El juego y la risa, terapia para sanar

«Ninguna escuela enseña que el amor es lo más importante en la vida, ninguna universidad enseña que la compasión es lo fundamental. Yo aspiro a desarrollar un sistema de educación médica que tenga entre sus prioridades la enseñanza de la compasión».
Patch Adams

Ser payaso de hospital es cosa seria. Ángel Martínez tiene unos cincuenta años, su nombre de payaso es Doctor Amar. Llega temprano a un cuartico del hospital Materno Infantil Pastor Oropeza ubicado en Caricuao, al suroeste de Caracas. Ahí, junto a sus compañeros se cambia y hace algunos rituales para conectar con la energía necesaria, ante la tarea a emprender.

Divertidos vestuarios, gorros, zapatos estrambóticos y unas batas de médico medio disparatadas, forman parte del atuendo. Tras vestirse, comienza «La carga de la nariz», sí, la nariz grande y roja, herramienta fundamental para el trabajo del payaso. Son entre 5 y diez minutos, según quien dirija la dinámica, de actividades de respiración y meditación, para conectarse con el momento y dejar atrás las cargas personales.

Una vez dotados de tan importante herramienta, llega el momento de hacer una invocación a la Virgen de la Chalupa o Vírgen del Zapatico, patrona de los payasos, la persona al frente de la actividad dice una frase, con versos que pueden rimar o no y que el resto del grupo repite. Al terminar la invocación, comienza la visita a los servicios del hospital. Así empieza su rutina la gente de Doctor Yaso, payasos de hospital con sello venezolano.

El nacimiento de los Yaso

Se trata de una asociación venezolana sin fines de lucro, que nació en el año 2005, luego de una vaguada que afectó varios estados del país suramericano, especialmente Vargas en la región norte costera. Jeremías Pestana, uno de los coordinadores de sede en Caracas, explicó en entrevista con VTActual.com que un grupo de artistas de distintas vertientes comenzó a realizar funciones para niños, niñas, adolescentes y familiares que se encontraban en los refugios; los voluntarios atendían a las personas afectadas por el fenómeno natural, a través de terapia de la risa y herramientas lúdicas.

Pestana reseña que la experiencia comenzó a evidenciar resultados positivos, pues quienes tuvieron contacto con los voluntarios, mejoraron en sus condiciones de bloqueo psicológico y estrés, generado por la tragedia ocurrida en esa fecha. De esta manera, nace hace 13 años Doctor Yaso, payasos de hospital, de la mano de tres fundadores: Lilver Tovar, Fraklin Tovar y Jorge Parra, con el propósito de «desdramatizar el ambiente» en los espacios que visitan.

Visita la página web www.doctoryasso.com

Hoy, cuentan con más de 2600 voluntarios en el territorio nacional, «somos un equipo de voluntades que a través de la herramienta del payaso, busca impactar positivamente la vida de las personas en hospitales, ancianatos, albergues y comunidades.

En acción

Una vez terminado el ritual para iniciar la visita en cada centro de salud, inicia el recorrido. Los mecanismos para acercarse a las personas son la ternura, la imaginación, creatividad y contacto con lo humano, «para poder brindar un momento único, contribuyendo en la mejoría y bienestar emocional, así como la salud mental del beneficiario, asegura Pestana.

Doctor Amar nos explica durante nuestra visita al Materno Infantil de Caricuao, que al entrar a una habitación o ambiente hospitalario, hacen un escaneo rápido de la cantidad de personas que hay, el tipo de pacientes y la receptividad que tienen para con el encuentro. «A veces quieren jugar, otras solo hablar, otras ser escuchados y otras veces, simplemente necesitan un abrazo», explica.

«Bum bum peluca» masajea al personal de salud

Mientras cambian de un ambiente a otro, saludan a las enfermeras o doctores en el pasillo, les juegan alguna broma o les hacen un masaje rápido. Doctor Amar le da la mano a una doctora que camina rumbo a atender a algún niño o niña en hospitalización pediátrica, ella dice: -Dígame, él responde: -Me, usted dijo que le dijera me, diga – me… Ella se ríe y continúa el rumbo.

Tocan la puerta, abren sigilosamente, al ver a tan extraños visitantes, la primera reacción de los pacientes es de incredulidad, luego, por lo general una sonrisa los invita a pasar y allí comienza el juego. De recibir una negativa, no obligan al paciente a participar.

Las visitas se organizan de acuerdo a la cantidad de voluntarios que acudan. Por lo general acuden entre 5 y diez payasos, aunque eso puede variar y se distribuyen en dúos o tríos que recorren los ambientes.

Doctor Amar es licenciado en administración, tiene un negocio de ventas, pero en realidad, está entregado al trabajo voluntario con Doctor Yaso desde hace año y medio. Al ser consultado sobre lo que ha significado este tiempo, no duda en responder, «muchísima alegría, mucha gratificación por poder llevarle acompañamiento a los pacientes a los lugares que visitamos».

