La verdad sobre los sistemas electorales de Venezuela y sus críticos

El año electoral 2018 se anuncia agitado en América Latina, con al menos siete países llamados a celebrar comicios presidenciales y ante lo que resulta prioridad analizar qué nivel de confianza tienen los pueblos en sus sistemas electorales.

Las votaciones de este tipo corresponden a Costa Rica, Paraguay, Cuba, Venezuela, Colombia, México y Brasil, en donde se elegirá un nuevo mandatario, con unas elecciones que podrían terminar redibujando radicalmente el mapa político regional. El contexto latinoamericano es complejo y cargado de desafíos.

Lo cierto es que los sistemas electorales de las naciones son diferentes y en VTActual.com le presentamos algunos de ellos y los resultados que han arrojado, pues la percepción sobre variables como la democracia, la transparencia y la confianza varía, según sus características ante los ojos de los pueblos del mundo.

Sistema Electoral de EE.UU. 

En Estados Unidos cada año se celebran elecciones por todo el territorio. En su inmensa mayoría son elecciones de cargos a nivel local y municipal. Pero de todos ellos, los tres tipos de elecciones de mayor impacto son:

Elecciones al Congreso (Cámara de Representantes)

Elecciones al Senado

Elecciones presidenciales

1. Elecciones al Congreso (Cámara de Representantes)

El congreso de los Estados Unidos tiene 435 representantes, que dan voz a los 50 estados en Washington, DC, donde radican los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del país.

Los representantes son elegidos por plazos de dos años. Los candidatos deberán tener al menos 25 años, haber sido ciudadanos de los EE.UU. durante al menos los 7 últimos años y residir en el distrito donde vayan a concurrir. Dado este corto plazo de dos años en el cargo y con posibilidad de reelección, es sabido que los congresistas están constantemente haciendo campaña electoral y fundraising (búsqueda de fondos para financiar su campaña) desde el mismo día en que son elegidos.

Cada estado, en virtud de su población, está dividido en distritos que ocupan una extensión geográfica. Cada distrito tiene derecho a tener un representante electo que, a su vez, representará y «defenderá los intereses» de dicho distrito en la capital. El número de distritos en un estado está intrínsecamente ligado a su población.

California, por ejemplo, es el estado de mayor población de EE.UU., y cuenta con 53 distritos, por lo que tiene derecho a 53 representantes. Por otro lado, todo el territorio de Alaska es considerado un único distrito, por lo que Alaska sólo cuenta con un representante. El tamaño ni la extensión del territorio no influyen de cara al reparto de representantes, solo su población.

El método de sufragio empleado para este tipo de elecciones es el denominado «sistema de escrutinio mayoritario uninominal» (first-past-the-post en inglés). Se trata de un sistema en el que el votante solo puede elegir un único candidato de entre los que se presentan, proclamándose ganador aquel que recibe el mayor número de votos.

Los datos de resultados históricos demuestran que los candidatos que optan a la reelección (llamados incumbents) juegan con una mayor ventaja. Aproximadamente el 90% de los candidatos que se postulan para su reelección obtienen la victoria.

2. Elecciones al Senado

El Senado de los EE.UU. está compuesto por 100 senadores y son elegidos por plazos de 6 años. El Senado se va renovando de tercio en tercio cada dos años.

Independientemente del tamaño del estado o de su población, cada estado tiene derecho a tener dos senadores.

Retomando el ejemplo del punto anterior, aunque California y Alaska tienen una diferencia abismal en cuanto a número de representantes (53 frente a 1), ambos son representados por dos senadores en Washington DC.

El sistema de sufragio empleado es también el de escrutinio mayoritario uninominal. El candidato que obtenga más votos, gana.

3. Elecciones presidenciales

En primer lugar, los dos grandes partidos (Demócrata y Republicano) celebran primarias (en algunos estados, mediante el complejo sistema de caucus) para elegir a su candidato. Estos procesos duran bastantes meses y culminan con la convención nacional de cada partido, que es el lugar de donde salen oficialmente proclamados los candidatos. Posteriormente, se crea el “ticket”, que es el resultado de la designación del candidato a la vicepresidencia por parte del candidato a presidente.

Llegado el día de la votación, los electores no votan directamente a los candidatos, sino que votan a una serie de delegados (electors), que a su vez forman un órgano colegiado llamado Colegio Electoral (Electoral College), y que está formado por 538 delegados. Este número representa el peso específico de cada estado en ambas cámaras, es decir, los 435 representantes más 100 senadores, más 3 votos especiales asignados al territorio de Washington DC.

Una vez elegidos los 538 delegados repartidos entre los 50 estados, ellos, a su vez, son los que votan directamente a un candidato presidencial. El candidato que obtenga más de 270 votos, será proclamado como ganador de las elecciones.

