Kobe Bryant el jugador, la serpiente más letal del baloncesto

Si dijera que recuerdo la primera vez que vi jugar a Kobe Bryant, estaría mintiendo. Cuando debutó en la NBA, en 1996, yo apenas tenía 8 años y por entonces veía más béisbol que baloncesto. Sí recuerdo a Michael Jordan y sus Chicago Bulls, como la razón por la que empecé a prestar atención real a la NBA.

En sus primeros pasos en la liga, Kobe fue suplente. No llegaba con las expectativas de un LeBron James o el propio Jordan. Pasó bajo perfil para al menos 12 equipos que seleccionaron a jugadores antes que él. Claramente inferiores, visto lo que ha sido de sus carreras. Pero no para Jerry West, entonces General Manager de los Lakers.

West cuenta, insistentemente, que desde que vio por primera vez a Kobe, para ese momento con 17 años y todavía en el instituto, siempre supo que sería uno de los grandes. Fue justamente lo que le dijo a Shaquille O’Neal, ya una estrella de la liga, para convencerlo de firmar por los Lakers en la agencia libre.

Cuando Bryant comenzó a jugar con los Lakers, su posición de escolta estaba consagrada a Eddie Jones, estrella defensiva que además llegó al All-Star dos veces con los Lakers teniendo a Kobe en la banca. Pero West insistía en su fe ciega con Kobe, traspasando a Jones en 1999 y apostando todo por su nueva estrella y Shaq.

Nada de esto lo recuerdo. Lo que sí recuerdo de Kobe es su presencia permanente. Una vez que lo vi, nunca dejé de hacerlo. Lo sé porque en mi memoria de la NBA, Kobe siempre ha estado presente. Ya como titular, él y Shaq llevaron a los Lakers a tres campeonatos consecutivos. Y desde entonces, Kobe era ya uno de los mejores de la historia.

Se sabía. Su dominio y la agresividad con la que iba por la victoria en todo momento lo delataban. Y a quienes nos gusta el deporte, esa actitud es precisamente uno de los aspectos que más nos enamora de un jugador.

No en vano sus 5 anillos de campeón de la NBA. Su ahora cuarto lugar entre los anotadores de la liga (recientemente pasado por LeBron), sus 20 años dedicados al mismo equipo, de una ciudad que terminó amándolo. Uno de los analistas de la NBA, Max Kellerman, dice con razón que hay dos tipos de fanáticos en Los Ángeles. Están los fans de los Lakers y están los fans de Kobe. A veces coinciden, otras veces no.

La mancha personal

En su momento, no me enteré del escándalo. Para entonces, tenía apenas 15 años y desconocía todo lo que pasaba fuera de las canchas. Por eso mi imagen de Kobe estaba intacta, desconociendo la acusación por violación por parte de una trabajadora del hotel donde se encontraba hospedado el jugador en Colorado, en medio de una lesión.

Tampoco supe de su lamentable respuesta sobre el supuesto consenso de ella para su relación, ni me enteré de que declaró que su único delito fue haber sido infiel a su esposa. Pero una vez lo supe, esa mancha está ahí. Incluso sabiendo que luego aceptó su culpabilidad, visto que tenían pruebas de ADN en su contra.

Pero se salió del entuerto, 2.5 millones de dólares mediante y gracias al posterior silencio de la víctima, que terminó dejando de declarar. Se rumorean amenazas en su contra.

Concuerdo con Molly Roberts, del Washington Post, cuando titula una nota diciendo que “el caso de violación de Kobe Bryant también es parte de su legado”. Aunque el hecho ocurrió en 2003 y su reciente imagen como padre, ya retirado de las canchas, parecía limpiar una imagen que se volvía a “manchar” gracias al movimiento #MeToo, esa parte de su historia no se puede borrar.

La “Mamba Negra”

Luego de fallar en los esfuerzos por mantener su imagen pulcra, gracias al episodio de 2003, nació “la mamba negra”, un sobrenombre que definía su actitud depredadora sobre las canchas. Y fuera de ellas (sin alusión al caso antes descrito). Trabajaba más en el gimnasio, en sus propias aptitudes físicas y su comprensión del juego, que dentro de la cancha. Y ya es mucho decir.

De entre los episodios deportivos que más recuerdo de Kobe hay uno tan impactante que se ha convertido en cliché cuando se habla de él. Jugando contra los Golden State Warriors, Kobe se rompió el tendón de Aquiles, la lesión que mata carreras en la NBA, y tuvo suficiente empuje como para lanzar los dos tiros libres que le correspondía tomar antes de salir de la cancha.

Eso significó Kobe Bryant para millones de personas que decidieron dedicarse al baloncesto luego de verlo en sus televisores. También para quienes se inspiraron en su figura para perseguir lo mejor de su propio potencial en sus vidas.

La otra imagen que queda de él como deportista fue justamente su despedida de las canchas. Luego de una lesión que fácilmente pudo acabar con su carrera, luego de algunos años sin éxito en sus Lakers de toda la vida, su tour final se selló con un partido digno de sus mejores tiempos.

Digno, incluso, de los mejores partidos entre los grandes jugadores que han pasado por la NBA. 60 puntos, 4 rebotes, 4 asistencias, 1 tapón, 1 robo, +7 para su equipo con él en cancha (42 minutos en total) y algo que para esa época no se veía demasiado de los Lakers: una victoria final. “Mamba out”.

Juan Ibarra/VTactual.com

7 momentos estelares de Kobe Bryant en la NBA

Artículos relacionados