#VTanálisis La Literatura Distópica ¿Ficción o realidad?

En estos tiempos de coronavirus en los que millones de personas le hacen el seguimiento desde sus dispositivos electrónicos y pantallas de TV a los “partes de guerra” con las cifras de enfermos y fallecidos, al desplome de los mercados bursátiles, a los profetas del desastre vaticinando una recesión global y hasta una ola de suicidios como daño colateral por la quiebra de las empresas y el desempleo que eso conlleva… Muchos se preguntan si estamos en medio del apocalipsis.

Teorías de la conspiración comienzan a tomar fuerza en las redes sociales: «el coronavirus fue creado en un laboratorio de los EEUU para derrotar a China en la guerra comercial«. «Bildelberg mandó a desatar el Covid-19 para reducir la población Mundial». «Los asiáticos han sido exitosos conteniendo la Pandemia porque tienen una cultura totalitaria y que los países occidentales tomen dichas medidas les puede arrebatar las democracias liberales ‘con toda su perfección’”. «El mundo se ha dejado encerrar en sus casas llevado por el miedo y dejó militarizar las calles muy fácilmente ¿Será el inicio de un orden represivo mundial?»

Dos relatos visionarios

La distopía es un subgénero de la literatura de ciencia ficción que nos presenta una hipotética sociedad futura donde, ya sea por la deshumanización de la misma, un gobierno totalitario o el control intrusivo que la tecnología ejerce sobre el día al día, el individuo se degrada en términos absolutos en favor del pensamiento único y de una sociedad unitaria. En definitiva, un mundo de pesadilla donde nadie debe saltarse las reglas o corre el riesgo de ser aniquilado.

“Un Mundo feliz” de Aldous Huxley y “1984” de George Orwell son las distopías literarias más relevantes del siglo XX junto a Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Muchos autores consideran que los dos primeros fueron unos grandes visionarios que predijeron el destino al que los Centros del Poder están llevando a la humanidad.

“Un Mundo feliz” y su glamour

Esta novela de Aldous Huxley publicada en 1932 es una metáfora sobre el futuro y anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. Es un mundo donde los ciudadanos han sacrificado voluntariamente sus derechos, han perdido el interés por la información o por la verdad y se han entregado a una cultura trivial y obsesionada con el placer. Así desaparecen el arte, la filosofía, la diversidad cultural, la familia y la literatura: no se prohiben libros porque nadie los lee.

En la actualidad asistimos al hedonismo y el narcisismo exacerbado por la TV y las redes sociales. La literatura es una fuente de guiones de cine y tv manipulados a favor del Rating. Bien lo dijo la actriz venezolana Norkys Batista cuando protagonizó la versión televisiva de “La Trepadora” de Rómulo Gallegos y manifestó con orgullo que no había leído la novela porque: «Leer un libro es ir para atrás, y no para adelante»”

Cada vez son más las personalidades y parejas tanto homosexuales como heterosexuales – Michael Jackson, Miguel Bosé, James Rodríguez y Ricky Martin por citar algunos – que apelan a la maternidad subrogada y exhiben en la prensa del corazón a sus vástagos que hubieran hecho las delicias de los pintores renacentistas. Nadie habla de las mujeres cuyos vientres son explotados…es poco glamoroso.

En este «Mundo Feliz» la maternidad subrogada de ha convertido en una moda entre las celebridades

Ver lo que está delante de los ojos requiere un esfuerzo constante” George Orwell

1984 fue publicada en 1949 y – junto a Rebelión en la Granja – es la obra más conocida de George Orwell. Es una novela política de ficción distópica que introdujo los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano, de la aterradora habitación 101, de la temible Policía del Pensamiento y de la Neolengua, adaptación del idioma en la que se reduce y se transforma el léxico con fines represivos, basándose en el principio de que lo que no forma parte de la lengua, no puede ser pensado.

Muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha conocido como sociedad orwelliana, una sociedad donde se manipula la información y se practica la vigilancia masiva y la represión política y social.

Para la muestra un botón

«El Gran hermano te está observando»

Haremos un repaso por algunas de las cosas que Orwell imaginó y ya están en casi cualquier casa:

  • Micrófonos que te graban para controlarte: Todos los rincones urbanos de 1984 y las afueras de las ciudades están llenos de cámaras y micrófonos colocados por el Estado para controlar a los ciudadanos. La cantidad de información recopilada es tal que esos receptores poseen un sistema de reconocimiento de voz para facilitar la identificación de los disidentes. En el siglo XXI esas grabaciones son realizadas por empresas privadas. Google, por ejemplo, ha estado espiando a los usuarios de su buscador, empleando para ello el micrófono del computador.
  • El “hablaescribe”: En 1984 este dispositivo, presente en oficinas y domicilios, registraba la voz humana y la convertía en texto o la archivaba. Podemos decir que el mismo es un pariente remoto de los mensajes de voz de WhatsApp. Desde que los desarrolladores incorporaron esos mensajes de voz a la aplicación, lo que es un hecho es que son muchos los que ya se han olvidado de escribir.
  • Los dos minutos de odio: El Gran Hermano y su estructura opresiva organizan diariamente lo que llaman “Los dos minutos de odio”. Durante ese tiempo, las telepantallas emiten información sobre enemigos del sistema hacia los que los miembros del partido deben expresar su ira. En la actualidad tenemos a las RRSS y, en especial, a Twitter. Así, de manera voluntaria y no por obligación, las personas descargan su ira en contra del Estado, de los enemigos del mismo, del vecino, del artista que detestan o del futbolista que falló el penalti decisivo en un clásico del fútbol.
  • La Telepantalla: En 1984, colocada en el interior de los domicilios o de los recintos públicos, las telepantallas transmiten mensajes institucionales y recopilan información del entorno. Hoy en día existen Alexa de Amazon, Google Home, el Portal de Facebook e incluso los televisores inteligentes conectados a Internet que, sin que los usuarios lo sepan, les graban en casa.
  • Control del correo de los ciudadanos: En la novela de Orwell, el Gran Hermano controla todas las comunicaciones de los ciudadanos, incluidas las que se realizan por correo. En nuestros días el servicio de correo de Gmail da la opción de responder los mails con una serie de palabras o frases que hacen referencia al contenido del mensaje recibido. Gracias a la inteligencia artificial y los algoritmos, las opciones que sugiere el ordenador encajan a la perfección en el contexto de la conversación. En otras palabras, hay un algoritmo que, como sucedía con el Gran Hermano, está leyendo nuestros correos.
  • La neolengua: Entre los métodos que el estado autoritario de 1984 utiliza para someter a sus ciudadanos se encuentra el lenguaje. De forma periódica, se publican diccionarios que reducen el número de palabras por considerar que la variedad léxica complica la comunicación en lugar de enriquecerla. Su equivalente actual lo encontramos en los emoticones, emojis, stickers y gifts.

Esta es apenas una muestra de que no hace falta un virus como el Covid-19 para sumirnos en una distopía. La misma se ha ido instalando sigilosamente en los últimos años conquistando nuestras sociedades y mentes. La cuarentena es un buen momento para revisar estas dos extraordinarias novelas y evitar caer en las redes del Gran Hermano o en la narcotización de “Un Mundo feliz” que de eso, sólo tiene el título.

Enza García Margarit/VTactual.com

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