#VTalPasado La Convención de Ocaña: una esperanza para la salvación de la patria

La salvación de la patria fue un llamado constante por parte del libertador Simón Bolívar en aquellos años complejos de 1827 y 1828. La República de Colombia, como proyecto regional, padecía con rudeza los embates de una gran dolencia política y sus bases estructurales, cedían al calor de la discordia, el enfrentamiento y las ansias de poder.

En el marco de este panorama de colapso político, una esperanza posible se asomaba en el camino. La reunión para debatir una reforma constitucional parecía ser el escenario indicado para apaciguar los males de la República y por ello, el Congreso de la llamada Gran Colombia, determinó la convocatoria y establecimiento de lo que historiográficamente se conoce como la Convención de Ocaña.

La Gran Convención, como fue nombrada por sus propios contemporáneos, fue instalada oficialmente el 9 de abril de 1828 y a ella asistirían los diputados elegidos en los diferentes departamentos de Venezuela, Quito y Nueva Granada, y representaban tenazmente dos bandos bien diferenciados: los bolivarianos y los santanderistas. En ellos, recaería la suerte de la patria.

Iglesia de Ocaña, lugar donde sesionó la Convención en 1828. Pintura de Carmelo Fernández

La reforma a la constitución de 1821: un punto de desencuentro

Aprobado en 1821, el texto constitucional que dio base legal a la Gran Colombia como nación soberana, prontamente sería atacado por una tendencia que vería en él, una marcada posición centralista y de abierta sumisión a los designios del Libertador.

A partir de este momento, mientras Bolívar se encontraba en el terreno de la guerra, fue creciendo una acentuada línea de choque que tomó como bandera al federalismo como sistema administrativo y político idóneo. A este movimiento, se le presentó la tendencia de contención que defendía el carácter centralista de la constitución de Cúcuta y de la forma de gobierno dirigida por el Libertador.

Seis años de constante enfrentamiento entre dos grupos abiertamente diferenciados y parcializados, generaron un ambiente de gran malestar político que, sumado a los conflictos bélicos que aún se libraban en la región, las quejas por mayor autonomía por parte de las diferentes provincias y los inicios de movimientos separatistas, proyectarían un escenario bastante desalentador para la República.

Francisco de Paula Santander, sería el líder del bando federalista dentro de la Convención de Ocaña

Este panorama fue aprovechado por Francisco de Paula Santander, quien desde su posición dentro del Ejecutivo, lideraba la corriente federalista de gobierno. Al pasar el tiempo, fue mostrando de forma más abierta su posición contraria al Libertador e influenció de forma directa para afianzar, sobre todo dentro del espacio civil, una posición de rechazo a toda la política centralista establecida en la constitución de 1821 y posteriormente, a lo que representó la constitución de Bolivia de 1826.

Ya para 1827 la situación de enfrentamiento ameritaba una respuesta inmediata. Así fue tomando peso la idea de una reforma constitucional para tratar de limar el conflicto entre centralistas y federalistas. De esta manera, el Congreso de Colombia, estudiando el artículo 190 de la propia constitución de 1821, que expresaba un lapso de 10 años mínimos para cualquier modificación, puso a consideración la posibilidad de abrir un escenario que permitiera autorizar una reforma en un tiempo diferente a lo establecido. Y así sucedió.

Una corta y ardua campaña

Con el apoyo del Libertador y sus partidarios y con un inicial rechazo por parte de Santander, el Congreso aprobó a mediados de 1827 una ley para la elección de los diputados que representarían al pueblo en el establecimiento de la llamada Gran Convención en la región de Ocaña. Tanto los partidarios de Bolívar como los de Santander realizaron una ardua campaña para sumar voluntades a cada bando en conflicto. Los destinos de la patria se encontraban previstos en esta convención, por lo que era necesario tener el mayor número de representantes para asegurar una victoria inicial.

El Libertador vería con aceptación la necesidad de la Gran Convención y dejó entendido la importancia de ella. El 3 de marzo de 1828 señalaría: “…La gran convención ha debido reunirse ayer ¡día de esperanza para la patria! Los legisladores han empezado ya a remediar vuestros quebrantos, cumpliendo con las voluntades públicas que claman por reposo y garantías sociales (…) Yo me atrevo a aseguraros que la gran convención rematará la obra de nuestra Libertad.”

Por su parte, Santander haría lo propio para asegurar la mayor cantidad de diputados a su favor. En carta escrita el 14 de febrero de 1828 expresaría: “…Si la convención no nos saca de este caos y el Libertador no se sujeta ciegamente a lo que ella decrete, será preciso abandonar nuestra patria.”

La posición de Bolívar fue mantenerse ausente en el marco de la sesiones de la Convención y por ello, decidió permanecer en la región de Bucaramanga, donde siguió muy de cerca los acontecimientos. Por su lado Santander, logró ser elegido diputado, siendo su maniobra presionar directamente para favorecer resultados a su corriente federalista.

El Libertador Simón Bolívar se mantuvo en Bucaramanga mientras se reunía la Convención

Finalmente, Santander lograría mayor número de representantes ante los bolivarianos, elemento que le daría una ventaja política en cuanto a la persuasión de las decisiones. En definitiva la Convención fue lo que el propio Libertador pronosticaría en febrero de 1828: “Difícil es conocer y menos adivinar cuál será el resultado de la convención: allí van a reunirse espíritus diversos, sentimientos opuestos y hombres diferentes. Irán muchos amigos del orden, no lo dudo, otros federalistas y, en fin, debemos aguardar a ver las cosas…”

La Convención un final desalentador

La Gran Convención se reunió entre abril y junio de 1828. En este lapso de tiempo, los desacuerdos fueron cada vez más eminentes. Los bolivarianos, que en participación tenían un número menor de diputados, defendían la idea del centralismo como única opción viable para salvar a la patria, mientras que los santanderistas mantuvieron la firme posición del federalismo como medio indiscutible de conseguir mayor autonomía y arremeter contra la autoridad del Libertador. Al no existir punto de encuentro, el bando bolivariano decidió retirarse de la asamblea de forma permanente y el 10 de junio de 1828, se daba por disuelta la convención.

Dos modelos, dos proyectos y dos visiones de futuro dividían los intereses de la patria. Una oportunidad se presentaba para dirimir las diferencias, pero la intriga y el choque de poder, se sobrepusieron por encima del interés colectivo y lo que parecía una esperanza posible, se convertiría en el punto de partida para el resquebrajamiento inminente del proyecto integracionista de la Gran Colombia.

Simón Sánchez/VTactual.con

 

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