José Alejandro Delgado, «probador» y alquimista de la música

Por Jessica Sosa

Lo veo llegar casi a las 4 de la tarde, vestido todo de negro, su guitarra al hombro, el cabello alborotado y una mirada rápida que calcula todo a su alrededor.

Lo esperan para probar el sonido de un concierto que está por comenzar. Inician y pide más volumen para la guitarra, menos a los tambores, va guiando, toca, canta, sonríe, observa. Se mueve hacia otra parte y me pide disculpas: ahí voy, dame unos minutos. prueba de nuevo, algo no le gusta, va y conversa y vuelve hasta que al fin lo tengo.

José Alejandro Delgado Paiva es un joven cantautor venezolano que como escribe canta y como canta vive: lleno de metáforas, juegos de palabras, de momentos en que llama la atención con una inflección o sonido diferente, se mueve, manotea, cruza y descruza las piernas. Es inquieto, curioso.

Mientras lo entrevisto, se da cuenta que están poniendo las mesas muy lejos  de la tarima y está inconforme porque cuando canta le gusta «sentir el calorcito de la gente». Regresa al hilo de la conversación y se le acerca un muchacho a pedirle que le enseñe música, lo atiende y retoma, reafirma con los gestos de su rostro, los abre y cierra según la intención de lo que dice. Es adrenalina pura.

Crecer jugando con la música

José Alejandro es caraqueño de la parroquia Coche. Se acercó a la música tradicional venezolana al sonido de la voz de José María, su papá. No sonaban para su epoca, los cantores del país en las emisoras de radio, pero considera que su papá fue el mejor intérprete y quien lo fue engatuzando en eso que hoy es su principal referencia.

Su primera experiencia, los tambores que había en la casa. Sus padres y tíos, pertenecían a un grupo de gaitas, pero no eran músicos profesionales, por lo que los instrumentos no eran sagrados. Eso les permitió a él y sus tres hermanos crecer jugando con tambores como si fueran carritos, «los instrumentos estaban ahí para jugar, llevaban coñazos, se rompían  y crecimos jugando con eso» narra emocionado evocando aquellos días.

A los ocho años un cuatro se convirtió en su primer instrumento y claro, ahí si tuvo cuidado. De allí sus únicos dos años de estudio musical. En adelante, ha sido un autodidacta, aunque toca «un poco» de mandolina, percusión afrovenezolana y la guitarra con que compone y canta.

Ya en la adolescencia, se dejó llevar por los ritmos que en una urbe caribeña como Caracas resuenan en todas partes en contraste con la que sonaba en su casa, «yo crecí como con dos influencias  una la música que escuchaba en la calle en la camionetica y que escuchaban los chamos de mi edad y la de mi casa» y esa influencia marcó sus creaciones y ensayos en el ámbito musical en el que se considera un alquimista «un probador».

Un autodidacta en la música, visagra de lo nuevo y lo tradicional

«Uno nació haciendo hipótesis pues y pensaba cómo será posible esta vaina con esta vaina,  porque con las dos me sentía totalmente cómodo  pero yo me preguntaba en qué momento se une eso y pensé bueno, tal vez la visagra sea yo. Entonces con esa perspectiva  haciendo alquimia  fui creando cosas, canciones música, letras  comencé a escribir sobre cosas que yo vivía y en el refranero popular  en las canciones populares en el habla de la gente común en las cosas que creía».

Con los hermanos y el padre, conformó La Caminería, una agrupación que aún existe y que no deja pasar navidad alguna sin que se reúnan y canten parrandas, aguinaldos o lo que sea.

Pero un hecho que lo marcó y lo fijó en su rumbo definitivo fue haberse convertido en padre. Hoy tiene tres hijos, pero desde que nació Malena, la primera, se empeñó aún más en conseguir sus sueños y dice que desde entonces, hasta su música es diferente.

La música que lo compone

José Alejandro Delgado Paiva dice que no tiene un género musical favorito, aunque efectivamente la música tradicional venezolana es la columna vertebral de su historia discográfica. Eso sí, reconoce que tiene una deuda con lo afrovenezolano. Ha hecho algunas cosas con gaita de tambora y otros ritmos pero quiere hacer más.

Sus referentes en la música son de la más variada geografía nacional. Cecilia Todd, Lilia Vera están entre sus voces favoritas. Evio y Yordano Di Marzo en la mirada hacia la música que se hace en el Caribe. Luis Mariano Rivera y Otilio Galíndez, de los compositores que más disfruta, aunque reconoce que «ellos bebían de un pueblo también,  al final uno encuentra que la música es de autor anónimo, son  los pueblos quienes van creando a través del tiempo  y son de las mejores coplas y versos que hay».

Le pregunto ¿A qué le canta? y responde diciendo que sus discos «son un collage de vainas porque con todas me identifíco». Por eso insiste en que es probador, cuyo motor vital es la curiosidad, «voy probando cosas  van saliendo discos, hay cosas que me gustan más que otras  hay otras que se me queman en las manos y no terminan de salir,  hay otras que salen y ya no me gustan».

Prefiere eso antes de  acostumbrar a la gente a un sonido, «a un truquito y a una  forma de hacer la música  y las canciones que nos acomoden, lo que mas me interesa es que nos reconozcan trabajando  reinventando, buscando cosas diferentes «. No obstante, otro hilo conductor de sus composiciones es que hace «una canción que es pregunta y por eso es tan complicada de posicionar , porque el intermediario no quiere que la gente se pregunte cosas».

Proyectos para seguir cantando

2018 fue un buen año. José Alejandro lanzó en la Feria Internacional del Libro 2018 «Cántese quien pueda», una recopilación de las letras que conforman los seis discos que tiene hasta la fecha y de poemas que escribió y no ha publicado. El libro tiene también una versión digital.

Pero también fue el año en que nació Ciudad Canción, una especie de peña que organiza al menos una vez al mes de la mano con la Alcaldía de Caracas,  con la participación de músicos y poetas para encontrarse, «nos parece absurdo que después de tanto tiempo, en  estas reinvenciones  de un proceso que llamamos revolucionario  nosotros no tengamos una agenda seria para un público experimental», advierte.

Reitera que en lo personal ha sido un proyecto muy necesario, «en este momento se hace difícil todo porque hay muchas precariedades pero  si se juntan las voluntades es precariedades se disminuyen».

A principios de diciembre, en medio de una de las ediciones de Ciudad Canción, estrenó su nueva producción musical, «Uno es un casabe». «Esta canción es mi reinterpretación del mito del diluvio universal  del arca de Noé, pero además tiene de nuestra cosmogonía ancestral, por eso se llama uno es un casabe. El casabe es muestra del alimento nuestro, de la jocosidad», dice.

Este tema es «una mito canción es un término que hemos estado acuñandole a esas canciones que tienen que ver con temas mitológicos que hay en todas las culturas y ahí está mucho de la cosmogonía de muchos pueblos la visión de la historia de nuestros antepasados, nuestros ancestros tanto sus virtudes como sus vicios están ahí».

Para 2019, espera avanzar con Ciudad Canción, que no está atada a ningún espacio territorial, aunque nació en Caracas. De igual forma, seguir creando música, enfocado ya no en discos sino canciones que hablen de cada momento que construye. Seguir resistiendo a través de la creación es su intención, sostiene que «desde todo punto de vista el mundo tiene que cambiar  y cualquier desmoronamiento significa un pronto nacimiento  y eso es doloroso, pero me fortalece mucho este tipo de proyectos con los que la gente pueda sentirse acogida y abrazada«.

 

 

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