Ecuador: un balance de la insurrección popular. Segunda parte.

Por J.J Diaz

La insurrección popular logró someter por un tiempo al gobierno neoliberal de Lenin Moreno, colocando en entredicho la estabilidad de los gobiernos reaccionarios de la región. La radicalización política de la población indígena, de sectores obreros y campesinos, amenazó con superar a toda la institucionalidad burguesa de ecuador. Pero los dirigentes de la insurrección se limitaron a exigir la derogatoria de la resolución 883. Estos sucesos tienen un doble significado; demuestran que el pueblo movilizado puede hacer retroceder a la derecha, no obstante, al no llevar la insurrección popular hasta el final la reacción se reagrupará y volverá al ataque.  

En la guerra se incurre en un error de cálculo cuando lo estratégico (La salida de moreno y sus rufianes) se subordina a lo puramente táctico (La derogatoria del decreto 883). De esta manera los dirigentes de la CONAIE y otras organizaciones indígenas colocaron la insurrección popular bajo peligro de muerte. Toda la represión criminal que sufrió el pueblo ecuatoriano desmerece la confianza hacia la figura de Lenin Moreno y sus promesas. Los dirigentes indígenas deben unirse con otros sectores populares y llevar la insurrección hasta el final, sus bases así lo demandan confiando en sus propias fuerzas. Lo logrado hasta ahora solo debe ser interpretado como una conquista táctica, una batalla ganada, que desde Venezuela felicitamos y apoyamos con entusiasmo, pero que no representa de ningún modo el fin de la contienda.

Organizaciones sociales, grupos de DDHH, campesinos, colectivas feministas,
movimientos de vecinos, artistas y estudiantes se movilizaron para rechazar de la represión
desmedida contra los y las manifestantes, en especial en la ciudad de
Quito

Las amenazas del “paquetazo”

Como en todos los países subdesarrollados y exportadores de materias primas en la actualidad, la estabilidad del capitalismo en Ecuador se encuentra comprometida. El manifiesto propósito de las contra-reformas es enfrentar el déficit fiscal que dejó 2018, aumentar las reservas de divisas del país y reducir la deuda. Como ya sabemos la medida más polémica del “paquetazo” fue la eliminación del histórico subsidio a los combustibles. Así el beneficio que fue entregado hace 40 años por caminos reformistas, hoy, frente a la crisis estructural del capitalismo, se intenta retirar despiadadamente. El aumento fue inmediato: el diésel paso de 1,03 dólares por galón a 2,27 y la gasolina subió de 1,85 dólares por galón a 2,30. Un alza del más del 120%. Los efectos de la vertiginosa subida no solo es un duro golpe a las ya depauperadas condiciones de traslado de los más pobres, sino con implicaciones directas en el aumento generalizados de bienes y servicios.

Pero esto no es suficiente para los hambrientos señores del FMI y sus socios criollos; la oligarquía ecuatoriana. La eliminación de los subsidios a la gasolina solo representa un primer grupo de medidas dirigidas a paliar el gasto público. El “paquetazo” también persigue una reforma laboral draconiana que busca conculcar importantes derechos laborales. Por ejemplo, se pretende que los funcionarios públicos entreguen un día laboral al fisco o, dicho de otro modo, obligarlos a trabajar gratis un día al mes. Un día de trabajo sin remuneración es, en términos económicos, un retroceso a la esclavitud. Adicionalmente se intenta reducir las vacaciones de 30 días a tan solo 15. Siguiendo esa línea de precarización del trabajo se apuesta por la reducción salarial de hasta un 20% para contactos temporales en el sector público.

Mujeres y la jóvenes jugaron un papel de primer orden en la insurrección.

