#VTanálisis “Falsimedia” utiliza al coronavirus para ensañarse contra Venezuela

La última escalada -perversa y deplorable-, de la campaña de linchamiento mediático que mantiene en jaque la estabilidad emocional del país en plena fase comunitaria de la pandemia, es la de una seguidilla de imágenes rodando vertiginosamente a través de las redes sociales, de gente desplomada sobre las aceras de Caracas y algunas ciudades del interior, abatidas por el efecto letal del coronavirus.

Casi siempre, las gráficas vienen acompañadas de esa invitación informal al extravío que resume su irresponsabilidad con la célebre frase: “como me llegó lo paso”.

Así, en cuestión de minutos, la mentira (de tanto repetirse) se convierte en verdad, según la máxima guebeliana, hasta volverse “viral” e imponerse al relato de la cotidianidad, que inicia en casa y luego se expande libre y floreciente por el mundo gracias a la globalización.

Al rato, dos doñas con tapaboca en Sidney, Australia, comentarán alarmadas en un pasillo de condominio, sobre la carnicería en un país del “tercer mundo” llamado Venezuela, donde su malvado presidente “narcoterrorista” deja morir a la gente en la calle por negarse a combatir el contagio.

La mentira al galope

En contraste, las recomendaciones naturistas basadas en los estudios del médico y nanotecnólogo Sirio Quintero, que el presidente Nicolás Maduro sugirió públicamente en transmisión televisiva y multiplicó a través de las redes el 22 de marzo, sufrieron la respuesta convenientemente eficaz de la censura corporativa, cuando el tuit con la receta fue borrado de la cuenta del mandatario, con más de 3,7 millones de seguidores.

En su lugar, se podía encontrar un mensaje de advertencia que enlazaba a una página de la red social donde se indica que este tipo de mensajes pueden ser bloqueados e incluso inducir a una clausura de la cuenta de origen, por contener información no adecuada, “falsa y engañosas sobre Covid-19”.

Dirán cosas peores

Es “falsimedia” en una etapa superior -más abierta y desvergonzada- de su afán por servir de brazo ideológico y propagandístico a los esfuerzos de la campaña contra la revolución bolivariana, encabezada por el arsenal mediático de la prensa tarifada del mundo que elabora sus contenidos en el paroxismo de la postverdad.

No obstante, el gobierno venezolano mantiene un frente de batalla permanente, sin mayores resultados que no sea la denuncia pública, ante la arremetida asimétrica que se sirve de la prensa convencional y de ese poderosísimo apéndice que es el universo digital, incluyendo las redes sociales, pasto de las más efervescentes elucubraciones de la imaginación.

“Todo se vale con tal de destruir a Venezuela, y eso incluye al asqueroso mundo de la propaganda basada en rumores y episodios aislados. Lo único que hace es reconfirmar que la comunicación en Venezuela mutó hacia una de las formas de guerra más comunes que es la industria del chisme y del rumor, de la devastación del estado de ánimo de la gente a punta de noticias reales o falsas. Eso de que la gente se está cayendo por racimos en las calles porque en los hospitales no hay como atenderla, no es lo peor que se va a decir sobre nosotros en estos días que corren, así que tenemos que estar preparados”, advierte el periodista, escritor y analista José Roberto Duque.

José Roberto Duque

El más reciente experimento de laboratorio: la pandemia. Lo más barato que se ha dicho durante un mes distópico sobre Venezuela, es que solo los privilegiados reciben atención primaria, los test de despistaje del virus se están haciendo sobre una muestra mínima de la población y los contagiados que llegan a ser hospitalizados, son sólo conspicuos miembros de la “burguesía roja”.

El influyente The Washington Post, a la cabeza de la campaña como lo denunció el mismo presidente Maduro en días pasados, no ha dejado de editorializar que en un sistema de salud desmantelado como el venezolano, sin hospitales, con especialistas subpagados y sin registros confiables, es imposible contener el mal que tarde o temprano, según sus cálculos, dejará cientos de miles de muertos.

BBC News, otra corporación de la prensa mundial, aseguró hace solo horas que nuestro país es “considerado por la Organización Panamericana de la Salud uno de los más potencialmente vulnerables de la región, y los trabajadores de centros médicos y hospitales denuncian que sin gasolina, ni transporte público por la cuarentena, les resulta imposible llegar a trabajar”.