Donald Trump, en el año 2016, se alzó como vencedor de las presidenciales al superar la cifra clave y obtener finalmente 304 votos de miembros del Colegio Electoral frente a los 227 de su rival del Partido Demócrata, Hillary Clinton.

Este proceso electoral -como dictan las leyes norteamericanas- fue una elección indirecta, donde los votantes emitieron sus votos por una lista de delegados para una convención de nominación de un partido político, quienes luego eligieron al nominado presidencial de su partido. Además, se eligieron 34 senadores y la totalidad de la Cámara de Representantes.

Estas elecciones en particular destacaron por un clima elevado de tensión política y por la más baja aceptación popular hacia los candidatos en toda la historia de Estados Unidos.

Casi la mitad de EEUU no vota en las elecciones presidenciales

La participación en las elecciones presidenciales de EEUU sorprende por ser una de las más bajas del mundo desarrollado, algo de lo que los expertos responsabilizan a la obligación de registrarse del votante y la complejidad de este proceso en algunos estados.

En las presidenciales del año 2012, un total de 129,1 millones de votos fueron depositados en las urnas sobre una población con edad de voto de 241 millones de personas, lo que supone una participación del 53,6%.

La cifra choca aún más cuando se compara con los datos de otros países desarrollados como Suecia, Corea del Sur o Bélgica, que registran participaciones por encima del 80%; o Francia, Italia y Alemania, con más del 65%.

Lo cierto es que, pese al enorme y multimillonario despliegue de recursos destinados por los candidatos norteamericanos, la abstención en EEUU se ha mantenido de manera persistente en torno al 50% en las últimas tres décadas.

Es importante destacar que la participación electoral de los norteamericanos, en el año 2016, se hundió casi a su punto más bajo en dos décadas. Los 126 millones que fueron tabulados implica que solo el 55% de los ciudadanos en capacidad de votar lo hicieron.

Ese nivel de participación que eligió a Trump es el más bajo en una elección presidencial desde el año 1996, cuando el 53,5% de los votantes habilitados acudieron a las urnas.

Sistema Electoral de Colombia 

Colombia celebra este año dos comicios fundamentales para definir su rumbo mientras transita por «un proceso de paz» y cuyos avances recaerán en el nuevo Congreso y Gobierno elegidos, por lo que es importante conocer cómo es su sistema electoral.

Esta población en 2018 participa en la elección de 102 senadores y 166 representantes de la Cámara, más cinco cupos en cada instancia legislativa para los candidatos de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC).

Uno de los vacíos más importantes del Código Electoral colombiano es la dispersión normativa, así como la regulación inadecuada sobre el financiamiento privado de las campañas y una normativa desactualizada.

Además tiene insuficientes estímulos para garantizar la paridad de género; existe inequidad entre los distritos electorales; y el efecto diferenciador del voto en blanco cuando se trata de un cargo uninominal o una elección plurinominal.

En consecuencia, la confianza del electorado en partidos políticos colombianos está en un 20 por ciento, uno de sus valores más bajos, según un estudio publicado en 2017 por el Observatorio para la Democracia de la Universidad de Los Andes.

«La falta de representatividad política y territorial que caracteriza al sistema electoral de Colombia, así como el descreimiento en las instituciones políticas explicado, entre otras cosas, en el alto nivel de corrupción y los delitos electorales, generan desconfianza en una porción importante del electorado», explicó el analista colombiano, Jairo Estrada, del equipo de Participación Política del Centro de Pensamiento y Diálogo Político.

La abstención de los votantes en Colombia es una de las más altas registradas en Latinoamérica. En las últimas elecciones presidenciales, el 59,90% no participó mientras que en el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz en 2016, un 62,60% no votó.

El carácter recurrente de ciertos tipos de delitos electorales minan la legitimidad del proceso democrático en la nación neogranadina y conducen a mantener unos altos índices de abstención electoral.

En febrero pasado, la sección quinta del Consejo de Estado dictaminó que en los comicios legislativos colombianos para el período 2014-2018 hubo irregularidades en el escrutinio del 50 por ciento de las mesas de votación.

La denuncias registradas contra el sistema, en su mayoría, abarcan fraude en la inscripción de cédulas y en la elección ilícita de candidatos; compra de votos, financiamiento de campañas por fuentes prohibidas e intervención de funcionarios públicos en la política.

El sistema electoral y de partidos en Colombia ha sufrido una serie de modificaciones periódicas sin que ninguna de ellas sea una reforma estructural, llevando a un solapamiento de reglas y de modelos y produciendo que su población vea con distancia los procesos electorales.

