colombiana. Un gobierno que mantuvo relaciones de defensa a los intereses de las compañías extranjeras, destacando la compañía norteamericana United Fruit Company.

La industria bananera estaba posicionada como uno de los puntos importantes de la economía nacional, siendo una fuente clave de riqueza para los grandes terratenientes colombianos y para la compañía norteamericana que, al tomar el monopolio en la producción y exportación bananera, se convirtió en un elemento de gran influencia en las decisiones políticas del país.

Trabajadores de las bananeras de la región del Magdalena (Colombia)

En este escenario, el gobierno nacional, capital extranjero e instancias norteamericanas, protagonizaron una de las masacres más dolorosas de la historia colombiana. Entre el 5 y 6 de diciembre de 1928, en el cálido municipio de La Ciénaga, en el Departamento del Magdalena, a orillas del mar Caribe y de la Sierra de Santa Marta, los trabajadores, obreros y líderes sindicales de la United Fruit Company fueron víctimas de una brutal represión por parte de las fuerzas de seguridad del Estado.

Inicio del conflicto

Las condiciones laborales en las plantaciones bananeras eran bastante precarias. Entre las realidades del trabajador estaba la no contratación directa por parte de la United Fruit Company. La relación laboral se establecía a través de un intermediario o contratista. Existían grandes condiciones de explotación pero los trabajadores legalmente no pertenecían a la transnacional. Tras esta situación, un grupo de dirigentes sindicales impulsaron, en consulta previa con los trabajadores, un llamado a huelga general que iniciaría el día 12 de noviembre de 1928.

Un pliego de peticiones fue presentado con los siguientes puntos: Pago de un salario fijo, eliminación de los contratistas, aumento del 50 % del salario, descanso y pago de días dominicales, seguro colectivo, mejores servicios hospitalarios e indemnización por accidente.

Este resultado fue producto de los diversos movimientos sindicales que se fueron dando en la región tras la llegada al poder de Abadía Méndez y como respuesta a su política represiva, quien en varias oportunidades tomó acciones contra las organizaciones y los sindicatos. Días previos a la huelga bananera decretó – el 30 de octubre de 1928 – la llamada Ley 69 o Ley Heroica. Un instrumento creado para regular el papel de los sindicatos, penalizar cualquier organización obrera, prohibir las huelgas y tomar acciones de orden público por parte de las fuerzas policiales.

Miguel Abadía Méndez

En su artículo primero se señala: Constituyese delito agruparse, reunirse o asociarse bajo cualquiera denominación, para alguno de los siguientes propósitos: 1º. Incitar a cometer cualquier delito de los previstos y castigados por las leyes penales de Colombia; 2º. Provocar o fomentar la indisciplina de la fuerza armada, o provocar o fomentar la abolición o el desconocimiento, por medios subversivos, del derecho de propiedad o de la institución de la familia, tales como están reconocidos y amparadas pos la Constitución y leyes del país; 3º. Promover, estimar o sostener huelgas violatorias de las leyes que las regula; y  4º. Hacer la apología de hechos definidos por las leyes penales como delitos.”

Este contexto jurídico fue aprovechado por la United Fruit Company. Amparada en la ley, se negó a establecer cualquier negociación con los huelguistas, pues se tomó como un conflicto liderado por “comunistas y subversivos”.

La orden directa

No hay resolución del conflicto. Faltando poco para cumplir un mes de huelga y existiendo la paralización total por parte de los trabajadores quienes tenían el control de la región, el Estado instruye actuar en consonancia a los intereses de poder. Las acciones se realizaron en cadena: se decreta el Estado de Sitio en la zona del Magdalena, se intesifica la intervención militar en el lugar y se le otorgan poderes especiales al general Carlos Cortés Vargas, quien había sido nombrado semanas atrás como comandante militar del Magdalena para que tomara el control de la situación.

El General Carlos Cortés Vargas fue quien dio la orden de disparar contra la población indefensa

Llegada la noche del 5 de diciembre, se decidió disolver la concetración de huelguistas que se encontraba pacíficamente apostada en La Ciénaga. Entre varios intentos, se hizo medianoche. Iniciaba la madrugada del día 6 de diciembre y dada la orden, los soldados arremetieron y dispararon indiscriminadamente contra hombres y mujeres que defendían sus derechos.

La defensa de Gaitán

Tras el silencio complice de la prensa conservadora y de la falta de información oficial, el diputado Jorge Eliécer Gaitán realizó una gran investigación que posteriormente fue presentada en las sesiones de debate del Congreso Nacional en septiembre de 1929. Entre muchas consideraciones señaló:

“Cortés Vargas ha dicho que la multitud no creía que el ejército disparara. Y es la verdad. No creía porque este hombre felón en el día anterior, conforme a esta prueba que tengo aquí, había jurado a los obreros en nombre de la patria que mientras estuviera allí no se dispararía sobre la multitud. Pero llega en aquella noche con el ejército y ante una multitud dormida lee el célebre decreto. Los pocos que están despiertos lanzan un grito de ¡Viva Colombia! Y este hombre inmisericorde y cruel para aquel grito tiene una contestación: ¡Fuego! Empiezan a disparar las ametralladoras, después los fusiles cinco minutos. La tragedia está consumada. Muchas vidas, cientos de vidas caen bajo la metralla asesina”

Hoy día no se tiene claro cuántos muertos hubo. Las pocas fuentes que existen presentan cifras diversas que varían de decenas a centenas y de centenas a miles. En la memoria colectiva del colombiano aún se mantiene presente los acontecimientos del año 1928. La violencia política se ha convertido en un rasgo cotidiano que ha logrado hacer, incluso, del realismo mágico una fuente de verdad. Así se inserta en la memoria, la imagen que nos presenta Gabriel García Márquez en su célebre obra Cien años de soledad, cuando José Arcadio Segundo finalmente expresa: “-Debían ser como tres mil (…) -los muertos –aclaró él-”

SASR /VTActual

ONU expone retrato de la violencia en Colombia

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