¿Iniciará Trump la guerra contra Corea del Norte?

Es la pregunta del momento, pues de su respuesta dependerá en gran parte el rumbo del mundo de cara al futuro cercano, y quizá hasta a mediano y largo plazo. Esto, porque un hipotético enfrentamiento militar entre Estados Unidos y Corea del Norte se daría con el despliegue del arsenal nuclear de ambas naciones. ¿Estará dispuesto Trump a ser quien lance el primer cohete?

A pesar de que el presidente estadounidense ha declarado en más de una oportunidad la disposición de sus fuerzas bélicas para atacar, o presentar una “solución militar” a la tensión con la nación asiática, todavía no pareciera una opción real un ataque contra Pyongyang.

El actual inquilino de la Casa Blanca ha desplegado sus fuerzas junto a los surcoreanos en algunos ejercicios que pretenden funcionar como “avisos” para que Kim Jong-Un no tome una iniciativa de agresión, aunque en definitiva la confrontación se ha dado sobre todo frente a los micrófonos.

Trump ha tomado como práctica común menospreciar al líder norcoreano ante los medios de comunicación, catalogándolo como un “loco” o burlándose de su supuesta fijación con los misiles, al bautizarlo como el “hombre cohete”.

Sin embargo, la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) ha salido al paso de las ofensas de Trump, en voz de uno de los altos responsables de la misión de dicho ente en Seúl, Yong Suk Lee. Para éste, Jong-un es «un actor muy racional» que no tiene interés alguno en una escalada militar en la península coreana. Es «la última persona que quiere conflicto”, declaró al Washington Post.

Por su parte, James Mattis, secretario de Defensa estadounidense, mantiene la postura de que el Ejército gringo debe “estar siempre preparado” ante una eventual confrontación. Reconoce, no obstante, que la vía preferida para manejar la tensión con la nación asiática es la de los ataques económicos, en forma de sanciones, aunque tocaría ver si los intereses económicos intervienen en favor de la guerra, qué terminaría sucediendo.

De momento, la acción del mandatario norteamericano parece apuntar a una pelea de egos con el líder norcoreano, más que a un intercambio de misiles de largo alcance, y esto parece respaldado por la cautela con la que la jerarquía militar maneja el caso.

JI

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