The New York Time no podía quedarse afuera de la rebatiña: “Las perspectivas son fatales. Según las cifras y porcentajes en cuanto a velocidad de transmisión (33 personas en cuatro días), Venezuela ha tenido una de las curvas de contagio más rápidas del mundo. Por más que Maduro y su equipo intenten apurarse, decretando cuarentena en todo el país y tratando de reaccionar ante la situación, ya por desgracia parece ser muy tarde. Venezuela es una emergencia en emergencia. El pasado de inoperancia oficial, de derroche y corrupción, tiene en el presente consecuencias todavía más criminales”.

“Tal vez lo que impresiona ahorita es que, frente a la situación del mundo, Venezuela podría ser tratada de otra manera, pero lamentablemente no es así. Sigue una línea editorial global contra nosotros, que tiene que ver básicamente con la política estadounidense contra el país. Fíjate lo del bloqueo naval, casi no se habla de eso, sino que se dice que Estados Unidos va a intentar proteger a su país del narcotráfico. Yo no sé quién se lo cree porque es una patraña muy manida”, resalta la periodista Mercedes Chacín, directora del semanario Ciudad Caracas.

¿Cómo se oculta un muerto?

Para nada importan las evidencias o, por lo menos, el equilibrio en la información. No tiene nada que ver, para la ambición mediática y los poderes que representa, las mediciones oficiales que nos colocan entre los países de más oportuna actuación frente al contagio, los resultados puestos en perspectiva a través de la curva de crecimiento exponencial de afectados, las órdenes inmediatas de cuarentena y uso obligatorio de tapabocas en espacios públicos emanadas por el gobierno nacional, ni el gesto humanitario del presidente Maduro al ofrecer al gobierno colombiano, a pesar de las intenciones ofensivas contra nuestro país, dos máquinas para pruebas de PCR provenientes de China, a fin de detectar contagios por coronavirus.

No interesan los elogios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ante “el trabajo de Venezuela  para contener la propagación del Covid-19”.

Para José Roberto Duque, “el odio antichavista (y el antifascista) no son reversibles. Mucha gente es capaz de creer lo que sea, cualquier fantasía o absurdo, si eso le justifica y reafirma el derecho a odiar. Puede que la propaganda sea capaz de hacer dudar a un fanatizado, pero ya la verdad no convence a nadie”.

Considera Chacín que, frente a la pandemia, es imposible falsear los datos y la racionalidad de las cifras oficiales. “¿Cómo se ocultan 100, 200 ó 300 muertos diarios? Tampoco se puede ocultar, si fuera el caso de que hubiera muchos infectados, a los hombres y mujeres vestidos de blanco buscando a las personas afectadas. Ocultar algo ahorita resulta un poco difícil, salvo en nuestro caso, porque la gente cree mucho en las redes sociales y debemos estar pendiente de no dejarnos engañar, verificar las informaciones, estar alerta con las noticias falsas, tan profusas como antes, solo que ahorita uno esperaría una tregua, pero los gringos no tienen paz con la miseria”.

Mercedes Chacín

José Manuel Milano, desde las trincheras de la comunicación popular y alterativa, se pregunta a quién va dirigida esa campaña de desinformación: “es para justificar, en el papel virtual, su agresión. Una forma de precedente legal ante esa hipocresía internacional llamada diplomacia. Pero a estas alturas, con los avances tecnológicos y con la conciencia que han desarrollado los pueblos, no es tan eficaz. Ahora, ¿quién le pone el cascabel al gato? Los imperios han hecho esto durante siglos y lo van a seguir haciendo”.

Mientras, el gobierno venezolano intenta cualquier recurso para ser escuchado más allá del infranqueable muro de la censura y la desinformación.

En días pasados, el mandatario nacional envió una carta pública al pueblo estadounidense (que está viviendo en carne propia un auténtico calvario de desatención oficial frente a la pandemia) explicando la verdad:

“Al expresarles mi solidaridad ante este importante desafío histórico y nuestra consternación y dolor por las consecuencias de la pandemia en EEUU, me veo obligado a también alertarles que, mientras el mundo se enfoca en atender la emergencia del Covid-19, el gobierno de Trump, instrumentalizando una vez más las instituciones para alcanzar sus objetivos electorales y basándose en infamias bajo pretexto de la lucha contra las drogas, ha ordenado el despliegue militar más grande de Estados Unidos hacia nuestra región en 30 años, con el fin de amenazar a Venezuela y de llevar a nuestra región a un conflicto bélico costoso, sangriento y de duración indefinida”.

Marlon Zambrano/VTActual.com

#VTnúmeros Covid-19 le puso la corona al fracaso del sistema capitalista

Artículos relacionados