#VTanálisis La Iglesia católica sin pena ni gloria ante el Covid-19

Según el portal web de El Vaticano, «la misión de la Iglesia Católica es elaborar, impartir y propagar las enseñanzas de Cristo y preservar la unidad de los fieles, además de ayudar a recorrer el camino espiritual hacia Dios y tender una mano a la humanidad».

Este principio no se ha visto reflejado en la ayuda que necesita la humanidad para confrontar la pandemia provocada por el Coronavirus. Hasta ahora la ayuda de la Iglesia para el Covid-19 se ha enfocado en oraciones.

Aunque tiene la «premisa» de erradicar la pobreza, el Vaticano amasa una fortuna de 7000 millones de liras, o lo que es igual a 3.500.000.000 de euros, que no han sido utilizados para ayudar a los 110 mil 574 contagiados que hay en Italia -ni de ningún otro país- desde el 20 de febrero que se detectó el virus, y que ya ha dejado 13.000 fallecidos.

El último valor del tesoro en oro que posee El Vaticano fue revelado en 1952 y era de 400 mil millones de liras. Esas riquezas no han sido tocadas desde entonces para aportar al país, sino que se han ido reproduciendo a lo largo de los años con inversiones, según la revista italiana Oggi, el valor es de 63% más por lo que se pudo haber reproducido dicha ganancia en 650%.

Religión vs Conveniencia

Las reservas financieras exteriores de El Vaticano se encuentran concentradas principalmente en Wall Street y esta es una de las razones por las que no se han manifestado a favor de la cuarentena en Italia, ya que esto implica la eliminación de las celebraciones santas, un ingreso fijo para esa ciudad.

La Iglesia recibe de las arcas públicas más de 3.300 millones de euros anuales, así como otras ventajas fiscales, no paga Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA) en sus compras, ni paga impuesto de sucesiones o donaciones, es decir que las riquezas y tesoros no son invertidos en gasto público.

Ante la pandemia, las procesiones de Semana Santa se trasladarán al 14 y 15 de septiembre. Es la propuesta que el Vaticano ha enviado a los obispos a través de un decreto que solicita que las actividades religiosas no se suspendan sino que se trasladen, y así evitar que deje de ingresar dinero de los fieles al Vaticano.

La suspención de las celebraciones religiosas, dejaría pérdidas económicas de 400 millones, el 1,3% del PIB local y 900 millones de ingresos perdidos por la cancelación de la Feria que se realiza durante los días santos, y al rededor de 400 millones que perderán los hoteles que albergan a los feligreses.

Según la Santa Sede, si se trasladan estas actividades para el mes de septiembre, en noviembre se podrá ver la recuperación en el sector económico de la ciudad.

Narkys Blanco/VTActual 

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