#VTanálisis Fake news: el nuevo nombre de una vieja herramienta bélica

Los entendidos en la materia opinan que “la moda siempre vuelve” y aunque la expresión parece destinada al mundo del glamour y las pasarelas, también es aplicable a otras áreas de las costumbres humanas. La comunicación, con todo y sus modificaciones contemporáneas, vuelve (como la moda) a repetir patrones exitosos y aunque las técnicas luzcan nombres novedosos, llevan en su esencia prácticas muy viejas. Es el caso de los “fake news”.

Una costumbre de la generación llamada “millenials” es bautizar con nombres nuevos las actividades más antiguas de la humanidad como si se tratara de un descubrimiento asombroso. Así a las antiquísimas prácticas de tener parejas múltiples, le llaman “poliamor”, o a las personas que odiaron lo que se les atraviese a través de la evolución humana, las “redescubrieron” como “haters”. Así a la vieja costumbre de inventar informaciones falsas para perjudicar a terceros, y justificar acciones bélicas la llamaron “fake news”.

Acorazado Maine

Seguramente eso que llaman “fake news” aplicado a la guerra tiene orígenes más antiguos que el incidente del “ataque” al Acorazado Maine, pero sin duda éste resulta un buen punto de arranque para conocer de qué se trata. Cuenta la historia que en su afán por comprarle a España las islas de Cuba y Puerto Rico, Estados Unidos envió el acorazado de segunda clase Maine el 25 de enero de 1898 a las costas de La Habana en una abierta provocación. La embarcación permaneció allí unos días sin que nada sucediera, por el contrario, la alta oficialidad fraternizó con las autoridades españolas en la isla.

Sin embargo, el 15 de febrero una explosión partió el Maine por la mitad, acabando con la vida de más de 250 tripulantes, mientras los altos oficiales del barco estadounidense estaban en una recepción en tierra firme. El editor norteamericano William Randolph Hearst, promotor de la “prensa amarilla” publicó: “El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo”. Hearst era de la opinión de hacer noticias. “I make news” (Yo hago noticias), decía el también autor de la frase “Ponga usted la foto que yo pongo la guerra”. Tras el hundimiento, probablemente a mano propia del Maine, Estados Unidos entró en guerra con España y así le arrebató Cuba, Puerto Rico y Guam.

Incendio en el Reichstag

Para 1933 el canciller de Alemania era Adolf Hitler, quien había arribado al poder haciendo uso de prácticas poco ortodoxas. Hitler, acababa de llegar al poder y quería ampliar su poderío en el Parlamento (Reichstag), que para el momento estaba compartido con una fuerte presencia de los comunistas. La madrugada del 27 de febrero de 1933, a solo 4 semanas del arribo al poder de Hitler como canciller, se produce un incendio en el Reichstag del cual acusaron al Partido comunista.

Hitler logra convencer al presidente Paul von Hindenburg de emitir un decreto para suspender las garantías y perseguir a los miembros del Partido Comunista, tras lo que comienza una cacería que no desmayó durante la venidera guerra mundial. Tras la quema del Reichstag y la prisión de los diputados comunistas, el dominio nazi fue casi total en el Parlamento, con lo que los poderes de Hitler crecieron con las consecuencias devastadoras que el mundo conoce.

La bahía de Tonkín

Las operaciones bélicas basadas en provocaciones con engaño como las que hemos detallado en ejemplos anteriores, se llaman operaciones de bandera falsa. Una de las muestras históricas más representativas de este tipo de acciones militares, fue la que organizaron los servicios secretos de Estados Unidos para entrar en la guerra de Vietnam. En la acción se simuló un falso ataque de la marina de Vietnam del Norte contra barcos de la Armada norteamericana en aguas que éstos últimos reclamaban como propias sin serlo.

La bahía de Tonkín registró dos incidentes en 1964, uno real que fue una provocación de la CIA para que el gobierno estadounidense entrara con mayor compromiso en la guerra de Vietnam, y otro falso, que no existió nunca y fue usado como pretexto para ampliar la cantidad de tropas involucradas en el conflicto. Documentos desclasificados del Pentágono y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), admiten la inexistencia de la agresión que involucró a Estados Unidos en la guerra de Vietnam, de la cual su ejército salió derrotado y con un gasto económico y social de gran magnitud.

Armas de destrucción masiva

Debido a las frecuentes operaciones de bandera falsa diseñados y puestos en práctica por el gobierno de Estados Unidos, eventos como el de Pearl Harbor (1941) y la invasión a Panamá (1989), también han sido registrados como provocaciones para accionar el aparataje bélico norteamericano. Pero uno relativamente reciente y del cual hay múltiples pruebas de su falsedad, es la invasión a Irak en 2003 bajo la excusa de que la nación árabe tenía armas de destrucción masiva.

Luego de destruir casi la totalidad de las ciudades, el patrimonio cultural e histórico de Irak en la guerra del golfo Pérsico en 1990, Estados Unidos ocupó  esa nación por varios años, en los cuales no registró ningún intento de las autoridades iraquíes por levantar un arsenal armamentístico. Sin embargo en 2003 el gobierno de George W. Bush dirigió una coalición de países que invadieron y destruyeron lo que quedaba en pie en Irak y lograron deponer al dictador Saddam Hussein. El objetivo oculto de Estados Unidos era apoderarse del petróleo de Irak y dominar la región, situación que aún tiene terribles consecuencias en la zona.

Randolph Borges/VTactual.com

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