Gastronauta 130: MARY

Por Indira Carpio Olivo

Esta violencia …

se expresa en el cuerpo de las mujeres …

el bastidor donde la guerra se manifiesta.

Rita Segato

A Mary la tomaron por los brazos, la sacudieron, la amarraron y la tiraron sobre la plataforma de la camioneta. Detrás suyo, quemaban la casa de su hermana Ana, con las vacas y todo adentro.

A Mary la secuestran a cambio de que declare que sus hermanos son los responsables del asesinato de otro yukpa y dos colombianos, también del robo de 69 reses en la hacienda donde la confinan. La misma hacienda en la que asesinarían a Cristóbal, hijo de Carmen hermano de Mary, Hacienda Las Delicias.

La golpean. Le fracturan los dedos de la mano. No le dan comida. Tampoco agua. Evacúa delante de sus captores. La sangre se le seca sobre las telas. Por las noches es expuesta a la intemperie. La arrodillan de espalda a la luna. En la sombra, se puede ver a la mujer atragantada de piel, la piel de los hombres presentes. Se orina sobre la sangre seca. “Es la Ley indígena”, vociferan a conveniencia. Mary trilla, no sale de su boca ninguna “confesión”. No tiene nada que confesar. Se ha comido casi todos sus dientes. Sobre su cuerpo reescriben la historia de los caribes muertos en guerra.

Mary viene de la comunidad Kuse en la cuenca del Río Yaza, en La Sierra de Perijá. Es hija de la cacica Carmen Fernández. Mary es maestra en la localidad Guamopamocha, madre de cuatro hijos, viuda de José Antonio González Turútuka (asesinado por luchar por las tierras yukpas). Tres de sus hermanos han sido asesinados. A Alexander y a José Luis, le sacaron los ojos, y a Cristóbal lo asesinan a mandato de los ganaderos. Tres de sus hermanos vivos han sido lisiados, su madre ha sido herida. Su familia y la de Sabino Romero son banderas de la lucha indígena de los pueblos.

Hasta que los hermanos no se presenten, Mary no sería liberada, dijeron. Es vieja práctica: acusar a los indígenas yukpas -que resisten al latifundista y ganadero- de abigeato, para justificar sicariato, homicidio, secuestro, torturas, violaciones.

Mary es mujer yukpa, de las que no se han vendido al contrabando de ganado Venezuela-Colombia, de las que no entregan La Sierra a las nacionales y transnacionales mineras, de las que reclaman sus tierras, de las mujeres que acunan la resistencia en los albores del siglo XXI, en un momento histórico que se llama a sí mismo “revolucionario”.

Los responsables del rapto de Mary Fernández advirtieron sobre sus acciones. El secuestro fue reseñado por diarios locales que mantienen como vocero del delito al cacique del Tukuko Néstor Maikishy, acusado de ser aliado de los ganaderos, en presunta componenda con el cura Nelson Sandoval de fuertes posturas antiyukpa, y la dueña de Las Delicias María Antonia López.

El robo y tráfico de reses es una práctica con fuertes alianzas entre Venezuela y Colombia. De hecho, el Tukuko es señalado como una comunidad de desplazados colombianos, donde operan mafias alrededor del latifundio y la ganadería. Sabino Romero hijo, ha señalado a los mismos ganaderos como contrabandistas, de aprovecharse de la violencia para generar guerra entre los propios indígenas.

Después de ocho días de presión por parte de las organizaciones sociales, y de haber pasado del secuestro y la tortura a una detención violatoria de todos sus derechos humanos, en las instalaciones del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc) de Machiques, Mary ya está en casa de Carmen, su madre.

Sus familiares exigen que se le practique un examen forense para proceder con la denuncia. De ser una mujer enérgica, Mary casi no habla, tiembla y no se despega del brazo de la cacica. Poco a poco han salido de ella, como granos de arroz, las atrocidades.

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