Fábrica de reinas o de esclavas: el caso Miss Venezuela

Era un «secreto a voces», pero finalmente las mujeres comenzaron a hablar. Y desde que la primera tomó la iniciativa, nadie las ha detenido: el concurso de «belleza» Miss Venezuela, que le ha valido varios trofeos al país suramericano, fabricaba no «reinas», sino intentaba captar también esclavas sexuales.

Osmel Sousa, a quien durante décadas ensalzaron como «el zar de la belleza», en realidad no era más que un traficante de cuerpos. Eso quedaba claro ya con el concurso en sí mismo, que dependía de la cosificación de la mujer para su subsistencia, pero ahora con los testimonios de participantes sobre «ofertas» extrañas, cobra otra dimensión.

La ganadora del certamen en 2013, Migbelis Castellanos, aseguró que en alguna ocasión el propio Sousa la puso en contacto con un hombre que, a cambio de «favores», ofrecía costear sus gastos durante el concurso, que además no son pocos.

Sin embargo, la joven se negó a cumplir con una «doble cita» que le ofrecieron: se mantuvo con el gran esfuerzo que hicieron sus padres para poder pagar por vestidos, viajes y demás gastos. “Lo que yo esperaba que fuese el concurso Miss Venezuela, no lo fue”, sentenció Castellanos sobre una etapa que, aunque le abrió muchas puertas, le dejó esa mala experiencia.

Además, en el año 2009, según una investigación de El País de España, la exmiss Claudia Suárez Fernández habría realizado un depósito en euros equivalente a 1 millón de dólares en la Banca Privada d’Andorra, justificados en una «relación comercial» con compañías de Diego Salazar, ex alto cargo de Petróleos de Venezuela detenido por las autoridades venezolanas por el blanqueo de dinero en esa nación europea.

Esto ha servido para que voceros y medios de la derecha nacional e internacional comiencen una nueva campaña de criminalización del chavismo, pero, ¿era el Miss Venezuela una organización inmaculada antes de 1999?

Ya en 2015 había hablado quizá la de mayor peso hasta ahora: Patricia Velásquez, quien formó parte del Miss Venezuela 1989, aseguró que para entonces tuvo que encontrar un «patrocinante» que le costeara los gastos que por ella misma no podría garantizar cubrir.

“Tuve que empezar a prostituirme”, escribió la actriz hollywoodense conocida, entre otras, por su participación en el blockbuster «La Momia». En su libro «Straight Walk» (Camino recto) se tomó un capítulo para contar precisamente esa parte más terrible de su paso por la «fábrica de reinas».

Igualmente, reveló en esas líneas que Sousa ejercía mucha presión para que las concursantes se realizaran cirugías estéticas de todo tipo, todas muy costosas, lo que la obligó a actuar de esa forma.

Eso quiere decir que Sousa y la organización que presidía hasta hace unos días ha actuado como una expendedora humana al mejor postor desde siempre, y que en los últimos años quizá pactó con figuras corruptas dentro de altos cargos del gobierno venezolano, de esas que han ido cayendo en la cruzada que actualmente lleva el Ministerio Público para atacar ese mal dentro de la administración pública.

JI

Osmel Sousa, el cosificador de la mujer venezolana

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