Lo paradójico: lo que representa un ataque para la clase trabajadora, resulta en sendos beneficios para la élite ecuatoriana. La reducción a la mitad de impuestos a la exportación de divisas es una excelente oportunidad para las inversiones de la burguesía en el extranjero. Pero lo más descarado del asunto es que meses atrás el gobierno de Moreno flexibilizó y condonó una deuda de las empresas privadas con el fisco que alcanzaba un monto de 4.295 millones de dólares, cifra muy similar a la deuda que se pretende contraer con el FMI ¿Se puede decir entonces que el paquetazo realmente es justo y va dirigido a beneficiar a los más depauperados como afirma Lenin Moreno?  Si de austeridad se trata ¿Por qué tienen que ser los más pobres lo que paguen la crisis con pérdidas de derechos y reformas laborales? ¿Por qué no se vende el avión presidencial?, ¿por qué no se eliminan los gastos de representación? ¿Por qué no se reducen los salarios de los ministros y cargos vitalicios? Solo por poner un ejemplo.  

Sí la vuelta atrás del paquetazo no es definitiva o solo es parcial en algunos de sus puntos, es de esperar más ataques de este tipo en el futuro inmediato. El principal producto de exportación de Ecuador es el petróleo, el cual ha sufrido un recorte en su producción aproximadamente de 54.000 barriles diarios. Con la pérdida de soberanía monetaria que ocasiona la dolarización, las capacidades del estado para estimular la demanda con medidas autónomas e independientes son muy reducidas. El PIB solo creció un 0,3% en el segundo trimestre de 2019, lo que estimuló un plan de ajuste fiscal para reducir el déficit público; ahorrando 1.500 millones de dólares. Ante las expectativas de recesión solo puede esperase mayores ataques y contra-reformas que impondrán todo el peso de la crisis sobre los cuerpos indefensos de los más pobres y necesitados.

La realidad latinoamericana y la salida de la crisis.

Los países de América Latina basan sus economías en la extracción y exportación de materias primas.  Por lo general son países con desarrollo industrial limitado y sometidos a una subordinada dependencia de los centros financieros del mundo capitalista.  La precariedad, la desigualdad, la pauperización, el subdesarrollo, es decir, los peores rasgos de atraso económico y cultural se combinan con elementos de la modernidad capitalista: tecnología, productividad, comunicación, progreso febril, entre otros. Esta realidad fomenta en nuestro continente un escenario de constantes confrontaciones sociales; de débiles democracias, infames dictadores y de revoluciones tan victoriosas como fallidas. Tal es la situación del mundo subdesarrollado.

En la ciudad de Quito se concentraron grandes contingentes de la población indígena, quienes se desplazaron desde diversas provincias del país.

El pueblo ecuatoriano también es parte integral de esta realidad. A finales del siglo XX este país fue protagonista y testigo de sucesivos estallidos sociales que depusieron a dos presidentes. La tradición continua en el año 2003 con el derrocamiento del coronel Lucio Gutiérrez, mientras que en 2010 repelieron un golpe de estado contra Rafael Correa. La clase trabajadora ecuatoriana goza de una formidable experiencia combativa. Por ahora las negociaciones desde “arriba” y el levantamiento del paro nacional postergaron la resolución definitiva del conflicto, pero solo por un tiempo. El pueblo demostró de lo que está hecho y es consciente de lo que es capaz de alcanzar. Este episodio marca profundamente la psicología de amplios sectores sociales.

Según Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, los pronósticos de la economía mundial son negativos. Se espera una desaceleración en 90% de los países del mundo, lo que según sus propias palabras “lastraría a toda una generación”. Hoy sabemos, por la terrible experiencia vivida en el mediterráneo y en los países del sur, que los bajones económicos son un resfriado para las economías desarrolladas del capitalismo, pero para las economías subdesarrolladas de la periferia representa toda una tempestad.

Esto traerá a aparejado  nuevos escenarios y oportunidades, las masas pondrán a prueba a sus dirigentes, la presión de las bases y de los enemigos de clases los hará moverse de una a otra dirección, pero el intento de tomar el cielo por asalto y cambiar la situación de raíz se mantendrá presente  durante el período que se avecina. Los gobiernos reaccionarios de Bolsonaro, Macri y Moreno se tragarán su demagogia anti socialista en la misma medida que surjan alternativas políticas que pugnen por ganarse un lugar en la historia.

El péndulo de la historia no cesará de girar en América Latina hasta que «las venas abiertas» sean realmente curadas por una dirección política decidida, consecuente, clara y comprometida con el pueblo pobre, explotado y oprimido de Sudamérica.


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