#ExpedienteVT Cuando el agua mata: casos Japón y Bangladesh

En noviembre de 2019 una película protagonizada por el actor estadounidense, Mark Ruffalo, volvió a recordarnos que en muchas partes del mundo millones de personas están muriendo por el consumo de agua contaminada. También nos recordó que no es un asunto nuevo y que en la mayoría de los casos los responsables de esta tragedia son empresas que se lucran desde la inconsciencia.

La contaminación del agua es un mal que aqueja a prácticamente todos los países del mundo y que de acuerdo con informes presentados por la Organización de Naciones Unidas, disminuye en un tercio el índice de desarrollo de las zonas más afectadas.

La contaminación de los recursos hídricos del planeta se produce por diferentes factores, entre ellos la industrialización, la minería y el uso de químicos en los cultivos como por ejemplo el nitrógeno. Este último, ocasiona que los niveles de oxigeno en el agua disminuyan hasta que no exista posibilidad de vida en ella.

Río Jinzu, Japón.

Metales que matan

Los metales también son fuente de contaminación, muchos de ellos arrojados en su estado líquido a las cuencas de los ríos. Japón sabe mucho sobre este tema porque entre 1912 y 1945 la población de la ciudad de Toyama enfermó gravemente por el efecto del cadmio arrojado al agua por empresas mineras.

La enfermedad del Itai Itai, como se conoció en ese entonces, afectó el estado de los huesos de quienes consumían agua del río Jinzu y sus afluentes, o se alimentaban de los cultivos de arroz cercanos a éste.

Otras tres patologías, conocidas como Minamata (compromete el sistema neurológico), Niigata Minamata y el asma de Yokkaichi, también se cuentan dentro de las consecuencias del vertido de cadmio en el río Jinzu por estas empresas dedicadas a la minería que funcionan en la zona desde el año 710, aproximadamente.

Algunas de las víctimas del envenenamiento sufrieron terribles afecciones renales y ablandamiento de los huesos. En principio las autoridades pensaron que se trataba de un padecimiento propio de la región o de alguna infección bacteriana, no fue sino hasta después de la segunda Guerra Mundial que los científicos comenzaron a estudiar los afluentes del río y determinaron que en él habían sido vertidas grandes cantidades del peligroso metal.

Esa investigación también determinó que ciudadanos de otras cinco ciudades cercanas a Toyama también se encontraban en peligro de intoxicación por la misma causa.

La triste historia de Bangladesh

Quizás el caso más triste de contaminación conocido por el hombre sea el de Bangladesh, país considerado uno de los más peligrosos para la salud de sus ciudadanos, de los cuales unos 40 millones consumen diariamente agua envenenada con arsénico.

En principio, los niños morían por el consumo de aguas residuales; pero luego de que Unicef iniciara una campaña para cambiar esta situación y reuniera fondos para garantizar el acceso de la población al agua potable se presentó otro problema.

Los pozos artesianos construidos por el organismo en la década de los 80, que extraían el agua de lo más profundo de la tierra, ocasionaron un mal mucho mayor porque las formaciones geológicas de ese país contienen grandes cantidades de arsénico que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta, algo que no previeron en la organización.

Como se supo luego, a principios del siglo XXI, el organismo encargado de realizar las pruebas a los pozos desde donde se extraería agua supuestamente sana para la población no siguió las rigurosas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y a pesar de que incluyeron 22 parámetros de medición de agentes contaminantes no tomaron en cuenta al arsénico.

En la actualidad, se estima que uno de cada 10 fallecimientos que se producen en Bangladesh se debe a este componente. La propia ONU calcula que este metal puede ser responsable de la muerte de 20 mil bangladeshíes cada año, una realidad que sin duda supera cualquier historia contada en la ficción.

Andreína Ramos Ginés/ VTActual.com

#VainaVerdeVT Contaminación ambiental es una deuda del transporte y el uso de energía

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