Sistema Electoral de España

Al igual que los EE.UU. y muchos países de su entorno, España tiene un sistema parlamentario bicameral, pero corresponde al Congreso de los Diputados la elección del Presidente del Gobierno.

El Congreso, o la cámara baja, está compuesta en la actualidad por 350 diputados, pero podría albergar hasta un máximo de 400 y un mínimo de 300.

Los diputados son elegidos mediante sufragio universal utilizando el sistema de asignación de escaños d´Hont, en listas cerradas y bloqueadas a lo largo de las 52 circunscripciones en las que está dividido su territorio nacional. El mandato de los diputados es de 4 años, renovables indefinidamente.

De manera simplificada, los dos conceptos claves para entender el sistema electoral español son las circunscripciones y el sistema d´Hont.

La circunscripción es la unidad territorial que sirve de base para la distribución de los escaños en unas elecciones. El número y tamaño de las circunscripciones puede variar dependiendo del tipo de elección. En las elecciones legislativas la circunscripción coincide con la provincia. En cambio, en las elecciones al parlamento europeo, España entera cuenta como una sola circunscripción.

Dentro de cada circunscripción, se aplica el sistema d´Hont para la asignación de los distintos escaños a cada partido. La ley d´Hont es un sistema que, mediante una ecuación matemática, transforma votos en escaños.

Una de las principales críticas al actual sistema electoral en España radica en la distorsión que genera tener “52 minis sistemas electorales” simultáneos. Esto hace que en ciertas provincias, puesto que el número de habitantes es diferente, el “precio” de cada diputado (en votos) para ser elegido puede variar desde unos 20.000 votos hasta más de 100.000.

Comparación de Sistemas Electorales

En la comparativa entre los sistemas electorales de EE.UU., Colombia y España, lo que es evidente es que ninguno de estos es auténticamente democrático. En el caso de EE.UU. la población depende de los delegados y del Colegio Electoral; en el caso de España, el pueblo depende de sus 52 circunscripciones con asignación mediante el sistema d´Hont. Los pueblos no eligen directamente a sus mandatarios y/o representantes y las irregularidades que se presentan durante los procesos generan desconfianza.

Sistema Electoral de Venezuela

La Constitución Bolivariana de Venezuela es clara sobre el sufragio. Es un derecho político que se ejerce mediante el voto libre, universal, directo y secreto. Por lo tanto, no puede ser vulnerado por ninguna circunstancia ni persona. De lo contrario es considerado como un delito contra las libertades políticas y es sancionado.

En Venezuela, a diferencia de otros países, el órgano electoral no está subordinado a uno de los tres poderes del Estado, sino que es un poder en sí mismo: el Poder Electoral. El órgano de ejercicio de ese poder es el Consejo Nacional Electoral (CNE), encargado de llevar adelante el procedimiento electoral. De acuerdo a la Constitución del país, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) acompaña todos los procesos mediante el Plan República, garantizando la seguridad en los centros de votación e insumos claves -por ejemplo la electricidad- que puede ser objeto de ataque por parte de agentes desestabilizadores.

El sistema de votación en la nación bolivariana es totalmente automatizado y puede ser auditado en todas sus fases. En el año 2004, Venezuela se convirtió en el primer país del mundo en realizar una elección nacional con máquinas que imprimen el comprobante del voto. En el año 2012, Venezuela volvió a marcar la pauta, cuando realizó la primera elección nacional con autenticación biométrica del elector y la posterior activación de la máquina de votación.

Así se vota en Venezuela en las elecciones presidenciales:

La fortaleza más importante que tiene el sistema venezolano es que, además de utilizarse el voto electrónico, cuenta con mecanismos de respaldo y auditoría en papel, para prevenir eventuales alteraciones informáticas.

El método de votación venezolano se fortaleció con la entrada del Sistema de Autenticación Integral (SAI), última fase de la automatización, que permite al elector activar la máquina con su impresión dactilar, lo cual representa una garantía más para la integridad del voto.

Una vez que la huella dactilar del elector es autenticada, la máquina se activa para que el elector marque su voto directamente en la pantalla de la máquina o en la boleta electrónica. La opción seleccionada aparece en la pantalla y el elector tiene la posibilidad de confirmar su voto presionando la opción VOTAR.

¿Cómo funciona el sufragio en detalle?

La votante o el votante concurre al centro de votación a emitir su voto. Una vez que la persona se encuentra frente al teclado, aparecen ante su vista las diferentes opciones electorales y la persona selecciona una casilla. Entonces, la pantalla de la máquina le pregunta si es esa opción la que quiere votar. La persona marca la opción “votar” y una vez realizado ese procedimiento, la máquina le entrega un comprobante impreso con el voto emitido.