La alegría es la herramienta que conecta a todos

Recuerda en particular a un paciente al que llegaron, que tenía tres días sin poder dormir en el hospital Domingo Luciani. «hicimos un juego relacionado con sus remembranzas, con su pasado y al rato, logramos que durmiera«, dice con una sonrisa. Refiere que la intención de la labor es jugar y conectar con la parte lúdica del paciente y no con su enfermedad, para poder lograr el objetivo. 

Al terminar el recorrido en cada visita, los voluntarios se reúnen y hacen la «volcada», en la que interactúan en torno a la experiencia vivida ese día, comparten impresiones y hacen feed back.

Payasos con formación

«Para mí ser un Yaso es conectarme con mi lado más humano y más sensible», dice Miguel Rodríguez, otro voluntario experimentado de la organización. Se sumó tras conocer de la iniciativa a través de una amiga y comenzó a investigar al respecto. «la verdad es que me gustó mucho lo que se hacía y me inscribí para mi formación como payaso de hospital y ya no quiero dejar de hacerlo».

Doctor Amar, explica que para ingresar, se debe cumplir con una formación de 30 horas académicas, en las que no solo se explora la parte lúdica sino que los aspirantes aprenden a identificar y manejar sus emociones, y reciben información en torno a la bioseguridad en los hospitales para proteger su salud, «debemos enfocarnos en el paciente y no en lo que le están haciendo al paciente, no debemos participar en esos procedimientos».

No obstante, la formación es permanente, con cada uno de los casos que encuentran estos particulares voluntarios en cada visita. Miguel Rodríguez recuerda haber entrado en una habitación con su dupla, en la que todos los juegos propuestos por los niños incluían acciones agresivas, como chocar a los payasos, o imaginaban que llegaba un helicóptero con armas y buscaba la forma de hacerle daño a los voluntarios, «una vez finalizada la visita, mi dupla me comenta que el niño cuando tiene mucho tiempo en el hospital, acumula mucho estrés, entonces entendí que la figura del payaso de hospital termina siendo una herramienta para el personal de salud».

El payaso de hospital estudia a su paciente y determina la estrategia a utilizar para jugar

Rodríguez afirma que esta iniciativa cambió su vida, al aprender la filosofía del payaso y trasladarla a su vida cotidiana. «En mi caso, tengo una perspectiva totalmente distinta de la vida», afirma que es menos cuadrado en sus cosas y entiende que hay formas muy diferentes de abordar las situaciones, «no es que soy un payaso todo el tiempo, pero admito que me ha permitido llevar la vida de una forma diferente».

Para formar parte de esta iniciativa de manera permanente, o solo ser «Yaso por un día», se requiere ser mayor de 18 años y contactar a la organización a través de la página web, www.doctoryaso.com la solicitud para sumarse a la experiencia, en cualquier estado del país.

Fundación Leiva, risas para el oriente

Al oriente del país, en el estado Anzoátegui, también hace vida la Fundación Leiva, que nace en el año 2013 con la intención de que algunos músicos se organizaran para coordinar conciertos y toques que ayudaran a generar conciencia respecto a temas sociales.

Su presidente, Juannay Leiva, se encontró a una amiga un día, cuyo hijo de dos años acababa de ser diagnosticado con leucemia, y él se acercó con globos y unos caramelos al día siguiente. «Estando allá estuve con él y otro niño que había en la habitación y jugué con ellos por casi dos horas, cuando me iba, tenía una fila de niños esperando afuera por más globos. Les prometí que volvería, ese yo vuelvo, significa que fui dos y tres veces y luego eso se convirtió en mi misión de vida».

El juego es la herramienta principal para llevar alegría

Leiva y sus compañeros, han convertido la música y los juegos en la forma en que alegran la vida de pacientes, principalmente niños en el oncológico Luis Razzeti de Barcelona, especialmente en el anexo de niños. Además,  a través de redes sociales y conexión con instituciones y particulares, ayudan a conseguir donaciones, principalmente de medicinas.

«Con ellos he aprendido a no quejarme, aprendí que tenemos por qué luchar, pero no quejarse, aprendí que no puedo curarlos pero ayudo a mantenerlos felices y al estar felices, reciben mejor su tratamiento y con eso, tienen mayor esperanza de vida» dice en entrevista para VTActual.com.

La fundación tiene benefactores y seguidores en varias entidades del país, con la esperanza de seguir creciendo, para brindar a esperanza cada vez más personas. La forma de contactarlos para donativos y apoyo voluntario, es a través de las redes sociales de Juannay Leiva, en Twitter @Juannayleyva y en Facebook Juannay Leiva.

Su principal punto de acción es el oncológico Luis Razzetti de Barcelona

Estudios en el mundo entero, ratifican el poder sanador de la risa, el amor, la contención y la solidaridad, no solo en personas deprimidas, sino en las más diversas condiciones y patologías. No por casualidad, crecen espacios como terapia de risa o yoga de la risa, terapia de abrazos entre otros. El  contacto directo entre los humanos es la medicina ideal, en un momento en que a pesar de ser partes de un todo, se aíslan en la tecnología o en cotidianidades del mundo moderno, cuando la solución podría estar a la distancia de un abrazo.

JS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Artículos relacionados