El coronavirus visto a través de los arcanos

Aunque la ciencia ha intentado revelarnos todas las explicaciones lógicas para comprender la aparición y propagación mundial del Covid-19, se queda corta en su esfuerzo por desvelar todos los misterios. Ahí entran a escena los arcanos.

Erika Fino Larrazábal, astróloga y tarotista, buceó en los laberintos astrales para desentrañar las razones cósmicas de la pandemia y sus consecuencias metafísicas y, de entrada, nos formula un dato no apto para incrédulos: el coronavirus es del signo Escorpio, con ascendente en Aries.

Una carta natal revuelta

Identifica, según la aplicación de las fórmulas universales con las que trabaja la astrología, dos momentos claves del proceso de mundialización de la pandemia: cuando se supo públicamente de su existencia, el 17 de noviembre de 2019, estando el sol en Escorpio y la luna en Cáncer y de donde se extrae su signo zodiacal. En segundo término, el pasado 10 de enero, cuando se empieza a expandir el virus después de un eclipse de luna llena estando en Cáncer.

La carta natal del coronavirus presenta muchas oposiciones y cuadraturas, y su luna está en Cáncer, casa 4 (su casa de residencia), cuadratura de Urano retrógrado en Tauro, Marte en Libra, y en oposición a Plutón en Capricornio. Es decir, explica Érika, aparentemente es una configuración que nos obliga a replantearnos el concepto del hogar.

Otros detalles de la carta natal, aunque enrevesados y confusos para quienes no manejamos sus ecuaciones, explican las modalidades de sus cuadraturas: “El nodo norte del coronavirus está en Cáncer, y el sur en Capricornio, y ambos están en conjunción del bajo cielo (nodo norte) y del medio cielo (nodo sur)”.

Si esta configuración se aplicara a una persona, Érika estaría preocupada. “He visto que las personas que presentan esta configuración tienen vida corta, mueren jóvenes, antes de los 30 o 35 años, debido a que son dos ciclos de retornos nodales y arrastran un karma. La vida se les hace muy pesada, tienden a la depresión, al narcicismo, y fluctúan en esos extremos” advierte.

El coronavirus muestra idéntica oposición: una vida corta. “Además, en la casa 10 del medio cielo tiene a Saturno, Plutón y la Cruz del Infortunio en conjunción. Si se tratara de una persona, le preguntaría ¿cuánto afán tienes en trascender? Hay demasiado anhelo de permanecer. ¿Por qué lo digo?: primero por Quirón retrógrado en Aries, casa 12, y por Neptuno en Piscis retrógrado, casa 12. Las personas que tienen estos retrógrados tienden a pensar en la transcendencia física, espiritual o de su obra, y habla también de rebeldía. Es decir, permanecer en la memoria por malas acciones”.

Un replanteamiento del hogar

La astrología, como sabemos, se trata de un conjunto de creencias y tradiciones para construir significados a partir de los eventos celestes y constelaciones, arrojando como resultado interpretaciones de sucesos terrenales.

Alguna vez, en antiguas civilizaciones, fue un recurso esencial para descifrar señales que ayudaran a comprender fenómenos mundanos, desde la siembra y la cosecha hasta los designios del destino de hombres y mujeres, dilucidados por místicos de elevada jerarquía social.

Hoy, desplazada por los conocimientos supuestamente “infalibles” de la ciencia, se ayuda de fórmulas computarizadas que arrojan mapas precisos a través del cálculo de la posición de los planetas en un momento determinado.

La carta natal del coronavirus indica que, debemos “comenzar a relacionarnos con nuestro hogar de una manera más inteligente, más amena, más consciente, pero sobre todo, muchísimo más física. También habla de labrarnos un lugar en el mundo” puntualiza Érika Fino.

Según su análisis, se trata de una configuración escabrosa, que simboliza que el coronavirus tiene la misión de socavar nuestra idea de patria, de hogar, de sitio en el que habitamos.

Un nuevo orden mundial: entre sanos y enfermos

Siendo Venezuela del signo Cáncer con Aries de ascendente (considerando su partida de nacimiento el 5 de julio de 1811), está signada por el hecho de que quienes vivimos aquí sentimos la tierra con profundo amor de hogar, a diferencia de otros países donde se vive con menor apego.

“La separación del hogar, para nosotros, es mucho más dura y nostálgica porque se trata de la madre tierra protectora. De alguna manera, que el brote infeccioso recrudeciera después de la luna llena, tuvo la intención de alejarnos de la protección que representa nuestro país. Esta tierra es protectora, y este virus lo que quiere es alejarnos”.

Para ella, es una estrategia astral de la desidentificación. “Cuando existen pandemias, sentimos que vivimos en un mismo mundo, pero igual, entramos en el tema de cuáles son las verdaderas intenciones de la globalización, que no son más que alejarnos de nuestro ser cultural, y en ese sentido nos aliena y nos aleja de nuestra ancestralidad”.

Luego de arduas indagaciones y profundas meditaciones, Érika no duda en afirmar que no es osado pensar que, más que una guerra bacteriológica, es el atisbo del nuevo orden mundial. Una nueva lógica de segregación: sanos y enfermos.

Marlon Zambrano/VTactual.com

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