Cleptocracia y militarismo son las bases del gobierno norteamericano

Es la afirmación a la cual llega Max Keiser en sus acostumbrados análisis junto a Stacy en el programa Keiser Report, transmitido por el canal internacional RT (Russia Today) en referencia a la forma cómo en los últimos 50 años los Estados Unidos han hecho la mayoría de sus inversiones de infraestructura así como en el gasto público y privado en términos de su Producto Interno Bruto (PIB) basados en dos modelos económicos que se sustentan en el parasitismo bancario (cleptocracia) y la carrera armamentística (militarismo).

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La banca privada tiene una gran influencia sobre las inversiones sociales norteamericanas.

Para contextualizar su explicación, Keiser habla de la manera como desde los años ’50 (luego de la II Guerra Mundial) EE.UU. ha dedicado la mayor parte de sus recursos en financiar la infraestructura del país solo luego de las consecuencias que dejan los desastres naturales (tormentas, huracanes, inundaciones, etc.), así como por los efectos del terrorismo, bombardeos y otros tipos de ataques militares (capitalismo del desastre).

De no ser por este tipo catástrofes, el gobierno no realizaría inversión social y pública ni siquiera para prever las posibles repercusiones que pudieran surgir; he ahí el contraste. Dejando de manifiesto cómo dentro de este sistema político-económico siempre priva el apoyo y el rescate al sector privado (la banca por ejemplo) que se beneficia principalmente del financiamiento del Estado por encima del pueblo.

Esto sucedió con la más reciente crisis económica global que se extendió desde EE.UU. en 2008 y que vio como bajo la administración del presidente Barak Obama se salvó a los acreedores de la deuda (sector bancario) en detrimento de los deudores (la población en general), que fue el sector de la sociedad más afectado y que terminó pagando lo que le correspondía a los inversores privados.

Otro de los argumentos para llegar a esa conclusión en su análisis tiene que ver con la poca visión a largo plazo de las inversiones en el sector público por parte del gobierno norteamericano, que básicamente no cree en destinar recursos para luego recuperarlos, cosa que contrasta totalmente, por ejemplo, con economías como la china o rusa que sí lo aplican en casos como en la recuperación de la «Ruta de la Seda», entre otros.

Un aliciente más y quizás el más importante, dentro de toda esta componenda entre un Estado con la banca parasitaria y los fondos buitres enquistados, es el elemento militar coercitivo que, en su búsqueda de hegemonizar lo que por años ha sido una doctrina de saquear y extraer las riquezas de diversas índoles (económicas, naturales, etc.) en naciones alrededor del mundo, se lleva la mayor cantidad de recursos financieros del PIB, dejando completamente de lado a la inversión social que  refleja una caída en infraestructura de 3 % en la década del ’60 a 0,5 % en 2010.

 

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