La oferta engañosa de la derecha latinoamericana

La sabiduría popular dice que si alguien engaña una vez, es su culpa; pero si engaña nuevamente, es culpa de quien le dio otra oportunidad. En américa latina los gobiernos neoliberales de derecha tuvieron otra vez la confianza del electorado, que creyó fielmente aquel cuento de que el “monstruo del comunismo” devoraría a sus sociedades. El miedo paralizó e hizo sus efectos, pero el tiempo ha colocado las cosas en su lugar.

Argentina

A Mauricio Macri todo le ha salido mal con la implementación de políticas neoliberales.

Los argentinos cambiaron “camino por vereda”, como dice el son de Compay Segundo. Tras los gobiernos de los esposos Kirchner, Argentina resurgió de las cenizas en que la dejó la crisis política y económica de principios de siglo. Sin embargo, la nación suramericana optó por “el cambio” que ofreció Mauricio Macri, y vaya que cambiaron las cosas. Hoy Argentina tiene uno de los procesos inflacionarios más altos del mundo, con un margen de pobreza crítica que sobrepasa el 30% y una deuda, recientemente contraída con el FMI, que no deja capacidad de pago. La Argentina de hoy ve como cierran las empresas y las que tuvieron interés en invertir allá, lo han descartado.

Brasil

Jair Bolsonaro ha reavivado la violencia en Brasil y ahora aprobó medidas blandas para portar armas en el país.

Otro ejemplo clásico es el de Brasil. Los cariocas compraron muy barato el discurso del anticomunismo y lo están pagando muy caro. La llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro, está llevando al gigante amazónico 200 años atrás en materia de derechos humanos. Los retrocesos en derechos civiles, la homofobia y el racismo desatados desde el gobierno y las vinculaciones de éste con la corrupción a pesar de lo joven del período, están demostrando a los brasileños que no todo lo que brilla es oro. La represión es otra de las “promesas cumplidas” de Bolsonaro y prueba de ello es que la policía de Río de Janeiro, gobernada por un alcalde de su misma tolda, tiene el récord mundial de asesinatos con cinco muertos por día en lo que va de 2019.

Colombia

Iván Duque pasará a la historia de Colombia como el presiente que echó a la basura un proceso de paz que costó mucha sangre y tiempo.

Colombia no ha conocido jamás un gobierno de izquierda. La élite de ese país se ha encargado de que no ocurra, aunque para ello deba recurrir a prácticas poco decorosas. De ello podrían dar testimonio Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán o Carlos Pizarro, pero todos ellos fueron asesinados antes de ganar la presidencia. El gobierno de Iván Duque, que sucedió a otro de derecha como el de Juan Manuel Santos, acabó con el proceso de paz que tanto le había costado al país neogranadino. Duque le dio la espalda a un referendo popular que pedía paz, con el argumento de que «el pueblo no siempre sabe lo que hace«. A la par del reinicio de las hostilidades internas, el gobierno se hace de la vista gorda con la mayor masacre de líderes sociales registrada en el continente.

Perú

Alan García (al centro) es uno de los referentes de la corrupción en Perú. Su suicidio al ser apresado sólo confirma su responsabilidad en los hechos que se le imputaron.

Perú es otro de los países de la región que tampoco ha tenido gobiernos progresistas, pero muchos de sus presidentes se han disfrazado durante su campaña, para dar el cambio radical al momento de gobernar. El problema con Perú y la presidencia de ese país, es la extraña vinculación que hay entre el jefe de Estado y la corrupción. Para ser presidente en Perú parece un requisito irrenunciable, el tener vínculos con casos de estafa a la nación. Alan García, que repitió en el gobierno y también en el delito hasta el momento de su suicidio; Alberto Fujimori, que además aplicó desapariciones forzosas; Alejandro Toledo, prófugo de la justicia por corrupción y refugiado en EEUU; Ollanta Humala, recientemente encarcelado; Pedro Pablo Kuczynski, preso por el caso Lava Jato. Todos ofrecieron luchar contra el comunismo y acabaron en prisión, en la tumba o en el exilio por corruptos.

Ecuador

Lenín Moreno fue calificado por su antecesor, Rafael Correa, como el «más grande traidor de américa latina».

De presidentes disfrazados conocen mucho los ecuatorianos. Lenin Moreno se montó en el exitoso gobierno de Rafael Correa para asegurarse la llegada al gobierno del Ecuador. No esperó mucho el nuevo jefe de Estado para cambiarle la cara a la “revolución ciudadana” instaurada por su antecesor economista. En lo que pareció una carrera contra el tiempo, Moreno comenzó la persecución de todos los aliados políticos de Correa, eliminó muchos de sus programas de gobierno y cortó lazos con Venezuela, país hermano con el cual transitaron muchas batallas antiimperialistas. Como colofón, Moreno entregó a Julian Assange, periodista australiano asilado en su Embajada en Londres, a petición de sus nuevos amigos de las potencias económicas. Ecuador se retiró de ALBA-TCP y UNASUR, mecanismos de integración creados por gobernantes de izquierda en la región.

Los pueblos golpeados por el engaño, aguardan el momento de contragolpear electoralmente. Pocos creen que el culpable de sus nuevos sufrimientos sea el comunismo o el socialismo del siglo XXI, cuyas doctrinas poco o nada tienen que ver en sus padecimientos. Por el contrario Bolivia, Uruguay y Cuba, con gobiernos progresistas, mantienen una estabilidad que les ha permitido crecer en estos años. Capítulo aparte merecen Venezuela y Nicaragua, cuyos gobiernos están bajo ataque con sanciones económicas que han provocado levantamientos sociales en sus países. La intención clara de romper el sueño de la integración, es evidente y los pueblos ya están advertidos.

RB

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