«Piratas del Caribe»: la guerra fría entre Trump e Irán por Venezuela

En 2009, cuatro piratas somalíes ejecutaron el primer secuestro de un buque de carga estadounidense y luego se llevaron a su capitán. Días después, tres fueron asesinados y el cuarto capturado y condenado. Para celebrar la victoria, Hollywood contrató a Tom Hanks, filmó Capitán Phillips (2013) y manipuló la verdad –según la propia tripulación del barco- para crear un nuevo y falso “héroe yanqui”.

La historia es tan alejada de la realidad como la supuesta lucha de EE. UU. contra el terrorismo y el narcotráfico, ardid que –precisamente- en las próximas horas o días Washington pretende emplear para cometer –si finalmente se atreve- uno de los más grandes actos de piratería marítima de los últimos tiempos.

En este caso sobresalen dos detalles: 1) la posible víctima sería Irán, el otrora imperio persa que con su misterioso programa nuclear genera más temores y dudas que certezas; y 2) la dama de la discordia sería Venezuela, la joya de la corona latinoamericana por sus gigantescas reservas de crudo con las que tanto sueñan despiertos y con la boca abierta en la Casa Blanca.

Venezuela es víctima de una escasez de gasolina producto de las sanciones estadounidenses. Foto: Web

En medio de una pandemia mundial, Venezuela está asfixiada por las sanciones de Washington y sufre un grave desabastecimiento de gasolina. Entre dudosas gestiones y falta de insumos en las refinerías –a causa de las sanciones que prohíben importar equipos y maquinarias- la producción de combustible es mínima y su importación se dificulta por el bloqueo total de EE. UU.

Para paliar la crisis, Teherán decidió ayudar a su amigo -Caracas- y enviarle a Clavel, Forest, Faxon, Fortune y Petunia: cinco buques petroleros cargados de combustible y otros derivados -valorados en al menos $ 45,5 millones- que partieron desde Irán a finales de marzo, atravesaron el Canal de Suez, el mar Mediterráneo y el Estrecho de Gibraltar, hasta navegar hoy por el Atlántico rumbo a Venezuela.

Los cinco buques petroleros iraníes atravesaron el Canal de Suez, el mar Mediterráneo y el Estrecho de Gibraltar. Imagen: Web

Comienza la retórica

Tras conocerse el envío, convenientemente, el Comando Sur estadounidense anunció que cuatro buques de guerra (USS Detroit, USS Larssen, USS Preble y USS Farragut) zarparon hacia aguas del Caribe limítrofes con Venezuela para ejecutar “labores contra el narcotráfico”; junto a un Boeing P-8 especializado en misiones de guerra antisubmarina, intercepción de embarcaciones e inteligencia electrónica, según informó la agencia Reuters.

Desde entonces, Washington y Teherán se lanzan advertencias y amenazas que solo esparcen el perfume de un conflicto bélico. Por un lado, un funcionario de alto rango de la Casa Blanca declaró a Reuters -bajo condición de anonimato- que la acción “no es bienvenida por Estados Unidos” y por ello analizan “las medidas que se pueden tomar» para impedir que los buques atraquen en Venezuela.

Por el otro, el vicecanciller iraní para Asuntos Políticos, Abás Araqchi, alertó que “el uso de medidas coercitivas u otro tipo de intimidación por parte de EE. UU. es una clara manifestación de piratería, una amenaza para el libre flujo de energía, una grave violación del derecho internacional y contraviene los objetivos y principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas”, reseñó la agencia IRNA.

El USS Detroit, uno de los cuatro buques de guerra estadounidenses que se dirigen al mar Caribe. Foto: Lockheed Martin-Michael Rote/Released

Luego, la cadena DW publicó que los departamentos de Estado y del Tesoro, junto a la Guardia Costera norteamericana, alertaron a la industria marítima de presuntas “prácticas de envío engañosas” para evadir sanciones, en alusión a Irán, en una especie de solicitud de apoyo internacional de cara a la posible intercepción ilegal de los buques petroleros.

Ante ello, la agencia FARS informó que el canciller iraní, Mohammad Yavad Zarif, envió una carta al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, para denunciar las “amenazas ilegales, peligrosas y provocadoras” de Washington. Incluso, este miércoles, el embajador iraní en Londres, Hamid Baeidi Neyad, hizó llegar una carta a la Organización Marítima Internacional (IMO) para expresar que EE. UU. pone en peligro la seguridad de navegación internacional. «Irán responderá a cualquier amenaza, y Estados Unidos será responsable de las consecuencias», acotó.

Por su parte, el embajador de Venezuela ante la ONU, Samuel Moncada, participó en una reunión del Consejo de Seguridad celebrada este miércoles, y condenó el hecho de «el Gobierno de EE. UU. y sus aliados están creando un espacio sin ley en las relaciones internacionales en el que pueden desconocer sus obligaciones en virtud del derecho internacional e imponer prácticas tiránicas, caprichosas y coloniales al resto del mundo», acotó la cadena Actualidad RT.

¿Qué establece la legislación internacional?

Precisamente, un ataque, bloqueo o intercepción en aguas internacionales sería una violación de la “Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar”, que en su artículo 87, numeral A, establece “la libertad de navegación” para todos los Estados; y en el número 89 estipula que “ningún Estado podrá pretender legítimamente someter cualquier parte de la alta mar a su soberanía”, tal como pretende hacerlo EE. UU.

Ahora, ¿puede Estados Unidos, estrictamente Donald Trump, violar esta Convención? La respuesta es clara y sencilla: sí. En primer lugar, nunca la firmó, y en segunda instancia, si la hubiera firmado igual prescindiría de ella para lograr su cometido.

Trump
Donald Trump se ha retirado de organismos y entes defensores de los DD. HH. porque no respetan sus intereses hegemónicos.

En solo tres años, Trump bloqueó el funcionamiento de la Organización Mundial del Comercio, dejó de financiar a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos y a la Organización Mundial de la Salud; se retiró del Acuerdo de París, del Pacto Nuclear con Irán, de la Asociación Transpacífica, del Consejo de Derechos Humanos y hasta de la Unesco. Todo ello porque no favorecían a sus intereses. Entonces, ¿qué sería una simple convención en sus ansias por apoderarse del petróleo venezolano?

Además, la situación recuerda un hecho histórico: un conflicto en aguas del Caribe entre Estados Unidos y otra potencia nuclear (dando por hecho que Irán lo es, considerando su “soberbia”) por la soberanía de un tercer país que se niega a hincarse de rodillas ante Washington; cargado de amenazas, retórica verbal y un posible enfrentamiento bélico en alta mar. Sí, la “crisis de los misiles”, en 1962, en medio de la sempiterna Guerra Fría entre la extinta Unión Soviética y EE. UU.

Ubicación de los buques en el océano Atlántico al 20 de mayo. El «ETA» es el tiempo estimado de llegada a Venezuela.

Pero, ¿puede considerarse este conflicto una especia de nueva Guerra Fría? Es muy pronto para determinarlo, aunque la retórica entre Washington y Teherán ya pasó a otro plano este año y ha dejado a un alto comandante iraní asesinado y una base militar estadounidense bombardeada.

Lo cierto es que las próximas horas serán críticas y con un aura de suspenso que supera la interpretación de Tom Hanks. De allí, habría que esperar si uno de los bandos se impone por la fuerza y le dice al otro: “Look at me. I’m the captain now” (Mírame, yo soy el Capitán ahora). Sin importar lo que suceda, seguramente años después sacarán una película y mentiran sobre ello a su favor.

Manuel Rodríguez/VTactual.com

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