Más es menos hablando de información

En tiempos en los cuales los medios han sobresaturado de información la vida de los seres humanos, la atención que prestamos a ese bombardeo también ha terminado por convertirse en mercancía.

Herbert Simon, ganador del premio Nobel de economía, aseguró en 1971: “En un mundo rico en información la abundancia de información significa carencia de otra cosa: aquello que la información consume. Y lo que la información consume es bastante obvio: la atención de sus receptores”.

El profesor de leyes estadounidense Tim Wu ha rescatado esas palabras en su libro más reciente, The Attention Merchantsen el cual hace un recorrido por la historia de la industria de la captación de atención, que se ha visto perfeccionada en la era de internet: no sin antes meterse poco a poco en los hogares de las familias a través de la radio, la televisión, el cine.

«La información crea una pobreza de atención que necesita ubicar esa atención eficientemente entre la sobreabundancia de fuentes de información que pueden consumirla», completa la cita de Simon, que para Wu representa el gran problema de la era moderna.

Wu se pregunta si establecemos límites entre lo privado y lo comercial, y en una entrevista para The Guardian responde: «La verdadera clave es establecer límites físicos, no mentales, reconociendo así lo débiles que son nuestras voluntades realmente. Porque no vas a ganar si tratas de luchar con las fuerzas del comercio en una batalla abierta».

Especialmente, en el marco al que hace referencia: los smartphones son la realización máxima de la intromisión del mercado en la cotidianidad, pues se lleva a todo momento y contiene todos los datos de gustos, rutina y afectos de su «usuario», a la vez que está conectado a la red que impone la venta de su propia atención.

«Encontrado un modo de ganar dinero, una compañía sigue tratando de ganar más, inclusive hasta el punto de la autodestrucción. Si el modelo de negocio es la publicidad, eso supone meter a presión más y más avisos que son cada vez más molestos y por lo tanto empeoran el producto. En un mercado normal una empresa empieza a darse cuenta de que ha puesto muy alto sus precios cuando la gente deja de comprarles y se aparta. Pero con un modelo de publicidad hay una reacción tardía, y después una rebelión. Un día la gente empieza a decir: ‘Estoy saturado, me voy’”, es lo más parecido a una esperanza que vislumbra el académico en dicha entrevista.

JI

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