La persona chequea que el papel tenga su elección y lo coloca en una “caja de resguardo”. Esta caja de resguardo se auditará luego de concluidas las elecciones para comprobar que el porcentaje de votos de cada candidato (que informa la máquina electrónica) coincida con los porcentajes de voto de cada candidato que informa el escrutinio manual tradicional. Este proceso de auditoría se realiza en el 30% de las mesas, elegidas al azar, lo cual constituye una proporción altísima como muestra.

Pero este no es el único mecanismo de control al que acceden las autoridades del CNE y los representantes de los partidos políticos. Las auditorías existentes contemplan varios aspectos, alcanzando en total 18 tipos diferentes de controles.

En la instalación de las máquinas, 48 horas antes de la apertura de mesas de votación, se realiza el chequeo de máquinas y emisión de boletas que registre cero votos emitidos, con la presencia de las autoridades que presten el Servicio Electoral Obligatorio.

Al cierre de las mesas, se realiza el conteo de la máquina -y en su caso, el cotejo con los resultados del sistema tradicional-, todo con la presencia de testigos de las diferentes fuerzas electorales, que también están presentes cuando estos datos son enviados de forma electrónica al CNE.

El Sistema Automatizado de Votación, como solución electoral, cuenta con siete instancias de verificación de votos:

*El voto físico, el cual es impreso en papel especial, con marcas de agua y tinta de seguridad, e identificado a través de un código no secuencial, que resguarda el secreto del voto.

*La memoria fija (interna) de cada máquina.

*La memoria removible (externa) de cada máquina.

*El acta de escrutinio de la mesa de votación.

*El voto electrónico transmitido a los centros de totalización.

*El acta electrónica transmitida a los centros de totalización.

*El acta de totalización.

Sus principales fortalezas son:

*El manejo del voto es hecho únicamente por el elector.

*El adiestramiento al elector es mínimo, ya que la boleta electrónica que se utiliza es la convencional.

*Al terminar el proceso de votación, la totalización es inmediata, lo cual garantiza rapidez en los resultados oficiales.

*Resultados oficiales exactos y rápidos.

*El sistema de respaldo es automático.

*Posibilidad de auditar la data en cualquier momento.

*Mecanismo de cifrado y compresión para proteger los datos electorales.

*Seguridad en la red de transmisión.

*Respaldo en cuanto a energía eléctrica.

La participación venezolana fue baja durante la década de los 90 pero aumentó considerablemente en los últimos 15 años. El porcentaje de asistencia a las urnas ha sido el siguiente: 65,71% en las parlamentarias del año 2010; 80,2% en las presidenciales del año 2012; 53,12% en las regionales de 2012; 79,66% en las presidenciales de 2013; 58,92% en las municipales de 2013; 73,78% en las legislativas, por mencionar solo algunas.

Latinoamérica y la abstención

Como ejemplos de la disparidad de los niveles se pueden mencionar dos casos específicos: Colombia y Venezuela.

En las elecciones presidenciales colombianas donde resultó reelecto Juan Manuel Santos, concurrió a votar solo el 47,89% de las personas habilitadas. En la primera ronda había concurrido menos aún: el 40,07%, mientras que en los balotajes de las elecciones presidenciales de 2006 y 2010 hubo una participación de 45% y 44%, respectivamente. En comicios para elegir a los gobernadores, alcaldes y representantes de la Asamblea en 2015 los porcentajes de participación aumentaron a 60,31%; 59,32% y 58,92% respectivamente.

En Venezuela ocurre todo lo contrario: las presidenciales cuentan con la mayor participación registrada. Todos los comicios presidenciales realizados se ubicaron entre los primeros cuatro de mayor asistencia en la regiónEn general, el nivel de votación es más alto en elecciones para elegir al Jefe de Estado que en regionales, municipales o legislativas.

En las presidenciales de 2013, entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles Radonski, observamos una cifra de 79,66% de asistencia; mientras que en las municipales de ese mismo año se registró un 58,92% de participación.

Esto datos pueden aportar insumos para un análisis sobre los niveles de confiabilidad que tienen los pueblos en sus «sistemas electorales».

El Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela confirmó que cinco candidatos se medirán en las próximas elecciones presidenciales pautadas para el 20 de mayo, en las que también se escogerán los miembros del Consejo Legislativo estadales y Concejos Municipales.

Luego del cierre del proceso de postulaciones se detalló que los candidatos son: Reinaldo Quijada por Unidad Política Popular (UPP89), Henry Falcón por Avanzada Progresista (AP), Movimiento al Socialismo (MAS) y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei) y el presidente Nicolás Maduro por las fuerzas chavistas. Los otros dos candidatos son Javier Bertucci, por el grupo de votantes Esperanza por el Cambio, y Alejandro Ratti como candidato independiente.

SC

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